domingo, 22 de junio de 2014

- Mis héroes favoritos X: Uhlig, Alexander. El paracaidista de Hierro.



Hola amigos,

     Hoy hoys traigo la biografía de uno de los oficiales paracaidistas de la Luftwaffe, veterano de las campañas de Polonia, Noruega, Creta y de la Defensa de Alemania durante la 2ª Guerra Mundial. Una biografía trepidante y muy interesante que espero os guste. Es la versión integra que publiqué en el libro CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO EN GUERRA.

     Espero que la disfrutéis, dado que será la última biografía integra que podréis disfrutar en el blog. Recordad que para eso... ¡están mis libros! ;).

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Uhlig, Alexander, nació cerca de Leipzig, ciudad situada al suroeste de Sajonia, el día 9 de febrero de 1919. Completó sus estudios hasta conseguir el Certificado de Estudios (Abitur) a principios de 1937. Después de un período de servicio con el Reichsarbeitdienst, que era el servicio militar obligatorio que duraba dos años, pudo continuar con los estudios. En el otoño de 1937, entró a formar parte de la primera unidad de los Fallschirmjager, que era el precursor del 1º Regimiento de Fallschirmjager256, que fue formado en 1938. Con esta unidad, Uhlig entró en acción durante las operaciones de Sudetenland257  y la ocupación de Checoslovaquia. Durante estas campañas las tropas aerotransportadas fueron utilizadas sobre todo para ocupar puentes y aeródromos, lo que llevó a levantar quejas entre los oficiales que fueron remitidas al Estado Mayor porque sus tropas no se emplearon en aquello para lo que habían sido entrenadas. Hitler les tranquilizó asegurando que pronto volverían a entrar en combate.

Uhlig permaneció con el 1º Regimiento de Fallschirmjager durante la fulgurante campaña polaca, que duró desde el 1 de septiembre de 1939 hasta el 17 del mismo mes, para a continuación pasar al siguiente frente de batalla: Noruega. Allí su unidad fue lanzada el 14 de abril de 1940 sobre Dombas, en Noruega central, para tomar el control de las vías del tren y la carretera principal, dentro de un plan general encaminado a impedir el movimiento de tropas aliadas. Se sucedieron fuertes combates y parte de la unidad fue abatida y el propio Uhlig, con otros supervivientes, fue tomado prisionero por tropas noruegas. Estuvo en una prisión alrededor de tres semanas, aunque Noruega se rindió el 17 de abril, pero no logró ser libre hasta que tropas alemanas le encontraron.

El 14 de mayo de 1940, Uhlig y su pelotón fueron lanzados en puntos estratégicos de la costa durante la primera batalla de Narvik, que aunque fue prácticamente una lucha naval, tuvo cierta importancia el controlar carreteras y puntos de entradas a puertos. Por llevar a cabo con éxito estas operaciones, premiaron a Uhlig con la Cruz de Hierro de Segunda Clase y el Escudo de Narvik.

Después de finalizar la acertada campaña noruega, Uhlig fue transferido como auxiliar de vuelo (el encargado de dirigir el vuelo y los ataques) a la unidad aérea. Entre 1941 y 1943 participó en 170 operaciones, incluyendo saltos en paracaídas durante la invasión alemana a la isla de Creta, lo que le valió ganar la banda honorífica de la campaña de Creta , la batalla donde se emplearon el mayor número de tropas aerotransportadas. Más adelante, también por diferentes acciones de guerra, obtuvo la Cruz de Hierro de Primera Clase y el Broche de Vuelo en oro.

En junio de 1944, tras el desembarco aliado del Día D, el curso de la guerra ya estaba prácticamente en contra de Alemania, pero todavía existían esperanzas reales de detener el avance aliado y ganar algo de tiempo. Las semanas siguientes fueron testigos de feroces batallas a lo largo de Normandía, pues los alemanes defendieron valerosamente cada palmo de terreno, buscando producir el mayor número de bajas entre el enemigo; era su intención que el terror y el desanimo cundieran entre las tropas aliadas. Uhlig y su escuadrón de paracaidistas efectuaron un brillante contraataque que supuso toda una hazaña.

St. Germain sur Seves estaba ocupado por tropas alemanas y los Aliados deseaban tomar la zona para romper las defensas germanas. Para conseguirlo, enviaron numerosos contingentes de tierra después de efectuar intensos bombardeos encaminados a ablandar las defensas alemanas. El asalto comenzó alrededor de las 6:30 horas del 22 de julio.

Los batallones 1º y 2º del 358º Regimiento avanzaron hacia St. Germain sur Seves desde el norte, a lo largo de una carretera que cruzaba el río Seves. La angosta carretera conectaba los terrenos circundantes occidentales de la isla por un puente, pero los alemanes habían destruido el tramo antes de la batalla. Según el plan, los dos batallones crearían una cabeza de puente a fin de que los ingenieros pudieran entrar y construir un puente temporal que permitiría a los tanques cruzar el pantanal hacia el pueblo.

Inicialmente el ataque tuvo éxito. El apoyo de la artillería fue tan sólido que compensó la escasa visibilidad que había imposibilitado un ataque aéreo en la isla. El Primer Batallón del 358 abrió brecha en las posiciones lejanas del 3 Batallón del 6º de paracaidistas, penetrando más de un kilómetro dentro de las líneas alemanas. A pesar del apoyo de la artillería, las bajas americanas fueron muchas. Dos oficiales y siete hombres fueron muertos, y 10 oficiales y 180 hombres estaban heridos. A las 12:00 del día 22, el Mayor von Der Heydte dio órdenes para conducir a las tropas americanas fuera de la isla y arrojarlas hacia el río. Puesto que el comandante alemán aparentemente creyó que los americanos que habían venido, constituyó una pequeña fuerza de reconocimiento y envió sólo a la Compañía 16, liderada por el sargento Alexander Uhlig, para preparar un contraataque. Von Der Heydte ordenó a Uhlig empujar hacia atrás a los americanos y restablecer la vieja línea principal de resistencia a lo largo del río, añadiendo a su misión, si fuera posible, capturar un par de prisioneros para interrogarlos.

