miércoles, 28 de enero de 2015

Rememorando XIII: Cole, Darrel S., un músico guerrero -


Hoy recuerdo una vieja entrada de uno de mis héroes favoritos de la 2ª Guerra Mundial, un marine de los Estados Unidos que murió en servicio en Iwo Jima. De hecho, aunque no es su figura no es relativamente muy conocida aparece en la serie "The Pacific" de Steven Speilberg... de como un simple músico se puede convertir en héroe de guerra... "No es la profesión lo que hace a un héroe", dice el Sargento John Basilone al actor que interpreta a Darrell S. Cole... y razón lo faltó.

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Cole, Darrell Samuel, nació el 20 de junio de 1920 en una pequeña ciudad llamada Flat River, en el Estado de Missouri. Sus primeros años transcurrieron entre su ciudad natal y una localidad llamada Esther, donde acudió al colegio. En la misma ciudad se graduaría en el instituto local.

Sin un futuro muy claro, decidió aprovechar el plan de gobierno para aprender un oficio, por lo que estudió un año en el Civilian Conservation Corps, y consiguió un diploma como jardinero y otro en secretariado educacional.

El 25 de agosto se unió al USMC, y posteriormente realizaría el curso de adiestramiento en la base de la isla de Parris, al sur de California. Sería posteriormente enviado a la Academia Militar de música, convirtiéndose poco después en músico del ejército: tocaría la corneta.

La verdad es que esto le supuso un jarro de agua fría. Se había alistado para luchar por su país, no para tocar un instrumento musical. Consiguió excelentes puntuaciones de tiro con la ametralladora pesada, pero no fue aceptado como artillero de ametralladora por ser demasiado joven. Después de completar su curso en la Academia Militar de Música fue enviado al Primer Regimiento de la 1ª División de Marines.

Tras regresar brevemente a casa, fue destinado en febrero de 1943 al primer batallón, del 23º de Marines de la 4ª División, en la base militar de Lejeune, en el estado de Carolina del Norte. Cuando su unidad fue trasladada de nuevo, solicitó poder luchar en el frente, y su solicitud fue denegada.

Participaría en la batalla de Guadalcanal que transcurrió desde agosto de 1942 hasta febrero del año siguiente. Cole llegó el 7 de agosto junto con su unidad, las primeras que ponían pie en aquel territorio japonés. En una ocasión, un artillero se puso enfermo y pudo suplirle, y gracias a eso adquirió su primera experiencia de combate.

Después de Guadalcanal, Cole tuvo muchísimas más ocasiones para luchar contra los japoneses. Si era guerra lo que quería, batallas no le iban a faltar. Participó en las batallas de Kwajalein, Saipan y Tinian.

En la batalla de Saipan, Cole ya se había ganado un hueco en la sección de ametralladoras, por lo que fue nombrado jefe de sección de una unidad de ametralladoras pesadas. Durante la contienda, el oficial al mando de su grupo resultó muerto, y Cole, a pesar de sus heridas, asumió el liderazgo. Por sus heridas, sería condecorado con el Corazón Púrpura.

La siguiente lucha le arrastraría a Tinian, una de las islas del archipiélago de las Marianas, el 1 de agosto de 1944. Pondría pie en la isla unos días antes de la invasión principal. Liderando a su unidad, consiguió defender la isla y eliminar a los enemigos de la zona.

Participaría también en las ofensivas sobre las islas Marianas y Palau entre junio y noviembre de 1944, aunque en esta ocasión fue relegado de su unidad y volvió a ejercer de músico. "El músico luchador" quería ir al frente, por lo que solicitó su traslado a una unidad de combate, apoyándose está vez en su experiencia adquirida en las islas del Pacífico. Finalmente, en noviembre de ese año, era ascendido a cabo, y no mucho después a Sargento. Sus peticiones habían tenido su efecto y sería asignado a unidades del frente.

En febrero de 1945 participaría en su única batalla como un suboficial en el frente de batalla. Era el último concierto del soldado-músico. Participó en el desembarco en la primera isla japonesa que asaltarían los americanos.

El 19 de febrero de 1945, el Sargento Cole lideró a su unidad que asaltarían las playas de Iwo Jima. Avanzando con sus hombres, se vieron obligados a detener su avance cuando se vieron envueltos en un intenso fuego cruzado, dado que estaban siendo atacados por dos posiciones fortificadas japonesas. Cole pudo destruir ambos bunkers con granadas. Avanzando de nuevo, y sin detenerse caminaron unos cientos de metros para encontrarse en esta ocasión con tres emplazamientos de ametralladoras japonesas que les volvían a impedir el avance.

El primero de los escollos fue eliminado por sus hombres. Cole avanzó solo para destruir otros emplazamientos enemigos, armado únicamente con granadas de mano y su pistola, pues su ametralladora se había encasquillado. Destruyó las dos posiciones enemigas después de poner en peligro su vida en varias ocasiones, dado que tuvo que aproximarse todo lo posible para destruirlas con granadas.http://www.blogger.com/img/blank.gif Decidió regresar con sus hombres, pero antes de que lo hiciera, una granada enemiga caía a sus pies, matándolo en el acto. Como resultado de la heroicidad de un único hombre, su compañía pudo continuar su avance hacia las fortificaciones enemigas y conseguir el objetivo fijado. Por su valor sería condecorado con la Medalla del Honor a título póstumo.

Cole sería enterrado en el cementerio de la 4ª División en Iwo Jima, pero gracias a la petición de su padre, su cuerpo regresó a la patria y sería enterrado en el cementerio Parkview, en la ciudad de Farmington (estado de Missouri).


Biografía recogida en el libro CABALLEROS DE LA MEDALLA DEL HONOR.
Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

martes, 27 de enero de 2015

- Rememorando XII: Los hijos de los Goebbels, victimas del Tercer Reich -





Aunque nuestra bitácora recoge héroes de guerra, quiero hacer un inciso y relatar parte del extenso reportaje sobre los hijos de Goebbels en el blog, en homenaje a todos los pobres niños que han sufrido por culpa de sus padres un destino trágico y cruel... héroes a su manera.

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Goebbels, La Familia, estaba compuesta por cinco hijas y dos hijos, el Ministro de Propaganda Nazi Joseph Goebbels y su esposa Magda Goebbels. Todos los hijos que tuvo la familia serían asesinados por sus propios padres en el Bunker de Berlín el 1 de mayo de 1945, poco antes de sus padres se suicidaran.

Algo que es desconocido por la mayor parte de los aficionados es que Magda Goebbels tenía un hijo mayor de un matrimonio anterior (y por tanto era hijastro de Goebbels) llamado Günther Quandt el cual no murió a manos de su maléfica madre y su tirano padrastro. Es curioso que el nombre de todos los hijos del matrimonio Goebbels fueran bautizados con nombres que comenzaban por la letra H. Algunos historiadores señalan que es posible que sus nombres fueran una especie de homenaje a Adolf Hilter y al nacionalsocialismo pero no existe ninguna tesis que corrobore esta hipótesis, pues ni Magda ni Joseph hacen mención de ello en sus respectivos diarios.