La compañía de Uhlig sufrió fuertes bajas durante los combates, sobre todo porque no esperaban encontrarse con tantas tropas americanas. Para colmo, el cielo era surcado por la aviación aliada sin encontrar resistencia, por lo que el avance de los alemanes fue realizado con precaución y buscando siempre cobertura en su avance, ya que siendo tan escasos en número, su mejor opción era defender un posición a la vez que atacaban las posiciones americanas. Afortunadamente para ellos, el cielo se encapotó de nubes y los cazas enemigos no pudieron realizar sus ataques con precisión. Uhlig avanzó entonces hacia las posiciones enemigas y causó bastantes bajas entre los americanos, además de que los hizo retroceder un poco y les obligó a preguntarse si los alemanes poseían tropas de reserva en gran número. Con todo, y a pesar de que los alemanes habían conseguido su objetivo de aguantar y presionar al enemigo, seguían sin capturar los prisioneros necesarios.

Al día siguiente Uhlig recibió el refuerzo de tres tanques y dispuso que se volviera a atacar las posiciones americanas. El avance de las tropas paracaidistas, junto con el fuego artillero de los tanques, hizo que los americanos volvieran a preguntarse si lo que les atacaba era algún ejército alemán en reserva del que no tuvieran noticia. Los aliados respondieron al fuego alemán y pronto los hombres de Uhlig se vieron envueltos en el caos y la muerte. Con todo, no cejaron en su empeño y aguantaron la posición, es más, incluso volvieron a avanzar. De los tres tanques alemanes, dos fueron destruidos, y parecía que el pequeño grupo de Uhlig sería aniquilado, pero este, a pesar de que no poseía mucha experiencia en combates de este tipo, ordenó emplear el fuego de las ametralladoras pesadas para barrer las posiciones americanas, junto con fuego de cobertura de los paracaidistas. Los americanos, presas del pánico, comenzaron a huir, pero muchos de ellos fueron abatidos por el fuego de cobertura alemán. Las bajas entre los aliados eran cuantiosas y los soldados no sabían ni que hacer.

Uhlig estaba asombrado de su propio éxito. Se imaginó que sus adversarios no tenían ni idea de que pequeña era su fuerza. Pero probablemente menospreció el impacto que sus paracaidistas —asistidos por apoyo blindado, ametralladoras estratégicamente situadas y el mal dirigido fuego artillero americano— habían tenido en los diezmados y desanimados soldados de infantería americanos. El sargento alemán había sido capaz de optimizar el impacto de su pequeña fuerza porque entendió cómo combinar sus limitados recursos para obtener ventaja.

Pero la historia de la isla de Seves no acaba cuando los americanos empezaron a levantar sus manos. Quizás el aspecto menos usual de la misma tuvo lugar después de la rendición americana aquel día. Uhlig dividió a os soldados en grupos de veinte a veinticinco prisioneros y asignó a un paracaidista para escoltar a cada grupo hacia el puesto de mando del regimiento alemán en St. Germain sur Seves, dónde von Der Heydte estaba esperando un informe. Cuando el sargento vio que rápidamente se estaba quedando sin hombres para dar escolta se dio cuenta de que había capturado a más de 230 americanos, incluyendo la escuadra de mando y once oficiales. Los americanos, por su parte, estaban tan derrotados moral y físicamente, que ni se les pasó por la cabeza intentar huir a pesar de su superioridad numérica. Una vez que los cautivos habían sido enviados a la retaguardia ocupó de nuevo la línea principal de resistencia con sus servidores de ametralladoras y hombres de otras unidades cercanas y luego regresó al pueblo con sus paracaidistas restantes, dando parte a von Der Heydte de que había completado la misión.

El comandante alemán, quien había establecido su puesto de mando en el desván de una gran granja, elogió al sargento y le mostró a los once oficiales americanos que él había capturado. Lo que sucedió después podría ser interpretado como una muestra de cómo creyó el aristocrático von Der Heydte que los enemigos vencidos deberían ser tratados. Todo el mundo presente en el puesto de mando —incluyendo a los oficiales cautivos— tomaron el té juntos. Fue un momento de galantería en medio de semanas de luchas encarnizadas y sangrientas. El caballeroso gesto del comandante alemán hacia los americanos era un eco de otros tiempos más marciales y épicos que desaparecieron con el imperio prusiano.

El contraataque del sargento Alexander Uhlig fue unas de las últimas acciones exitosas de los alemanes en Normandía. El 24 de octubre de 1944, Uhlig fue galardonado con la Cruz de Caballero por su osada misión en St. Germain sur Seves.

Más adelante, Uhlig fue tomado como prisionero de guerra y conducido de manera eventual a Inglaterra, en el campo 23 en Sudbury, Burton-on-Trent, tras pasar por campos franceses y americanos. Las autoridades inglesas consideraban a Uhlig un prisionero conflictivo en potencia, dado que se decía de él que era extremadamente hábil, letal e inteligente y que intentaría escapar en cuanto se le presentara la oportunidad. Le mantuvieron siempre bajo constante vigilancia llegando en ocasiones a encerrarle aparte del resto de prisioneros para que no pudiera llegar a ningún tipo de plan. No obstante, a pesar de las precauciones inglesas, Uhlig logró el 22 de abril de 1947 que un compañero se hiciera pasar por él a la hora de pasar lista y se evadió de manera espectacular del campo (lo que demuestra que la “vigilancia” inglesa no era tan exhaustiva como ellos pensaban). Por desgracia, ninguna de las fuentes consultadas nos indica como consiguió evadirse del campo de prisioneros. Pasados tres días los ingleses se dieron cuenta de la fuga, pero ya era demasiado tarde. Uhlig había logrado embarcar en un carguero y poner rumbo a Alemania, llegando a la zona controlada por los Aliados. Cuando los ingleses quisieron dar la orden de busca y captura, el paracaidista alemán era ya un vecino de Leipzig.

Los archivos aliados dicen que Uhlig fue capturado el 31 de julio del mismo año, pero era una burda mentira que se vino abajo con el paso de los años. Lo cierto es que Uhlig jamás fue vuelto a capturar, dado que siempre fue un paso por delante de sus perseguidores, convirtiéndose de esta manera en el primer prisionero alemán de la Segunda Guerra Mundial en escapar con éxito de un campo inglés de prisioneros.

Puesto que la guerra terminó, la orden de búsqueda y captura de Uhlig no fue cumplida de manera rigurosa, dado que el sargento alemán no había cometido crímenes de guerra ni era responsable de ninguna atrocidad cometida por el régimen nazi. Ayudó también que Uhlig se había comportado como un caballero durante la contienda. Por ejemplo, evitó en varias ocasiones que sus superiores fusilaran a prisioneros americanos, soldados rasos, y siempre que podía suspendía el fuego para dejar que los americanos retiraran a sus soldados heridos del campo de batalla. No es de extrañar, entonces, que las autoridades americanas de Alemania Occidental hicieran la “vista gorda” ante la captura del sargento.

Alexander Uhlig retomó de nuevos los estudios que dejara al estallar la guerra, ingresando en la escuela técnica de secundaria en Darmstad. A pesar de que su situación económica no era muy buena, logró terminar los estudios y obtuvo el titulo de ingeniero. A partir de entonces trabajó para varias empresas alemanas bien conocidas hasta su retiro a la edad de sesenta y cinco años. Durante toda su vida civil, Uhlig participó en diferentes actividades y eventos de veteranos de la Segunda Guerra Mundial, incluyendo actos con la 90ª  División de Infantería americana. Era bien conocido y respetado entre los veteranos americanos, que le concedieron incluso un par de homenajes por su valentía y caballerosidad durante la guerra. Vivió sus últimos años en Essen, siendo miembro honorario de la asociación de veteranos de la campaña de Creta neozelandeses. El 1 de noviembre de 2008, falleció Alexander Uhlig. Como despedida a este Caballero de la Cruz de Hierro, dejamos un extracto de una entrevista que concedió a la prestigiosa revista de The Guardian:

«Nuestro comandante de compañía nos ordenó atacar a los americanos por detrás del río y, si se podía, capturar al menos a un par de prisioneros para interrogarles. Nuestro pequeño grupo montó un ataque de sorpresa, cogiendo a los americanos por sorpresa, a los que sometimos a un intenso fuego que les desconcertó bastante. Eso nos llevo a capturar a unos 250 americanos a los que llevamos a nuestro cuartel. Además matamos y herimos a muchos enemigos, pero ellos también nos causaron mucho daño, ya que perdí casi a la mitad de la unidad, bravos camaradas y soldados, buenos hombres. Algunos eran buenos amigos míos.»

sábado, 21 de junio de 2014

Héroes Olvidados XXII: Tanquistas de la 2ª Guerra Mundial y el Día D

Saludos amigos,

     Hoy me he levantado de nuevo con cierto tono filosófico, y es por eso que quiero compartir con vosotros otro momento muy especial que me ocurrió en Normandía, en el 70º Aniversario del Día D, y muy en especial con la visita a varios Cementerios Británicos disperos por esta bella región de Francía.

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     Seguramente muchos de vosotros jugáis a diferentes juegos de ordenador relacionados con tanques, o sencillamente os gustan los simuladores de carros blindados, especialmente de la 2ª Guerra Mundial. De hecho, yo también soy jugador de alguno de estos juegos (incluso trabajo a tiempo completo en uno de ellos)... pero, ¿alguna vez os habéis parado a pensar la cantidad de soldados que murieron dentro de aquellos blindados durante aquel cruel conflicto, y muy especialmente durante el Día D?

     Los alemanes dieron tremendos golpes a las fuerzas blindadas aliadas durante la Batalla de Normandía, porque como bien sabréis, la Batalla en Normandía no se terminó con el Día D, sino que no hizo más que empezar.
 
     Estos pensamientos rondaban por mi mente cuando decidí detener mi viaje a lo largo de Normandía en uno de los muchos cementerios británicos de la región. Y este, como digo, fue uno de ellos:

- Cementerio Británico de la ciudad de Ryes -

- Foto del centro del cementerio con flores por el 70º Aniversario del Día D -

     Pues bien. Ante mí, y como siempre, se disponían las tumbas de los soldados y oficiales británicos caidos durante la Batalla de Normandía. Todos en fila, todos firmes, con sus lustrosas e inmaculadas lápidas blancas, con el símbolo de su unidad, su nombre...  y sus edades.

     ¿Qué puedes decir ante aquello? Pues no puedes sentir más que un tremendo GRACIAS por su sacrificio en aras de la liberación de Europa, pagando con ello sus vidas. Seguramente muchos cayeron a causa del fuego de cañones del 88, disparos desde un Tiger, disparos de algún francotirador... quien sabe... al ver lás lápidas... y especialmente las edades de estos tanquistas, uno debería reflexionar sobre ello.

- 29 años... -


-26 años... -


- 22 años... -


- 21 años...-



- 20 años...


    Todos con un nombre, un rango, pero todos soldados tanquistas, que combatieron y murieron en una patria que no era la suya. Ninguna flor, ningún recuerdo. Solamente las lápidas, testigas mudas de su sacrificio. Nadie se acordó de ellos un 70º Aniversario del Desembarco del Día D.

     Pero algunos si que fueron más afortunados:

- E. J. Jones... 19 años -

     Sus familiares, dejaron una emotiva nota al pie de su tumba, así como las flores que podéis ver... la nota hizo quede nuevo mis ojos se me humedecieran y mi ánimo cayera muchos enteros. El silencio, solamente el silencio era lo que me rodeaba... el mismo que ellos llevan escuchando 70 años... ¿Qué joven de 19 años estaría dispuesto a embarcarse en una guerra de liberación en un país extranjero dispuesto a dar la vida por la libertad? Seguramente muy pocos... es por algo que la Generación de E. J. Jones es llamada por los americanos "La Gran Generación", y la verdad es que razón no les falta.

- La nota de los familiares de E. J. Jones- 

     Pero eso no es todo. Algunos no recibieron flores, otros si las recibieron como el caso de E. J. Jones... otros no tuvieron la misma suerte y su cuerpo, seguramente carbonizado a causa del incendio de su vehículo blindado, era completamente irreconocible, y por eso hasta su nombre se ha perdido para siempre en las brumas de la Historia.

- Tumba de tanquista desconocido -


     Creo que no hay nada más que decir. Espero al menos que esta entrada en mi blog os haya hecho reflexionar... sobre que, es algo que lo dejo en tus manos. Todos los que dieron su vida en el Imperio Británico deberían ser considerados héroes y jamás su sacrificio debería ser olvidado: JAMÁS.


Entrada en blog en Memoria de:

W. Faulds
W. Wright
P. Meadows
K. L. Benson
H. D. A. Jordan
E. J. Jones
Todos los soldados tanquistas no identificados.



viernes, 20 de junio de 2014

Criticas: Héroes de guerra, congresistas y política en el Día D.