Harald. Harald Quandt era hijo del anterior marido de Magda, Harald Quandt (multimillonario alemán fundador de BMW). El muchacho tenía 10 años cuando su madre contrajo matrimonio con Goebbels en enero de 1931, dos años después del divorcio de sus padres. El muchacho vivió algunos años con su padre natural hasta que Goebbels protestó formalmente por ello, por lo que fue a vivir a la nueva residencia de su madre. El muchacho acompañó algunas veces a su "tío Joseph" a algún discurso vistiendo el uniforme de las Juventudes Hitlerianas. El joven muchacho participaría en la 2ª Guerra Mundial, alcanzando el rango de Teniente y enrolándose en la Luftwaffe lucharía contra los aliados. Siendo capturado por los aliados sobreviviría a la guerra y a la muerte. Tras la guerra se convertiría en uno de los hombres más millonarios de Alemania tras convertirse en propietario de parte de las fábricas de su padre.

En 1934, Goebbels compro una impresionante casa con sus propios jardines en Schwanenwerder, una isla del rio Havel. También compró un yate a motor para navegar por el río. Los chicos no tenían ponies, pero si un pequeño carruaje para usarlo en los jardines.

La familia también tenia un pequeño castillo cercano a Berlín que era su residencia oficial, aunque realmente solamente era usada como vivienda para los fines de semana. El matrimonio Goebbels quedó muy erosionado a causa de los escarceos amorosos de Goebbels con varias actrices, tanto que comenzaron a vivir separados, y parece que este hecho no pareció ser percibido por los pequeños, pues seguramente pensarían que su padre estaría muy ocupado a causa del trabajo.

A finales de enero de 1944, Goebbels envio a Magda y a sus dos hijas más mayores a un hospital militar para ser filmadas con soldados heridos, pero pronto se abandonó el proyecto porque las terribles heridas de los jóvenes soldados podrían ser demasiado traumáticas para las pequeñas. Cuando el ejército soviético se aproximó a Alemania, Goebbels trasladó a su familia a la seguridad de su residencia en Schwanenwerder. Sus hijos pronto escucharon el ruido producido por la artillería soviética y se preguntaron porque nunca llovía a pesar de escuchar "truenos".

El 22 de abril de 1945, el ejército ruso entraba en Berlín, a la vez que sus hijos hacían lo propio en el Vorbunker, el bunker conectado al Führerbunker debajo de los jardines de la Cancillería del Reich. El líder de la Cruz Roja, el sanguinario Karl Gebhardt (presente en esta obra) se ofreció salvar a sus hijos y sacarlos fuera de la ciudad, pero Goebbels no quiso desprenderse de sus hijos. El coronel F. von Loringhoven recuerda cuando llegaron los niños al Bunker en sus memorias:



«Aquella noche (la noche del 22 al 23 de abril) me encontraba por casualidad en la parte baje de la escalera del búnker cuando vi llegar a Magda Goebbels , una mujer hermosa, muy elegante, seguida de sus seis hijos que bajaban los escalones en fila india. Tuve un mal presentimiento al ver sus frágiles siluetas, vestidas de oscuro, y sus rostros pálidos y ansiosos. ¡Qué idea llevar a unas criaturas tan inocentes a semejante lugar! Si les enviaban a Baviera, no les ocurriría nada. Esos niños, como todos los demás, se exponían a no salir vivos de allí.»


El 27 de abril los niños conocieron a Hanna Reich que llegó al Führerbunker. Hanna Reich recoge en sus memorias este momento:

Cuando entré en la habitación, contemplé aquellas seis hermosas caras de niño, de los 4 a los 12 años, que […] me miraban con viva curiosidad.

Ese mismo día, la secretaría de Hitler escribía lo siguiente en su diario:


«Todos estábamos muy asustados, parecía que las bombas nos caían justo encima, que en cualquier momento íbamos a saltar todos por los aires. Las manos y las piernas me temblaban de tal manera que casi no podía sujetarme en pie. Blondi no sabía dónde esconderse, los niños de lo Goebbels lloraban desconsoladamente. Trauld Junge.»


Junge cuidó de los pequeños cuando a eso de las tres y media de la tarde del 30 de abril Hitler y Eva se suicidaban. Todos los que estaban en el Bunker tenían dos opciones, suicidarse o intentar huir para no caer presa de los soviéticos, que era el peor destino para alguien que había estado tan cerca del régimen nazi. En el Testamento de Goebbels escrito el día anterior a la muerte del Führer, Goebbels decía:

«Por esta razón, expreso en nombre propio, en el de mi esposa y en el de mis hijos, demasiado jóvenes aún para poder manifestarse por sí mismos pero que, de tener la edad suficiente para ello, se adherirían incondicionalmente a esta decisión, el propósito irrevocable de no abandonar la capital del Reich, aun en el caso de que caiga y poner fin al lado del Führer a una vida que para mí personalmente no tiene valor alguno si no puedo dedicarla al servicio del Führer, a su lado»

Los cuerpos de los niños fueron encontrados por los soviéticos el de mayo de 1945 con sus prendas de vestir y los niñas con lazos en sus pequeñas cabezas. Sus cuerpos fueron enterrados con los cuerpos de Hitler, Eva Braun, Krebs, el perro de Hitler y sus padres en tumbas cerca de Rathenow. En los años 70, los restos mortales fueron desenterrados e incinerados para ser tirados a un río.

«Los niños eran inocentes. No se les puede acusar de los crímenes y errores que sus padres cometieron. Fueron asesinados como otras muchas victimas inocentes de la 2ª Guerra Mundial.»


Biografía recogida en el libro EL BUNKER DEL FÜHRER. También disponible una edición de LUJO.
Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

lunes, 26 de enero de 2015

- Rememorando XI: Weidling, Otto, el último defensor de Berlín -


La Batalla de Berlín fue una de las batallas más crueles de la 2ª Guerra Mundial y el fin del Tercer Reich de los Mil años. Muchos hombres combatieron y murieron en las calles de la capital germana. Hubo uno de aquellos hombres que fue uno de sus más acérrimos defensores, con honor y entereza, preocupándose por la población civil y todo un héroe de guerra. Hoy hablamos muy brevemente de Helmuth Weidling.

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Weidling, Helmuth Otto Ludwig, nació el 2 de noviembre de 1891 en la ciudad sajona de Halberstadt. Comenzó la carrera militar muy joven, a los 20 años, en 1911 sirviendo en un regimiento de artillería en Breslau. Su siguiente destino fue un batallón en Berlín, donde sería ascendido a Teniente del 10 de agosto de 1912.
Participó en la Primera Guerra Mundial, obteniendo la Cruz de Hierro de Segunda y Primera Clase. Formaría parte del ejército alemán de entreguerras. En 1938 fue ascendido a Coronel del 56º Regimiento de Artillería, participando con el mismo en la invasión de Polonia.