Estimados amigos,

     Volvemos de nuevo al 70º Aniversario del Desembarco del Día D en Normandía, ¡porque aún tengo mil y una cosas que compartir con vosotros! Hoy hablaré de un punto bastante negativo, y que la verdad, me resultó bastante desagradable, hasta el punto del enfado extremo.

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     Regresando al punto que nos ocupa, acudí a la Playa Utah el 7 de Junio, es decir Día D +1, por diversas celebraciones que tendrían lugar en dicha playa y en el museo cercano dedicado al Desembarco en dicho lugar relacionado con la serie Band of Brothers, de la cual hablo extendidamente en mi última participación en el Podcast "Guerras y Batallas", dicho sea de paso:

- CAPÍTULO 6 DE GUERRAS Y BATALLAS DEDICADO A SERIES BÉLICAS (PINCHA AQUÍ)

    Tras la firma de los actores de tan famosa serie (Gorra, dos colecciones de DVD y un poster), comenzamos a pasear por las inmediaciones de la playa y comenzamos a recoger arena, como venía siendo la tradición, además de realizar algunas fotos del lugar.


- El autor de este blog en el primer monumento construido después del desembarco -


     De pronto, y como no podía ser de otra forma, el que escribe, se percató de un tumulto de gente que parecía acompañar a un grupo de veteranos, por lo que raudo y veloz me acerqué al lugar en el que varias personas parecían aglomerarse... y muy pronto entendí el motivo: veteranos de guerra que estuvieron presente en el Día D.

- Curiosos, veteranos, familiares y algún periodista -

     En esta reunión tan improvisada, una persona con una banda de Francia se adelantó y comenzó a dar un discurso al pie de playa a los 3 veteranos allí presentes: un oficial encargdo de una de las lanchas de desembarco, un oficial que se encontraba en uno de los buques escolta y un soldado de infantería (este último condecorado con la Legión de Honor que colgaba orgullamente de su pecho). 

     El discurso fue breve pero intenso. Era un discurso del alcalde de Sainte-Marie-du-Mont para agradecer a los veteranos allí presentes la Liberación de su ciudad y de Francia, liberación que dio comienzo el día 6 de Junio de 1944.

     Por supuesto, nada más terminar el breve discurso, tuve tiempo para charlar con él brevemente (en francés): 

         - ¿Una foto? Por supuesto. ¿De dónde es usted? Español, ¡qué sorpresa! Pocos españoles por aquí. Sí, para honrar a los héroes de guerra. Sin ellos ahora yo no estaría aquí y la Historia de Europa sería bien diferente. Todos fueron héroes.

     
- El autor de este blog con el alcalde de Sainte-Marie-du-Mont-


     Tras esto comenzó un juego: el juego del ratón y el gato en el que tenía que esquivar a los curiosos, en busca de los veteranos y sus familiares para realizarme con ellos algunas fotos, conseguir sus direcciones, nombres y realizar pequeñas entrevista a pie de playa. Y a fe que lo conseguí:

- Uno de los veteranos allí presentes -

     Mientras esto se desarrollaba a mi alrededor, el grupo de unas 20 personas comenzó a moverse a un sector de la playa en los que habían instalado una especie de miradores de hormigón en cuyo interior se podían ver varias manos pintadas con pintura de vivos colores. Mi cámara recogió este extraordinario momento, momento en la que el veterano posa su mano sobre uno de estos bloques, debajo de su propia mano pintada, mientras que su nieta le miraba con orgullo y susurraba:

     - Mis compañeros también tendrían que haber visto este día.

- El veterano, momento en el que posa su mano sobre el hormigón -

- ¡Es tu mano abuelo! - y el veterano sonrió enchido de felicidad a su nieta.


     Y en este momento es cuando comenzó a torcerse. De pronto, a mano derecha aparecen varios jovenes de aspecto impoluto, acompañado de bellas señoritas con sendas carpetas, que comienza a atosigar a los veteranos, pidiéndoles sus datos personales para "cierta campaña electoral". En ese momento, mis ojos se clavan en las identificaciones de los caballeros allí presentes: "Senadores de los Estados Unidos de Norteamérica".

     Y también algún congresista...

- El alcalde trata de charlas amistosamente con los veteranos -


- A la derecha puede verse como los congresistas y sus equipos comienzan a cercar a los veteranos -

     Y las secretarias se ponen frenéticamente a solicitar los nombres, direcciones y residencias de los veteranos para llamarles a actos de sus correspondientes congresistas. Y yo me pregunto, ¿de verdad no tenían otro momento para incordiar a los veteranos? Un pobre veterano, el veterano de la Legión de Honor, cansado de la insistencia de la secretaría sacó con mano temblorosa su pasaporte, mientras que la secretaría, con ojos ávidos le quitaba el pasaporte de las manos y decía:

     - ¡Estupendo! ¡Así será mucho más fácil!

     Y el espectáculo dantesco continuó durante varios minutos más, mientras que los congresistas y el senador sonreían satisfechos. Francamente, este hecho deslució el día, y el enfado y mal sabor de boca se me fue al ver la foto del veterano con su nieta. Finalmente había vencido a la guerra de la mejor forma posible, dado que 70 años después podía compartir sus experiencias con su nieta.

José A. Márquez Periano







     

jueves, 19 de junio de 2014

Mis héroes favoritos IX: Sayn-Wittgenstein, Heinrich de. El príncipe que defendió Alemania.


Estimados amigos,

     Vuelvo en esta ocasión a hablar de otro de mis héroes favoritos, nada más y nada menos que un ganador de la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro con Hojas de Roble y Espadas, un extraordinario piloto de la Luftwaffe de la 2ª Guerra Mundial. Un auténtico sangre azul descendiente del linaje de Graf Heinrich III, y de Ludwing Adolf Peter Graf von Sayn-Wittgensteion.

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Sayn-Wittgenstein, Heinrich de, nació en la ciudad de Copenhague en el año de 1916. Su nombre completo era el de príncipe Heinrich Alexander Ludwing Peter zu Sayn-Wittgenstein, siendo hijo del príncipe Gustav Alexander zu Sayn-Wittgenstein, y Walburga, la baronesa de Friesen. Un auténtico noble, descendiente del linaje de Graf Heinrich III, y de Ludwing Adolf Peter Graf von Sayn-Wittgensteion.