En abril 1940 fue nombrado comandante del regimiento de artillería del 40º Cuerpo Panzer, con el que participó en la Batalla de Francia y en los primeros compases de la invasión de la Unión Soviética en 1941.



En los compases finales de la guerra, cuando los soviéticos estaban muy cerca de Berlín, fue relevado de su cargo y enviando a la Reserva, aunque dos días después y ante el inminente ataque ruso fue nombrado Comandante del LVI Panzerkorps, y ya la batalla de Berlín comenzó con toda su virulencia.


Apodado por sus hombres debido a su áspera piel y su rudo talante, era un sencillo soldado que tan sólo deseaba cumplir con su deber. Decidió ir al búnker y entrevistarse con Krebs, pues este le había informado por teléfono (el día 23 de abril) que iba a ser ejecutado por huir del combate. En el Führerbunker fue recibido con frialdad por Krebs y Burgdorf:


«¿Qué ocurre y por qué van a fusilarme?»

Hitler, cuya pierna derecha no paraba de temblar, asintió con la cabeza y emprendió una prolija explicación sobre su plan operativo para descercar la capital. Por más que a Hitler le pareciera un plan sensato, a un soldado de carácter práctico como Weidling se le antojó absurdo. ¿Era realidad o lo estaba soñando? De pronto Krebs anunció que él asumiría a partir de ese momento la defensa de los sectores oriental y suroriental de Berlín.

A la mañana del día siguiente, después de la reunión diaria que se mantenía en el Führerbunker sobre la situación de la ciudad, Krebs dijo a Weidling:

«–Anoche le causó usted una impresión muy favorable al Führer –dijo Krebs– Le ha asignado el mando de todas las defensas de Berlín.
Weidling cargó con el peso de la responsabilidad limitándose a decir: –Un penoso honor. Hubiera preferido que me fusilaran.»

Weidling había pasado el día reogrnizando sus defensas alrededor de la ciudad, y ya era casi de noche cuando llegó al búnker para informar sobre la situación. Weidling mostró a Hitler el mapa de Berlín y el círculo que los rusos no tardarían en cerrar.

«Nuestras divisiones lo son sólo de nombre, y las tropas rusas las superan en diez contra uno en soldados, y mucho más en potencia de fuego.»

Hitler se negó a aceptarlo. La caída de Berlín, dijo, constituía la ruina de Alemania. A Weidling le indignó que nadie se atreviera a expresar una opinión contraria. Cada palabra dicha por Hitler era aceptada tácitamente. Weidling sintió deseos de gritar:

<¡Eso es una locura, mi Führer! Una gran ciudad como Berlín no puedes ser defendida por unas fuerzas debilitadas y escasas de munición. Piense, mi Führer, en el intolerable dolor que las gentes de Berlín padecerán durante esas batallas>. 

Pero no dijo nada. Durante los días siguientes preparó un plan de huida de Berlín para salvar a los soldados que aún combatían y a Hitler, además de inspeccionar los combates que se sucedían en la ciudad personalmente. En la reunión del día 28 de abril, Weidling dijo:

«Al cabo de dos días nuestras tropas se quedarán sin municiones y no podrán seguir resistiendo. Por lo tanto, como soldado propongo que nos arriesguemos a salir de aquí de inmediato.»

El día 29 Weidling se reunió por la noche con Hitler y concluyó su informe que antes del anochecer del día siguiente, la batalla habría terminado, y el general Mohnke también opinó lo mismo. Hitler simplemente dijo:

«Permitiré la retirada de pequeños grupos, pero una capitulación queda descartada.»

El día 30, a última hora de la tarde, había recibido un mensaje de Krebs que le ordenaba presentarse en el Führerbunker. Le extrañó al llegar el caótico ambiente que reinaba en los pasillos, aunque le extraño ver a Goebbels sentado en la mesa de Hitler. Después de hacerle jurar el secreto, le revelaron que Hitler se había suicidado. Goebbels le comentó la posibilidad de solicitar a los rusos una tregua, pero Weidling afirmó que los rusos solamente aceptarían una rendición incondicional.
Tras el fracaso de las negociaciones de paz, Weidling les invitó a continuar con un plan de huida pues era imposible continuar con la batalla de Berlín. Krebs finalmente, aprobó la orden.

Con la huida de todos los líderes de la ciudad o suicidio, el único al mando era Weidling. Este reunió a 100 oficiales en su cuartel general y explicó a todos el matrimonio de Hitler y su suicidio. A continuación dijo:

«De acuerdo con sus últimas voluntades, su cuerpo fue quemado en el Jardín de la Cancillería. Por tanto, estamos liberados del juramento que le prestamos. Por consiguiente, con profundo pesar pero incapaz de seguir responsabilizándome de más víctimas en esta batalla perdida, he decidido rendirme.»

Los presentes guardaron silencio. Sabían que era el peor momento de Weidling en su carrera como soldado. Nadie pronunció una palabra de reproche.


Von Dufving consiguió negociar la rendición y los oficiales pudieron conservar sus armas al cinto y cada soldado poder llevar su equipaje. ¿Y como fue esa reunión? El 2 de mayo, Weidling y su Jefe de Estado Mayor, von Dufving, se reunieron con el General Chuikov. Gracias a los informes rusos desclasificados podemos transcribir la reunión completa:

W: Estaba en la Cancillería la tarde del 30 de abril cuando Krebs, Bormann y Goebbels me lo contaron.
C: ¿Entonces la guerra ha terminado?
W: Pienso que toda muerte innecesaria es un crimen… es una locura.
S: Redacte una orden solicitando la completa rendición, de modo que no haya resistencia en algunos sectores. Mejor tarde que nunca.
W: No tenemos ni municiones ni armas pesadas, por lo que la resistencia no puede durar mucho. Todos los alemanes están confusos, y no me creerán cuando les diga que el Führer está muerto.
C: Escriba una orden solicitando la completa capitulación. Así su conciencia estará tranquila.

Chuikov y Sokolosvky revisaron la carta que Weidling había escrito y la conversación continuó:
C: No es necesario que escriba "ex". Usted es aún comandante.
W: ¡Jawohl! ¿Como debería ser transmitido el mensaje, como una petición o una orden?
C: Una orden.

La reunión entre alemanes y rusos terminó a las 8:23 de la mañana del 2 de mayo de 1945. Poco después, los altavoces anunciaban el texto escrito por Weidling. Salvo en algunos lugares, la batalla de Berlín había concluido.