El padre de Heinrich fue un notable diplomático y ejerció su profesión en numerosos países a lo largo y ancho de Europa. Este tipo de vida hizo que su hijo adquiriera una mente abierta y sin perjuicios. Heinrich tuvo una delicada salud durante su infancia, además de una constitución débil, lo que hizo preocuparse a su entorno familiar al considerar que el niño no tendría una vida plena y satisfactoria. Esto, en lugar de desanimarle, le instó a superar tales obstáculos y tomar la resolución de realizar una gran cantidad de ejercicios diarios para superar su debilidad. Esta dedicación, y su afán de superación le acompañarian toda su vida.
Parecía que ese chico desgarbado no iba a llegar lejos, pero tanto en la escuela primaria, como en las Juventudes Hitlerianas, se encontró muy pronto desempeñando funciones de liderazgo como si en él fuera algo innato. Por supuesto, sus dotes le llevaron a cursar la carrera militar, alistándose en la Wehrmacht, formando pronto parte de un regimiento de caballería en Bamberg en la primavera de 1937. Sus dotes no pasaron desapercibidas y fue escalando posiciones rápidamente dentro del escalafón militar. Pronto la aviación le atrajo, y contra los deseos de la familia, se unió a la Luftwaffe, entrando en servicio en 1938. En una carta escrita a sus padres, les comentó que sería capaz de cumplir las expectativas puestas en él como piloto de igual manera que si hubiera estado en un regimiento de caballería. Sin tener que recurrir a sus lazos familiares y amigos de sus padres, y por supuesto a sus recursos económicos, se propuso ingresar cuanto antes en la escuela de aviación, antes de que sus padres se enteraran y echaran por tierra sus planes. 
Fue aceptado en la escuela de aviación de Braunchweig, donde aprendió a volar. Durante las campañas de Francia e Inglaterra, participó en diversas misiones de combate como co-piloto y encargado del armamento.Durante el invierno de 1940 a 1941, el príncipe, ya como veterano, regresó a la escuela de pilotos y aprobó un examen para volar a ciegas (sin aparatos que guíen el vuelo). Después de aquello, Wittgenstein marchó al Frente del Este para tomar parte en la Operación Barbarroja y realizó más de 150 misiones de combate contra los soviéticos. En enero de 1942, se presentó voluntario para unirse a la unidad de cazas de combates nocturnos, un destino considerado poco prestigioso para un piloto de su categoría. Una posible explicación de que Wittgenstein se uniera a esta unidad, considerada de segunda categoría, tal vez se deba a su disconformidad de bombardear a la población civil, otra posible razón fuera que él sintiera una fuerte repulsión ante los ataques de los aliados contra la población germana, por lo que decidiera tomar cartas en el asunto luchando directamente contra pilotos que no dudaban en masacrar ciudades enteras.Su primera victoria con su nueva unidad fue contra un avión Bristol de la RAF sobre Blenheim en la noche de 6 al 7 de  mayo de 1942. Fue muy pronto ascendido a Hauptmann (Capitán). El 7 de octubre de 1942, después de acumular 22 victorias, le fue concedida la Cruz de Caballero. El 3 de agosto de 1943, recibía las Hojas de Robles para su Cruz de Caballero tras abatir a 54 enemigos. Posteriormente marchó con su unidad de cazas nocturnos IV/NJG 5 a luchar contra los rusos, y comenzó a conseguir victoria tras victoria. Un poco más tarde volvió al frente del Oeste a luchar contra los ingleses en la batalla del Ruhr, consiguiendo más de 25 objetivos, logrando así una sólida reputación de "as". Wittgenstein era un modelo a seguir como oficial y piloto, alejándose mucho del estereotipo de oficial de origen noble, orgulloso, distante y hermético. Él era totalmente diferente. Era ambicioso y obsesivo hasta casi rayar el extremo. Era muy competidor, reminiscencias de su juventud y su afán de superación, sobre todo con su compañero Helmut Lent, con el cual competía por conseguir un mayor número de victorias. Sus compañeros siempre le consideraron un aristócrata con un alto sentido del deber, y responsable de defender su país hasta las últimas consecuencias. Era un noble, pero no un nazi. Luchaba por su país y familia, porque esta hundía sus raíces casi quinientos años en la historia de Alemania.Consiguió el mando de la 2ª unidad de cazas nocturnos (NJG-2) en enero de 1944, pero desafortunadamente su mando fue efímero, dado que murió en combate la noche del 21 de enero de 1944. Una vez más, y como no podía ser de otra forma, se le concedieron las Espadas para su Cruz de Caballero a título póstumo.
Según la historiadora Tatjana Metternich, Wittgenstein quiso matar a Hitler en el momento en el que el propio Hitler le iba a condecorar con la Cruz de Caballero, utilizando su arma reglamentaría, aunque no pudo llegar a cabo su magnicidio porque le obligaron a desprenderse de la misma antes de ser recibido por el Fürher. Con todo, a pesar de lo que pueda decir Metternich al respecto, no se puede probar de manera contundente esta anécdota y pertenece al mundo de las suposiciones. Heinrich acumuló 83 victorias (29 derribos soviéticos y 54 sobre aviones aliados), consiguiendo convertirse en el tercer mejor as de cazas nocturnos.

miércoles, 18 de junio de 2014

- Tesoros ocultos en los mercadillos en Normandía durante el Día D -

Estimados amigos,

     Os ofrezco una nueva entrada en mi blog dedicada al 70º Aniversario de Normandía durante el Día D. En esta ocasión os quiero hablar de los tesoros ocultos que puedes encontrar en los mercadillos en Normandía durante el Día D.

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     A lo largo ancho de Normandía, durante el Día D, hubo diversos mercadillos dedicados a antigüedades de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Obviamente, y como coleccionista de militaria, no perdí la ocasión de acudir a estos mercadillos improvisados.

     Tras pagar una entrada simbólica de tres o cuatro euros, dependiendo del día, visité estos mercadillos, la verdad con poca esperanza de encontrar algunas piezas para añadir a mi colección... ¡¡que equivocado estaba!!

- Miles de pines y símbolos de diversas unidades -

- Recreacionismo, guantes... el lugar ideal donde comprar -

- Piezas de repuesto para jeeps de la 2ª Guerra Mundial -

- Una máscara de gas -

- Objetos de todo tipo -

- Medallas de todas las épocas -

- Medallas, curiosidades y objetos de todas clases -

- Cascos militares de épocas pretéritas -

- Las típicas tiendas durante el Dïa D en Normandía -

- Machetes, cuchillos, granadas, lo que te haga falta ... -

     La cantidad de tiendas y objetos era realmente abrumadora. ¿Buscas algo en concreto? ¿Piezas raras? Este es tu lugar. Pero lo que más me llamó la atención fueron los bajos precios de algunas piezas, como Cruces de Hierro de 2ª Clase por 35 euros (ojo, originales), cascos alemanes por 100, Cruces alemanes en oro por menos de 500 euros y similares.

     Incluso se podían encontrar chapas de identificación británicas, alemanas o americanas a un precio realmente bajo, e incluso piezas de soldados caidos durante el Día D y con la localización de la tumba del soldado en alguno de los cementerios de Normandía... piezas curiosas con su propia Historia... ¡¡hasta un lanzallamas!! 3.000 euros, la pieza más cara que ví... sin contar con un  jeep americano de la 2ª Guerra Mundial, por tan solo 6.500 euros... ¡¡que chollazos!!

     Todo eso está muy bien, ¿pero qué me compré yo? Llevaba un presupuesto ajustado de 200 euros, nada del otro mundo, y mis ojos se abrieron de par en par cuando me encontré la Orden del Imperio Británico de 2ª Clase en su clase civil con los papeles de la concesión firmadas por el Rey Jorge VI por tan solo... 150 euros. Vi otros artículos, pero aquel chollazo no podía dejarlo pasar y hoy en día esta grandiosa joya forma parte de mi exquisita colección particular.

- La mencionada medalla -

- La colección completa -

- Carta incluida desde el Palacio de Buckingham -

- Jorge VI -

- Su firma... -

     Espero que os haya gustado esta pequeña entrada sobre el Día D. Próximamente, muchos más detalles... aquí, donde siempre, en Héroes de Guerra.


martes, 17 de junio de 2014

Héroes Olvidados XXI: Weddigen, Otto. El primer héroe del pueblo alemán de la Primera Guerra Mundial.


Hola de nuevo amigos,

     Hoy os trago la vida, obra y milagros de Otto Weddigen, el primer héroe del pueblo alemán durante la Primera Guerra Mundial. Mucha gente cree de forma errónea que el primer héroe más famoso de la Primera Guerra Mundial fue "El Barón Rojo", pero no es así. El primer héroe nacional y el más admirado fue Otto Weddigen, y hoy os traigo su historia.

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Weddigen Otto Eduard, nació el 15 de diciembre en la ciudad alemana de Herford, en el año de 1882. Nació en el seno de una extensa familia y prolífico matrimonio, pues era el hijo más joven y el undécimo de sus hermanos. Su padre era un empresario de ropa para cama. Su familia era acomodada y muchos de sus antepasados habían sido famosos: académicos, clérigos protestantes, comerciantes y escritores, entre otros. El joven muchacho asistió desde 1890 hasta 1901 a la Escuela Gran Federico en su ciudad natal.

Nada más terminar sus estudios, se enroló en la Armada Imperial, convirtiéndose así en aspirante a oficial. Muchos jóvenes que no provenían de la nobleza se alistaban en la Marina dado que aunque mucha oficialidad pertenecía a la nobleza prusiana, la presencia de los familiares de sangre azul no eran tan incontestable en esta rama del ejército. Por eso, la Armada era perfecta, dado que ofrecía a los jóvenes ambiciosos de clase media grandes oportunidades de progreso que no podían desarrollar en Infantería o en la Aviación. En 1902 se convirtió en el Cadete Estandarte de su unidad (uno de los rangos más importante dentro de la Academia Militar) y en 1904 era ascendido a Alférez. En mayo de 1906, el joven oficial fue enviado a la colonia alemana de Tsingtao, en China, dado que él era oficial de guardia del SMS Patria. En 1907 fue enviado al SMS Tiger, donde también fue Oficial de Guardia.  En 1908 regresó a Alemania y fue seleccionado junto con otros oficiales en octubre de ese año para formar parte del arma submarina alemana que en ese momento estaba en fase de construcción. Desde abril de 1909 hasta septiembre del año siguiente formó parte de la tripulación del U-1, del U-2 y del U-4, aunque también sirvió en el U-3 y el U-5 hasta octubre de 1911. En ese mes fue nombrado Comandante del U-9. El 25 de abril de 1912 era ascendido a Teniente de Navío.

Muy poco después del estallido de la Primera Guerra Mundial, Weddigen comenzó su primera misión con el U-9 que comandaba, partiendo de la isla alemana de Helgoland. Nada más salir dos submarinos se perdieron por problemas mecánicos y en el momento en el que su submarino también comenzó a sufrir problemas decidió regresar a la base para no tener mayores complicaciones, y retornó al astillero imperial de Wilhelmshaven. Su barco estaría en dique seco durante una semana, tiempo más que suficiente para contraer matrimonio con una amiga de la infancia.

El día 20 de septiembre volvió a zarpar con el U-9 desde la base naval de Heligoland. Su objetivo era reconocer la costa danesa hacia al oeste. En las primeras horas de la mañana del 22 de septiembre de 1914, al norte de Hoek van Holland, divisó tres grandes y poderosos buques de batalla, tres enormes cruceros pesados de 12.000 toneladas cada uno: el HMS Aboukir, el HMS Hogue y el HMS Cressy.

Los vigías de HMS Aboukir divisaron  el periscopio del U-9, pero no dieron la señal de alarma, dado que lo confundieron con un trozo de madera, o al menos, eso es lo que testificaron los supervivientes.

Lo que pasó a continuación no queda muy claro, pero parece que Otto Weddigen ordenó disparar dos torpedos al HMS Aboukir. Este estalló pocos instantes después envuelto en una gran bola de fuego, y los barcos enemigos comenzaron a maniobrar lo más rápidamente posible para tratar de rescatar a los supervivientes en lugar de cazar al submarino o tratar de ponerse a salvo.