Dicen algunas fuentes que cuando Weidling anunció la rendición sufrió un paro cardíaco, aunque otras fuentes lo desmienten. Prisionero de los rusos, Weidling cogió un avión rumbo a Moscú el 9 de mayo. En febrero de 1952, un tribunal soviético sentenció a Weidling a 25 años de prisión por no rendir Berlín antes. Weidling murió bajo custodia del KGB a causa de problemas cardíacos el 17 de noviembre de 1955.
Un auténtico Caballero de la Cruz de Hierro, ganador de la Cruz de Caballero con Hojas de Roble y Espadas que fue fiel a su juramento al Hitler y a su código de honor hasta el final de la guerra.

Biografía recogida en el libro EL BUNKER DEL FÜHRER.
Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

domingo, 25 de enero de 2015

- Rememorando X: Junge, Traudl, la secretaria de Adolf Hitler -



Dudas son las que nos recorren cuando llegamos al final de nuestro camino en ese peligroso y accidentado recorrido que llamamos vida. Dudas sobre si nuestra vida valió la pena o sobre que hicimos bien o hicimos mal. Y toca remover el pasado para tratar de averiguarlo, comprenderlo y arrepentirse, o no, de nuestras acciones. Eso fue lo que llevo a Trauld Junge a escribir sus memorias y a expiar su culpa por haber sido partícipe del Tercer Reich, aunque fuera en el mero trabajo de secretaria. Un hecho que la honra como persona... veamos que podemos discernir sobre tan controvertido personaje. 

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Junge, Traudl, también llamada Traudl Humps (su nombre de soltera) nació en la ciudad cuna del nacional-socialismo, Múnich, el 16 de marzo de 1920. La figura de Trauld Junge es fundamental para conocer los hechos ocurridos en el Bunker de Hitler durante la Batalla de Berlín en los coletazos finales de la 2ª Guerra Mundial en Europa. Aunque Hitler tenía otras tres secretarias más (Gerda Christian, Christia Schroeder y Johanna Wolf) su cercanía y amistad con Eva Braun (amante y esposa de Hitler los últimos días de su vida), fue ella y no otra la que mecanografió la última voluntad de Hitler: su testamento político.


En 1942 Traudl Humps se mudó a Berlín donde trabaja su hermana, buscando mejorar su futuro profesional. Es en esta época cuando Traudl conoció a su futuro esposo, Hans Hermann Junge (un joven oficial de las SS que trabajaba en la Begleitkommando SS des Führers. A través de su novio y de sus amigos cercanos al régimen se enteró que el Führer estaba buscando una nueva secretaria privada. Realizó una primera prueba (un dictado) con mucha tranquilidad lo que hizo que apenas tuviera fallos. No ansiaba ni quería el puesto, dado que aún pensaba en convertirse en bailarina junto con su hermana. Poco después fue enviada junto con un grupo de pequeñas jóvenes a la Guarida del Lobo (Wolfsschanze) en tren. Allí se entrevisto por primera vez con el que sería su "mejor jefe" según la propia Traudl. Convivió con él prácticamente a diario desde diciembre de 1942. Hitler siempre era atento y muy amable con la gente que le rodeaba. Era la figura más importante de Alemania, y era idolatrado como una "estrella del Pop". Es normal que Traudl poco a poco se viera totalmente eclipsada por aquel siniestro personaje y lo llegará a considerar casi como una figura paterna de la que no gozaba desde los cinco años.

Desde 1942 la vida de Traudl Junge se desarrollaría en Berlín, Berghof, Berchtesgaden, la Wolfsschanze y el Führerbunker. Durante los años de guerra, Frau Junge también desarrollo cierta aversión hacia los militares, por lo que solía comer en privado con Hitler y sus compañeras. Se acostumbró también a la vida rutinaria de Hitler: levantarse tarde, comer, descansar, tomar café, descansar, cenar tarde, ver proyecciones de películas y marcharse tarde a la cama: en torno a las 5 de la madrugada.

También fue testigo directo del intento de magnicidio del 20 de julio de 1944. Ella misma comenta lo que vio aquel día en el que Hitler lograba salvar la vida:

«Fuimos a nuestro cuarto y de pronto hubo una terrible explosión y ruidos en el exterior [..] No sabíamos que estaba ocurriendo, pero de pronto hubo gran jaleo en el exterior. Alguien llamo a un doctor. [...] Algo había ocurrido. [...] Cuando salimos al exterior había soldados corriendo por todas partes que nos dijeron: - No podéis ir más lejos. Ha habido una explosión causada por una bomba. Y no conocíamos ningún detalle [..]. Queríamos ir al interior para ver que había ocurrido pero se nos acercó un oficial totalmente ensangrentado, el General Jodl, creo, y el mayor Weizenegger, uno de los oficiales del Estado Mayor y nos dijo: – No se puede entrar por aquí. Tenéis que dar la vuelta. [...] No sabíamos si el Führer había muerto y teníamos muchos pensamientos corriendo por nuestras cabezas: ¿Que va a pasarnos? o ¿Quién nos liderará en la guerra? Era una atmósfera de extremo pánico. Volvimos a nuestros cuartos y esperamos. Gunsche vino a nuestro cuarto poco después y nos dijo: – El Führer está bien. [...] Marchamos al Bunker y le encontramos de pie, y parecía muy contento con una gran sonrisa en su cara. Su pelo estaba revuelto y sus pantalones hechos jirones. Nos saludó y con una sonrisa triunfante nos dijo: – He sido salvado. El destino me ha elegido y la providencia me ha salvado. Es un signo de que debo seguir con mi misión hasta el final. Esos cobardes estaban demasiado asustados para abrir fuego y poner en riesgo sus vidas y por eso han puesto la bomba.»

A principios de 1945, Traudl se trasladó junto con el resto de personal de Hitler al bunker de la Cancillería del Reich donde viviría los últimos días del régimen al que había estado sirviendo durante 3 años. La noche del 20 al 21 de abril, Hitler se reunió con sus secretarias y mujeres de su servicio, así como sus secretarias, rogándoles que abandonaran Berlín. Algunas quisieron quedarse y Taudl fue una de ellas. La noche del 28 de abril, Traudl asistió a la boda de Hitler con Eva Braun y minutos después mecanografiaba el Testamento Político de Hitler.


Se marchaba poco después del Bunker en compañía de Günsche, Erich Kempka y Martin Bormann. Fue capturada por los rusos y estos se la entregaron a los estadounidenses. Sometida a interrogatorios sería puesta en libertad en 1947. Su relativa juventud y su ignorancia sobre temas de estado fueron la llave para su liberación.

Tras recobrar la libertad se convirtió en periodista y colaboró con diversos medios de comunicación. En 2001 publicó junto con Melissa Müller un libro titulado Hasta la Hora Final en que relataba todas sus experiencias con el régimen de Hitler. También grabó una entrevista de 90 minutos (que es un resumen de más de 10 horas de duración) poco antes de morir y a pesar de su enfermedad, un cáncer galopante.
Durante el resto de su vida Traudl nunca se escondió y nunca negó su pasado. Es más, su nombre podía ser fácilmente localizado en la guía de teléfonos de Múnich.

Declaró estar en contra de las atrocidades del régimen de Hitler, afirmando que durante su servicio como secretaria personal del Führer nunca llegó a saber nada del Holocausto ni de otros temas relacionados y que en su presencia nunca se mencionó la palabra Jüden (judío).

Siempre crítica sobre su pasado, hablaba con admiración y odio al hablar de Hitler. Y eso es lo que arrastró durante toda su vida.

«Tengo la sensación de que debería estar enfadada con aquella niña y con esa tontería infantil, o que no debería perdonarla por no ver los horrores, aquel monstruo, pero ya fue demasiado tarde, por no ver en qué se estaba metiendo. ¿Cómo pudo aceptarlo sin más? Yo no era una nazi convencida. Al llegar a Berlín pude decir "No, no participaré. No quiero que me manden al despacho del Führer". Pero no me negué. Me pudo la curiosidad. Simplemente nunca pensé que el destino me llevaría donde nunca había querido estar. Y sin embargo, me es muy difícil perdonarme

Biografía recogida en el libro EL BUNKER DEL FÜHRERTambién disponible una edición de LUJO.
Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

sábado, 24 de enero de 2015

- ESPECIAL: Muerte de Otto Carius -


Hoy es uno de esos días en los que sería mejor no haberme conectado en las redes sociales, uno de esos días en los que es mejor no saber nada del mundo dado que dicen que la ignorancia da la felicidad. Hoy volaba al extranjero a unas merecidas vacaciones junto a mi futura esposa cuando al poco tiempo de aterrizar comenzaron mis buenos amigos, patrocinadores, lectores y en resumidas cuentas, personas muy allegadas que me informaban de una terrible y triste noticia: Otto Carius ha muerto.

Aquellos que me conocen personalmente saben que en el tiempo que me he dedicado a la divulgación militar he creado fuertes conexiones personales y sentimentales con algunas personas y familiares de héroes de guerra con el paso de los años. Una de estas personas era la figura del legendario tanquista alemán al que tuve la fortuna de visitar en varias ocasiones a lo largo de los años.

En estas entrevistas, unas mejor preparadas que otras tuve la fortuna de conocer de primera mano la vida de un tanquista en el Frente del Este, de las opiniones de Otto Carius con respecto a diferentes tanques y vehículos blindados y su opinión sobre temas bastante controvertidos que todavía no había publicado nada en absoluto por respeto a su memoria (especialmente temas relacionados con el nazismo, con las Waffen-SS y con Adolf Hitler). 

A lo largo de estos casi 5 años de vida del blog he publicado una gran cantidad de artículos que hoy vuelvo a recordaros para no homenajear a Otto Carius de la mejor forma posible, recordándole:

   1. El soldado de infantería y los tanques. Aquí Otto Carius nos habla de esa relación, entre los Panzergrenadier y las fuerzas Panzer en la 2ª Guerra Mundial.



     2. Como NO destruir tanques soviéticos. En este breve fragmento de una de las entrevista, Otto Carius recuerda como NO se destruian tanques soviéticos en la 2ª Guerra Mundial.



     3. Héroes olvidados, los Panzergrenadier. Más recuerdos de Otto Carius sobre los soldados alemanes en la 2ª Guerra Mundial.



     4. Kurt Knispel frente a Otto Carius. Dio la casualidad que la misma semana que visitaba a Otto Carius por última vez se encontró el cuerpo de Kurt Knispel, el mejor tanquista de la 2ª Guerra Mundial. Pensamientos de Otto Carius sobre el olvido de los héroes alemanes por la sociedad alemana actual.


     5. Entrevista a Otto Carius. Algunas anécdotas y las preguntas que le realicé en mi última visita, la última entrevista que condecerá en vida, por cierto.



     6. Visita a Otto Carius. Mi última visita a Otto Carius, y el autor de este blog con el legendario héroe.


     7. Otto Carius: Yo NO destruí tantos tanques. Una de las frases más míticas del tanquista donde revela que los datos proporcionados por la Alemania nazi eran pura propaganda.
      
       8. Otto Carius y su grandeza. Lo que hace grande a un héroe de guerra y que hizo grande a Otto Carius ayer, hoy y siempre.

     Hoy es sin lugar a dudas el día más triste desde que empezé a escribir este blog y a dedicarme a difundir las biografías de héroes de guerra, dado que  se hace muy duro despedirse de un buen amigo y una persona amable y atenta a lo largo de todos estos años.

     Otto Carius nunca fue un tipo corriente e incluso humilde ante su papel en los anales de la Historia Militar. Queden para la reflexión algunos de sus pensamientos que me transmitió en esas largas horas de entrevista al calor de las buenas historias de la 2ª Guerra Mundial entre un servidor y aquel anciano de poca estatura y ojos vivaces, locuaz y todo un caballero. Mi amigo, un héroe que se ha convertido en un mito y el mito se convirtió hoy en leyenda:

<Esto es algo que me irrita. Y solamente me ocurre desde que existe internet. Décadas atrás solamente había silencio. [...] No soy un tipo extraordinario. Hice lo correcto en el momento oportuno. Y tuve la posibilidad de hacerlo.>
        

viernes, 23 de enero de 2015

- Rememorando IX: Evans, Ernest, el héroe que detuvo a la Flota nipona -


No hay nada como recordar el pasado para no olvidarlo. La Armada Japonesa y sus poderosos acorazados fueron el terror del Pacífico, tanto que solamente Estados Unidos podía hacerles frente, y finalmente los dos gigantes se enfrentaron en diferentes batallas marítimas. ¿Pero es suficiente la fuerza de los acorazados para ganar una batalla? No, hacen falta oficiales como Ernest Evans, y de como un destructor pudo poner en jaque a lo más granado de la flota imperial japonesa, hoy en Héroes de Guerra...

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Evans, Ernest Edwin, nació el 13 de agosto de 1908 en la tranquila y próspera ciudad de Pawnee, en el estado de Oklahoma. Era descendiente de nativos americanos (mitad cherokee y un cuarto de indio Creek), aunque solamente heredó un ligero tono bronceado en su piel.

Evans pasaría a la historia gracias a su brillante participación en una de las batallas navales más impresionantes y desconocidas de la Segunda Guerra Mundial: la Batalla del Golfo de Leyte, que formaría parte de la conocida Batalla de Samar.
En el Golfo de Leyte habían desembarcado 200.000 soldados americanos para recuperar las Filipinas, y cortar así las líneas de suministros de los japoneses. Si los nipones perdían las Filipinas, sería el fin de sus suministros en esa zona, dado que Japón por si solo no podía sostener una economía de guerra. 