Esto fue aprovechado por Otto, que con otros certeros disparos tocaba al HMS Hogue, y al HMS Cressy. Las dotaciones de los barcos no estuvieron a la altura de la circunstancias, dado que la mayor parte de los tripulantes eran reservistas. El caos en la borda de los barcos fue total. Otto disparó los torpedos que aún le quedaban por usar y terminó por hundir 3 grandes buques de guerra en menos de 1 hora. Esta era la primera vez en la Historia en la que se hundía un buque de guerra en alta mar... y no fue uno sino tres... y en una misma acción de combate.

La suerte, la tremenda habilidad del capitán y la incapacidad de los británicos se unieron para conseguir una increíble hazaña. Unos 1.400 muertos y 36.000 toneladas hundidas en tan solo una hora de combate. Los 800 supervivientes fueron rescatados por varios barcos de pesca y de pasajeros, especialmente por los vapores Flora y Titan.

A pesar de los continuos rastreos de otros destructores británicos que llegaron a la zona, Otto consiguió regresar con el U-9 a puerto. Obviamente, y como no podía ser de otra forma fue recibido como un héroe de guerra.

El hundimiento de tres barcos de guerra en un tiempo récord para un submarino hizo que muchos comenzaran a replantearse la utilidad del arma submarina, un arma que muchos consideraban inútil e innoble. El 24 de septiembre de 1914 Otto Weddinger era condecorado al mismo tiempo con la Cruz de Hierro de Segunda y Primera Clase por el propio Kaiser Guillermo, en una ceremonia en la que todos los miembros de la tripulación del U-9 recibió, también del Kaiser, la Cruz de Hierro de 2ª Clase.

Desde ese momento, el U-9 pudo llevar dibujado en la torre del casco de su nave una gran cruz de hierro en conmemoración de aquella gran victoria. Aunque ningún experto lo ha comentado, es muy probable que aquella Cruz de Hierro dibujada sobre el casco del U-9 fuera el primer dibujo en el casco de un submarino… dibujos que luego se harían muy populares durante la 2ª Guerra Mundial, dado que cada capitán de u-boot dibujaría algún símbolo en el casco de su sumergible.

Su siguiente patrulla, realizada a mediados de octubre de ese mismo año, fue también exitosa. En esta ocasión, el 15 de octubre, Weddinger divisó a través de su periscopio al crucero británico HMS Hawke de 7350 toneladas. Parecía que sería una nueva presa fácil para el insaciable capitán que ardía en deseos en lucir la Pour le Mérite en su cuello. Y así fue. Hundió el pesado crucero tras gastar todos sus torpedos, consiguiendo acabar con la vida de 526 marineros durante el ataque.

Nada más llegar a puerto, se le informó que recibiría el más alto honor al valor, la Pour le Mérite que le era entregada por el Kaiser el 24 de octubre de 1914, convirtiéndose así en el primer oficial de la Marina en conseguir la más alta condecoración prusiana a la valentía durante la Gran Guerra.  De esta forma, Weddigen se convertía en una leyenda viva en su país, y muy pronto periódicos y revistas comenzaron a publicar fotos con su efigie y con sus palabras. Se imprimieron decenas de miles de postales con su rostro, postales que muy pronto comenzarían a ser coleccionadas por la población civil a lo largo de la guerra… una tradición que se mantuvo también durante la 2ª Guerra Mundial con los ganadores de la Cruz de Caballero de la Cruz de Hiero.

Poco después, el gobierno alemán declaraba la guerra submarina total y sin restricciones contra los barcos enemigos, a pesar de que no estuvieran armados, en respuesta al bloqueo económico que Gran Bretaña había iniciado contra el país germano. A principios de enero de 1915, Weddingen sufrió algún tipo de lesión cuando estaba de servicio, por lo que fue retirado del servicio activo para que se recuperara lo antes posible. Tras su breve convalecencia, el 16 de febrero de 1915 se le otorgó el mando sobre el U-29, el cual sería su último destino.

Su siguiente misión comenzaría ese mismo mes en el Mar de Irlanda, lugar al que marchó con su nuevo submarino. Allí conseguiría varios éxitos, el 11 de marzo consiguió dañar el Adewen de bandera británica y hundir ese mismo día el Auguste Counseil de 2.952 toneladas (de pabellón francés). Hundiría otros tres barcos mercantes los 3 días siguientes, además de dañar a otro buque. En total, en 4 días había conseguido dañar 2 buques y hundir 4 buques (los 4 buques sumaban 12.934 toneladas). La mañana de 18 de marzo de 1915, el U-29 se topó con una pequeña flota de barcos de guerra británicos que se dirigían a Scapa Flow. El acorazado HMS Neptune divisó el periscopio del U-29, por lo que abrió fuego contra el mismo sin conseguir acertar. El U-29 disparó dos torpedos pero no consiguió acertar al acorazado enemigo. En ese momento, el Acorazado HSM Dreadnought embistió al submarino alemán, partiéndolo en dos antes de que pudiera tan siquiera sumergirse. El choque fue brutal  y demoledor. El barco inglés no sufrió daños, pero el submarino se hundió sin remisión con todos los miembros de su tripulación. Durante la embestida del acorazado, casi estuvo a punto de colisionar con otro buque inglés, el HMS Temeraire que también se había lanzado a la carrera contra el submarino enemigo, aunque afortunadamente no hubo que lamentar ningún choque ni más victimas innecesarias. Irónicamente, esa sería la única acción de guerra del HSM Dreadnought durante toda la guerra, además de convertirse de esta forma en el único acorazado que hundió un submarino durante la Gran Guerra.

La pérdida de Otto Weddigen supuso un terrible jarro de agua fría para la moral germana, aunque sería ampliamente recordado por el pueblo alemán. Sería nombrado ciudadano de honor en su localidad natal y su adoración y leyenda se extendió por todo el imperio alemán. Cientos de miles de objetos circularon durante aquella época con su efigie: jarras de cerveza, medallas, placas de pared, bustos… no había hogar en Alemania que no tuviera un objeto conmemorando al héroe caído. El culto al héroe caído continuó hasta la muerte del Barón Rojo, en el momento en el que los ciudadanos alemanes tenían un héroe aún más grande del que llorar su pérdida.