La fuerza central nipona que estaba delante de los americanos estaba compuesta por 4 acorazados, 6 cruceros pesados, 2 cruceros ligeros y 11 destructores. Sólo el Yamato tenía 6 cañones de 45 centímetros y pesaba lo mismo que todos los buques del Taffy 3 juntos: 72.00 toneladas a plena carga.
El Taffy 3 no tenía nada que hacer contra el gran Yamato, el acorazado más grande de la historia, y mucho menos contra toda la fuerza central japonesa. Los americanos contaban con 6 portaaviones de escolta, 3 destructores y 4 destructores escolta. Los barcos americanos estaban armados con cañones de 12 centímetros. Así comenzaba la batalla de Samar. Y uno de aquellos destructores estaba al mando de Evans. ¿Qué podría hacer el minúsculo barco de Evans?

Los americanos estaban muy relajados porque pensaron erróneamente que la fuerza central japonesa se había marchado al norte a combatir contra la 3ª Flota. Pero no fue así y David y Goliat se enfrentarían en alta mar.
Esta batalla tuvo lugar el 25 de octubre de 1944, siendo una de las batallas navales más épicas de la 2ª Guerra Mundial. A las 6:30 horas de la mañana, los japoneses abrieron fuego sobre el Taffy 3. Los poderosos cañones del Yamato comenzaron a entrar en acción. Los japoneses tenían que destruir a esos buques, los únicos barcos que protegían a los americanos en las playas de Leyte.


¿Y que hicieron los americanos? Los 6 pequeños portaaviones se situaron dentro de un círculo defensivo creado por los destructores, pues la principal prioridad de la flota americana era proteger los portaaviones. Viraron hacia el este para huir lejos de la flota japonesa. Hicieron despegar a todos sus aviones: 150 Wildcats y Avengers que lucharían contra los destructores y acorazados enemigos, consiguiendo impactos directos en varios buques enemigos a lo largo de la batalla.

Los destructores americanos crearon a continuación una barrera de humo protectora, formada a partir de la quema de botes de humo químico y fuel directamente en las chimeneas para crear humo negro. Esto ocultó la retirada de los portaaviones, pero expusó a los destructores al fuego enemigo.

El destructor más cercano a la fuerza japonesa era el USS Johnston al mando del Capitán de fragata Ernest Evans que no estaba dispuesto a esperar a que el enemigo atacara de nuevo. Decidió lanzar una ofensiva por su cuenta sin esperar ordenes. Desde luego, estaba claro que era una misión suicida, pero aún así sus hombres no protestaron y pusieron velocidad máxima hacia la flota de Kurita.

Su idea era lanzar un ataque con torpedos, pero para ello debía acercarse a 5 millas y media, pero la artillería naval japonesa podía alcanzar 5 ó 6 veces esa distancia. Los japoneses abrieron fuego desde una distancia inalcanzable para la artillería americana. Evans ordenó a su tripulación perseguir piques mientras el barco zigzagueaba huyendo de los disparos de la flota nipona. Esta es una táctica defensiva que consiste en navegar hacia las grandes columnas de agua producidas por los disparos de barcos enemigos, suponiendo que los artilleros no dispararan al mismo lugar.

Consiguió alcanzar las 10 millas, distancia de ataque para sus cañones. Abrió fuego sobre el crucero Kumano. En pocos minutos su batería lanzó unos 200 disparos. Sus proyectiles de 24 kilos acertaron en el barco japonés. En unos pocos minutos sus torpedos estuvieron listos.

El barco de Evans era un Destructor de 2.100 toneladas, especializado en cazar submarinos. Un barco que era llamado por los marineros "lata" por su falta de blindaje. El Kumano era 6 veces más grande, y estaba fuertemente blindado de proa a popa. El armamento superior del Kumano lo hacía imbatible. El Johnston solamente tenía 10 torpedos modelo 15 y 5 torretas de 12 centímetros. Continuó su trayectoria hasta situarse a distancia suficiente para disparar los torpedos, y a pesar de que varios barcos japoneses dispararon contra él, los artilleros japoneses fueron incapaces de impactar al rápido destructor. Disparó los torpedos y comenzó a alejarse. En pocos minutos se produjó una violenta explosión en la proa del Kumano. El crucero japonés había sido alcanzado y dañado. Con la proa seccionada, el barco herido se retiró del combate, y otro crucero le acompañó como escolta. En 10 minutos, la valiente acción de Evans había puesto fuera de combate a 2 cruceros.

Ahora se encontraba a 7 millas del acorazado Kongo, una distancia ideal para que este disparara. A las 7:30, el Kongo abrió fuego sobre el barco de Evans. Los proyectiles de 680 kilos atravesaron con suma facilidad la cubierta del USS Johnston y consiguieron acertar en la sala de maquinas. El barco vió su velocidad reducida a la mitad, convirtiéndose así en una presa fácil para los artilleros nipones.
Segundos después, otros proyectiles destrozaron el puente. Muy seguramente fueron disparos provenientes del Yamato. Este impacto paralizó las torretas porque eran electrónicas y eran dirigidas desde el puente. Evans estaba gravemente herido, pero a pesar de ello no cedió el control de la nave a otros oficiales. Con este trágico panorama, se dirigió al timón de popa para continuar con la gobernabilidad de la nave, aunque a su alrededor había heridos, sangre y metal quemado. Era una carnicería. Los equipos de reparación del barco milagrosamente consiguieron, a pesar del infierno que había a bordo, reparar dos de cinco torretas y continuar luchando.

A las 7:34, otro destructor americano, el destructor de escolta USS Samuel D. Roberts, un destructor de 1.250 toneladas, 2 cañones y 3 torpedos, entró en acción. El primer barco con el que luchó fue el Chokai, un barco el doble de largo, diez veces más pesado y muchísimo mejor armado si lo comparamos con el Roberts.

El Roberts pasó cerca del Johnston. Uno de los marineros del Roberts, Jack Yusen, recordaba años después en una entrevista, como vió en aquel momento al Capitán Evans en la cubierta de su barco, visión que le alentó:

«Allí en la popa estaba el capitán Evans dando órdenes, y cuando le vimos gritamos: ¡Mirad, es el Capitán Evans, Dios mío! Y cuando pasamos a su lado nos saludó. Hizó un rápido saludo militar a nuestro capitán».

Camuflado por el humo, el Roberts consiguió aproximarse a una distancia de solamente dos millas y media del Chokai. El Chokai disparó contra los americanos, pero estos se habían acercado tanto que no podían ajustar sus cañones, y los tiros de los artilleros pasaron por encima del destructor estadounidense. Dispararon sus 3 torpedos… ¡consiguiendo impactos directos en el crucero pesado! A continuación, atacó con lo que le quedaba, sus dos cañones de 12 centímetros que comenzaron a disparar a las partes más vulnerables del barco japonés.