Muchos fueron los homenajes que recibiría este héroe, como la película U-29 Weddigen, rodada en Alemania en 1927. En la Universidad de Kiel se creó una beca para estudiantes con el nombre Weddigen. La primera flotilla de submarinos creada después del final de la Primera Guerra Mundial también llevaría su nombre, y el submarino U-9 botado en 1937 también llevaría como insignia en su casco una Cruz de Hierro.
Al finalizar la segunda guerra mundial, su nombre cayó en el más absoluto de los olvidos, y aunque hubo algunas breves biografías y novelas con su nombre, no despertó en nadie el interés por recuperar su memoria. Hoy en día se pueden encontrar en Alemania miles de objetos de tan famoso héroe en cualquier mercadillo de 2ª mano, objetos que pasan de mano en mano sin ningún tipo de interés hasta que algún coleccionista de militaria tiene la suerte de rescatarlo del olvido e incluir en su colección algunas de estas piezas únicas… para el que sabe valorarlas.


lunes, 16 de junio de 2014

- Visita a Michael Wittmann el 70º Aniversario del Día D -

Estimados amigos,

     Tengo buenas y gratas noticias antes de entrar de lleno en la entrada que nos ocupa. Como ya sabéis, de vez en cuando hago viajes con cierto contenido "histórico" relacionado con la Primera o Segunda Guerra Mundial. El 6 de Junio estuve presente en las celebraciones que recorrían toda Normandía con motivo del 70º anivesario del Día D. Aunque detallaré con pelos y señales todas las actividades realizadas, así como los museos que visite durante aquellos días estupendos, y las anécdotas y entrevistas realizadas con veteranos de guerra, si iré subiendo a lo largo de este mes algunas entradas relacionadas con ese extraordinario viaje, que sin duda, me ha cambiado como persona y como Historiador Militar profundamente.

     También indicar que durante todo este mes TENDRÉIS ENTRADAS DIARIAS en vuestro blog favorito, aquí en "Héroes de Guerra".

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    Regresando al tema, hoy quisiera hablaros del Cementerio Alemán de Normandía y de mi visita emotiva a dicho lugar y mi visita, personal, a un héroe de guerra del que ya he hablado en varios de mis libros, Michael Wittmann.


     No fue el mejor as tanquista de la 2ª Guerra Mundial, pero su leyenda gracias a la maquinaria de Propaganda del Partido Nazi hizo de él una leyenda, tanto que hoy su leyenda perdura entre los aficionados de la 2ª Guerra Mundial.

     Para los despistados que no conozcan a Michael Wittmann pueden leer mi entrada en el blog dedicada a este extraordinario héroe de guerra:


     Ya metidos en materia, esta primera entrada sobre mi viaje a Normandía quisiera dedicarlo a Michael Wittmann y al cementerio alemán de Normandía. Era de una de mis visitas obligadas aquel día, dado que en Agosto se iban a cumplir 70 del fallecimiento de este héroe tanquista. Finalmente, tras muchas peripecias pude acudir junto a la persona que me acompañó en este viaje iniciático, iniciático en el sentido que podía vivir la Historia, sentirla, estar rodeado de tantas cosas que había leído y estudiando, e incluso... escrito sobre ellas. 

     El día 6 de junio, a una hora avanzada de la tarde pusé mi pie por fin en el famoso cementerio alemán de Normandía. Estaba algo molesto, dado que por todas partes se podían ver recreacionistas de tropas americanas o británicas y algún despistado que iba de polaco, pero eso era todo. En  todas las ciudades y playas que había visitado no había visto ni un sólo recreacionista alemán. Nadie quería rendir homenaje a los derrotados.

- El cementerio alemán de Normandía un 6 de junio de 2014 -
- ¿Mucha gente, no? -


     El cuadro diferente entre el cementerio alemán y americano aquel día era abrumador. El cementerio americano (del que hablaré en otra entrada) lleno a revosar, mientras que en el alemán solamente algunos curiosos, aquí y allá. Eso era todo. Parece que nadie quería recordar a estos héroes caidos, sí, efectivamente, sí defensores de un régimen atroz que había arrastrado a Europa y había subyugado a varias naciones democráticas... ¿pero no todos los caidos merecen la misma consideración? En una guerra no hay vencedores ni vencidos, sino solamente muerte. Por lo tanto, tenía sentimientos encontrados estando en aquel lugar.

     Ante mi, y ante mis pies se amontonaban las lápidas. No entendía porque me encontraba triste, angustiado. De pronto, mis pies se posan delante de una lápida y mis ojos se nublan por las lágrimas...

- Tumba de dos soldados desconocidos -

     Estaba sobre una tumba de dos soldados anónimos, pero alguien se había tomado la molestía de depositar ceremonialmente unas pequeñas flores, siendo la única tumba sin nombre con aquellas flores, signo de recuerdo que alguién había querido dejar aquel día. Pero esa, por desgracia no era la única tumba al "soldado desconocido", sino que su nombre se repetía monótamente sobre el sobrio cementerio militar.

     Silencio y nada más. 4 curiosos. Por fin, una tumba, una tripulación de un Tiger I que había luchado y muerto juntos, en combate, como auténticos compañeros de armas, la tripulación de Michael Wittmann.

- La tumba de Michael Wittmann y su tripulación -

     Allí estaban, silenciosamente dispuestas y rodeadas de flores. Era muy fácil encontrar aquellas tumbas, dado que prácticamente eran las únicas con flores y otras curiosidades a su alrededor. La emoción me embarga y no puedo hacer nada más que hincar la rodilla en el suelo y rendir homenaje a los héroes caidos, tal y como hago con todos los héroes que he tenido la fortuna de visitar en sus última morada donde duermen el sueño de los justos.

- El autor de este blog ante la tumba de Michael Wittmann -

     Tal y como hago siempre cuando siempre visito un cementerio militar, solicité a mi acompañante unos minutos a solas. Siempre me gusta reflexionar sobre la crueldad de la guerra, dado que al final, ese es el resultado final, la muerte... algunos brillaron en los campos de combate y sus acciones épicas aún nos delumbran, como fantasmas del pasado, pero recordad... que tras ellas solamente hay muerte.

     Finalmente realicé mis últimas fotografías del Cementerio Alemán, no sin antes, agradecer la oportunidad que había tenido de visitar aquel lugar de haber escrito las memorias y hazañas de algunos de ellos allí enterrados.


- Fotos del Cementerio alemán -

- El autor de este blog en lo alto de la pequeña colina artificial situada en el centro del Cementerio -

- La tumba de Michael Wittmann  el 6 de Junio de 2014 -