Ya era imposible mantener el barco a flote, por lo que a las 9:45, Evans dió la orden de abandonar el barco. 25 minutos después, el destructor se hundió bajo las aguas del Pacífico. Se habían perdido 186 vidas, pero habían logrado lo imposible. Kurita ordenó regresar a casa y dar por terminada la misión pese a tener 20 barcos aún intactos: la determinación de pilotos y de las tripulaciones de 2 destructores habían salvado a MacArthur. La batalla de Samar había concluido. David había derrotado a Goliat. Hubo varios cientos de supervivientes, pero el destino de Evans nunca fue aclarado del todo. Algunos superviviente dicen que fue tiroteado desde los barcos japoneses, otros dicen que fue capaz de saltar en una balsa. Lo único cierto, es que estaba gravemente herido cuando ordenó abandonar el barco, y que no se encontraba entre los supervivientes rescatados. Evans sería condecorado con la Medalla del Honor a título póstumo por su contribución decisiva a la victoria en la batalla del Golfo de Leyte.

Biografía recogida en el libro CABALLEROS DE LA MEDALLA DEL HONOR.
Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

jueves, 22 de enero de 2015

- Rememorando VIII: El Barón Rojo, autobiografía (fragmento) -

Hoy recordamos al mejor piloto de todos los tiempos, Manfred Von Ritchthofen, más conocido por todos como el Barón Rojo, el mayor as de la Primera Guerra Mundial y el piloto de combate más famoso de la Historia. Antes de morir escribió parte de su biografía en un pequeño libro, del cual hoy recogemos unas breves notas del mismo.


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Autobiografía de MANFRED VON RICHTHOFEN, el Barón Rojo.Traducido y adaptado por Juan Carlos Sánchez Clemares.

SOBRE MI FAMILIA



Mi familia, la familia Richthofen, nunca ha poseído gran tradición militar, pues fueron personas de la tierra, que gustaban trabajar los campos y apenas se aventuraron a salir más allá de las tierras colindantes a sus dominios. Hubo unos pocos Richthofen que lo hicieron, para estudiar en la Universidad y ocupar cargos en el Estado, pero fueron los menos. Mi abuelo, así como sus antepasados, vivía en sus posesiones situadas entre Breslau y Striegau[1]. Que yo sepa, sólo hubo un antepasado en la generación de mi abuelo, un primo, que fue general. Sería el primer militar de la familia Richthofen.
Algo parecido ocurrió en la familia de mi madre, de nombre von Schikfuss y Neudorf. Muchos colonos y terratenientes, pero pocos militares, y los que hubo apenas sobresalieron. El hermano de mi bisabuelo Schikfuss murió en combate en el año 1806[2].
Durante la revolución del año 1848[3] fue incendiado y reducido a cenizas un hermoso castillo que pertenecía a los Schikfuss. Pero con todo, el mayor rango a que llegaría jamás un miembro de la familia Schikfuss sería de capitán de la caballería en reserva.
En la familia Schikfuss, como en la Falckenhaussen, que era donde pertenecía mi abuela, practicaban únicamente dos aficiones, si bien ambas con gran pasión: los primeros eran muy aficionados a la caza y los segundos a los caballos. Mi tío Alejandro Schikfuss, hermano de mi madre, viajó mucho alrededor del mundo y pudo practicar la caza en diferentes países: África, Noruega, Ceilán, Hungría…
Mi padre fue el primero de la familia en iniciar una vida militar. Ingresó muy joven en la Academia Militar, de donde salió para incorporarse a las filas de Ulanos[4] número 12. Mi padre fue un militar abnegado, disciplinado y valiente. Se vio obligado a pedir el retiro por anticipado por un accidente. Se quedó sordo debido a que durante el baño a los caballos en un río, uno de sus hombres a punto estuvo de morir ahogado. Mi padre le salvó, pero como no podía abandonar su puesto, estuvo toda la noche a la intemperie soportando el frío y la humedad, de ahí la sordera.
En la actualidad, los Richthofen han asumido la vida militar y lo contemplan como algo normal. En tiempos de guerra, todos los Richthofen que son aptos para luchar se encuentran bajo la bandera del país. Es por esto que al principio de la actual contienda ya he perdido a seis primos de parentesco más o menos cercano; todos ellos pertenecían a regimientos de Caballería.
Mi nombre de Manfred me viene en recuerdo de mi tío abuelo del mismo nombre, quien desempeñó en tiempo de paz el cargo de ayudante de Su Majestad y comandante de la Garde du Corps[5], siendo durante la guerra coronel de un regimiento de Caballería.
Voy a hablar un poco de mi juventud. Cuando nací mi padre estaba destinado al Regimiento de Coraceros[6] nº 1, con guarnición en Breslau. Mi familia vivía en Kleinburg. No fui al colegio de pequeño, sino que hasta los nueve años tutores me dieron clases particulares en casa. Luego marché a un colegio en Schweidnitz[7], y más tarde ingresé como cadete en Wahlstaff[8]. Los vecinos de Schweidnitz me extrañaron mucho, ya que me consideraban como uno de los suyos. Fui instruido en el Cuerpo de Cadetes para ingresar, siguiendo la tradición militar, en algún regimiento de Caballería. Por tanto, fui destinado al Regimiento de Ulanos nº 1.
Lo que desde ese momento hasta ahora acontece en mi vida está escrito en este libro.
Mi hermano Lothar es el otro miembro de la familia dedicado a la aviación. Por su valor y hazañas ha sido recompensado con la cruz Pour le mérite. Mi hermano menor, que todavía es cadete, espera con impaciencia, típica de la juventud, poder ingresar en la aviación. Mi hermana, así como todas las señoras de mi familia, se ocupan de cuidar y atender a los heridos.

1903-1909 en Wahlstatt y 1909-1911 en Lichterfelde; siendo cadete.
Cuando finalicé el sexto año de bachillerato me vi obligado a ingresar como cadete en al Academia, algo que realmente no deseaba, pero fue decisión de mi padre y, por tanto, ni tan siquiera me lo consultaron.
Siendo tan joven, la severa disciplina y el duro orden impuestos en la Academia me resultaron muy difíciles de soportar. Además, no tenía gran afición a los estudios, pues nunca había destacado en ellos. No es que sea poco apto, pero siempre he procurado estudiar lo justo para aprobar, nada más. Mis técnicas de estudios se basaban en estudiar días antes y procurar aprobar por la mínima nota. Ante esto, no poseía suficiente ambición para llegar en la Academia con la intención de convertirme en un estudiante modelo de buenas notas; ni tan siquiera creía que mis trabajos merecieran un aprobado. Lógicamente, no me convertí en el favorito de los profesores y no me tuvieron excesivo aprecio. A cambio, todas las asignaturas que se basaran en el aspecto físico fueron de mi agrado: la gimnasio, el fútbol… No existía ejercicio, por muy difícil que pareciera, que no practicara con entusiasmo, sobre todo el trapecio, donde logré conseguir varios premios que me fueron entregados por el comandante.
También me atraían las situaciones de peligro. En una ocasión, y en compañía de mi amigo Frankenberg, por motivos de una apuesta, subí al tejado de una iglesia con una torre bien famosa en la región de Wahlstatt, por donde gateé hasta alcanzar el pararrayos, donde até un pañuelo en la punta para dejar constancia de mi hazaña. Todavía recuerdo lo difícil que me fue caminar por las escurridizas tejas de pizarra. Diez años más tarde, mientras visitaba a mi hermano pequeño, pasé por la iglesia y pude descubrir que el pañuelo seguía atado en la punta del pararrayos. Por cierto, mi querido amigo Frankenberg fue una de las primeras víctimas de la guerra.
En Lichterfelde[9] me encontré más a gusto. No era una institución tan rígida como la anterior, tenía más contacto con el mundo exterior y ese me alegró mucho, ya que comencé a vivir la vida de forma más intensa. Mis mejores recuerdos de esa época son los referentes a los campeonatos de atletismo, donde en varios de ellos luché en ocasiones en contra del Príncipe Federico Carlos y en otras a su lado. El Príncipe ganó varios premios, pero era porque estaba mejor entrenado que yo tanto en carreras campo a través como en fútbol.

Pascua de 1911; el ingreso en el ejército.
Lograr entrar con tal rapidez en el ejército me pareció como un sueño, no lo podía creer. Obtuve el primer puesto en el examen para ser portaestandarte y me asignaron al Regimiento de Ulanos nº 1, llamado “Rey Alejandro III[10]”; ser portaestandarte era un gran honor. Gracias a mis buenas notas pude escoger regimiento, y escogí ese porque se encontraba acantonado en mi querida Silesia y también porque algunos amigos y parientes me lo aconsejaron.
Me encantó servir en dicho regimiento. No había duda de que para un joven como yo el mejor destino era la Caballería. Del tiempo que estuve en la Escuela Militar tengo poco que decir, ya que se pareció demasiado a mi época de cadete y por eso no guardo buen recuerdo.
Como anécdota a reseñar de mi estancia allí, decir que uno de mis profesores de la Escuela Militar compró una yegua que se suponía tenía quince años, pero en realidad era mucho más vieja y tenía las patas demasiado gruesas. El animal se llamaba Biffy. No obstante, la yegua saltaba muy bien y yo mismo la monté varias veces. Un año más tarde, ya con el regimiento, me contó el capitán von Tr.[11], que era gran deportista y amante de los caballos, que se había comprado un animal que era bastante torpe en el momento de saltar.
Todos sentíamos gran curiosidad por ver a tan torpe animal, que llevaba el nombre poco común de Biffy. Yo ya no me acordaba de la vieja yegua de mi profesor de la Escuela Militar, así que no me di cuenta del detalle del nombre. Por fin logré ver un día al caballo, y cual no sería mi asombro al descubrir que no era un caballo, sino una yegua, la vieja Biffy, que antaño perteneciera a mi profesor de la Escuela. Durante ese tiempo la yegua había cambiado de amo en varias ocasionas, hasta que von Tr. la adquirió a mi profesor de la Escuela por 3.500 marcos; mi profesor la compró por 1.500 marcos. El animal había cambiado bastante y ya no era ese portento saltando. Von Tr. compró a la yegua porque pensaba, o le dijeron, que tenía ocho años[12]. Por supuesto, Biffy ya no logró ganar ningún campeonato de salto y von Tr. la vendió como caballo de guerra. Mataron al animal al principio de la guerra.


Esto es un fragmento de la autobiografía del famoso “Barón Rojo” que podrás leer en su totalidad en el libro CABALLEROS DE LA POUR LE MÉRITE de próxima publicación por Ediciones Medea. Autores Juan Carlos Sánchez Clemares (autor de los libros CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO DIAMANTES DE LA CRUZ DE HIERRO y la trilogía de novela histórica CRÓNICAS DE UN CONQUISTADOR) y J. A. Márquez Periano (autor, entre otros libros, de CABALLEROS DE LA MEDALLA DEL CONGRESO)


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NOTAS AL PIE
[1] Ambas ciudades están actualmente en la Baja Silesia en Polonia, en el suroeste del país.
[2] Posiblemente peleando contra las tropas napoleónicas que invadieron el por entonces Sacro Imperio Romano Germánico y que hizo que dicho imperio se disolviera para siempre.
[3] Conocida como La primavera de los pueblos o el Año de las Revoluciones. Una serie de revueltas populares que se generalizaron en Europa con rapidez y brevedad. En Alemania fue conocido como la Revolución de marzo, donde se pedía acabar con el régimen de la nobleza, establecer un parlamento, libertad de prensa y opinión. En parte el pueblo consiguió sus propósitos, aunque no los principales.
[4] Dichos regimientos se llamaban así por la lanza, que los polacos volvieron a poner de moda en Europa. La lanza “ulana” podía ser llevada tanto por regimientos de infantería en apretados cuadros, como por caballería, como lo fue en el caso de Alemania.
[5] Cuerpo de elite de coraceros.
[6] Jinetes armados con sables y protegidos con corazas y cascos. Caballería pesada, pero que ya era totalmente obsoleta en la guerra como tristemente pasó. Aún así, los generales se empeñaban en seguir cargando con caballería contra ametralladoras y fusiles.
[7] Actualmente situada en la Baja Silesia, en Polonia.
[8] De igual modo, se encuentra en la Baja Silesia. De esta ciudad surgió el general alemán que intervino en la batalla de Waterloo contribuyendo decisivamente a la derrota de Napoleón, el príncipe Gebhard Leberecht von Blücher
[9] Barrio de Berlín situado en el distrito de Steglitz-Zehlendorf. Es un barrio muy famoso por sus chalets del siglo XIX y sus grandes arboledas. En tiempos del Barón Rojo era además una zona exclusiva de la ciudad para gente pudiente.
[10] Von Richthofen era bastante vago en sus escritos. El nombre del regimiento “Rey Alejandro III” es muy dado a confusión. ¿A qué rey daba nombre el regimiento? ¿Al Rey macedonio Alejandro III del 356 a. C. al 323 a. C., o al emperador Alejandro III del Imperio Bizantino entre 912 y 913? No son demasiado factibles el resto de opciones: Alejandro III de Escocia (1241-1286) y el zar Alejandro III (1881-1894).
[11] No se sabe a que oficial nombra, tal vez no lo menta por no añadir burla por el asunto de la anécdota del caballo.
[12] Lo que nos hace sospechar que o bien el profesor de la Escuela fue muy hábil para hacer pasar a un animal mayor por joven, o que von Tr. no era tan gran experto en caballos como era al parecer.