sábado, 25 de octubre de 2014

- Héroes olvidados XXVI: La carga de caballería más famosa de la Historia -


Estimados amigos,

     Hoy se cumplen 160 años de la carga de caballería más famosa de la Historia moderna, incluso más que la famosa carga de caballería polaca a los tanques alemanes durante la 2ª Guerra Mundial, aunque esta última tengo más de mítica que de real. Hoy hablamos de la famosa carga de caballería ligera británica en la Guerra de Crimea.


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     Volviendo a esta épica carga, primero habría que ponerse en situación Estamos en la península de Crimea, un 25 de octubre de 1854. Es el inicio de la llamada Batalla de Balaclava. Por un lado Reino Unido, el Imperio Otomano y Francia contra el poderoso Imperio Ruso de los zares. La ciudad de Sebastopol estaba siendo asediada por fuerzas aliadas (especialmente por unidades francesas) por lo que el Imperio Ruso decidió enviar unidades para aliviar el cerco a la misma y es por eso que ambos ejércitos se vieron las caras en la mencionada batalla. 

     Los rusos se habían perfectamente preparado tomando las posiciones más elevadas del valle y allí fueron apostando sus cañones y varias unidades de infantería para cubrir los cañones. En ese momento tuvo lugar una de las dos acciones más memorables de aquella batalla, la famosa, desastrosa y estéril carga de caballería ligera, la "carga del infierno".

     En el campo de batalla se vieron como los rusos comenzaron a retirar algunos cañones en una de las colinas y el general Lord Raglan ordenó que debían tomarse "aquellos cañones", y ordenó a viva voz al capitán Louis Edward Nolan, un reputado oficial de caballería, experto táctico de caballería y responsable del diseño de las sillas de montar británicas que utilizaba la caballería británica en ese momento. 

     El capitán Nolan remitió la orden a su superior y responsable del cuerpo de Caballería, el General Lord Lucan. Sería esteríl detallar la confusión de la orden que llevó a Lord Lucan (oficial responsable de la caballería ligera) o Lord Cardigan (máximo responsable de las fuerzas de caballería) y como podéis ver incluso en este nimio detalle las fuentes difieren en este dato. La orden:  atacar el centro de las fuerzas enemigas, cabalgando 1,5 kilómetros a campo descubierto para tomar la posición y sus cañones. Lo único claro es que hubo una ardua discusión entre Nolan y su superior tratando de aclarar las órdenes e independientemente de quien fuera el responsable del error, el resultado fue el siguiente:

     El 4º y el 13º Regimiento de Dragones Ligeros, el 17º Regimiento de Lanceros, el 8º y el 11º Regimiento de Húsares cargarían junto con la Brigada pesada pesada (es decir la práctica totalidad de las fuerzas de caballería británicas en el campo de batalla) a tomar los cañones del centro de los cuadros rusos al fondo del valle de un kilómetro y medio de profundidad. 

     Habría sido digno de ver como los oficiales y soldados de caballería se subían a sus caballos y comenzaban a cabalgar al paso, lentamente, mientras los rusos comenzaban a abrir fuego en todas las direcciones para acabar con ellos. De hecho, y curiosamente, el primero en morir fue el capitán Nolan al recibir un impacto de metralla de cañón que le atravesó el pecho y le descabalgó de la silla, cayendo ya muerto al suelo. Los británicos continuaron avanzando y cada vez más caballos corrían sin sus jinetes, mientras que las unidades seguían en perfecta formación, a pesar de las bajas, los disparos y los cañones que no paraban de disparar contra ellos.

     Pronto se dio la orden de avanzar al trote, y los oficiales y soldados supervivientes azuzaron sus caballos para avanzar más rápidamente, acorde con la instrucción militar que habían recibido, mientras, como digo, seguían recibiendo fuego por todas partes (hay que recordar que no podían devolver el fuego dado que principalmente la caballería iba armada con sables de caballería y lanzas). Finalmente tras lo que parecía casi una eternindad los oficiales gritaron cargar contra las lineas rusas y como si de un milagro se tratará los supervivientes llegaron a los cañones rusos dispuestos al final del valle, rompiendo las lineas rusas. Pero esa victoria duró apenas unos instantes, dado que allí les esperaba la flor y nata de la caballería rusa, los temibles cosacos que superaban a los supervivientes en un 5 a 1. La lucha fue corta y atroz, y la ayuda en otros sectores del frente de los franceses pudieron hacer que los supervivientes se retiraran. 

     Y eso fue todo. Una carga estéril y una acción que solamente duró unos 20 minutos. Una orden mal dada, mal entendida o quizás debido a la rivalidad existente entre la alta oficialidad británica en ese momento hizo que esta carga de caballería fuera posible. En muchos lugares se puede leer que prácticamente los 600 integrantes británicos murieron y sus regimientos fueron exterminados, cuando no fue así realmente: 110 muertos, entre 130 y 160 heridos y unos 58 desaparecidos. Ese es el balance total, es decir, menos del 50% de bajas.

     Este episodio pasó a la posteridad en los anales militares y es puesto de ejemplo de como una mala orden dictada por un superior o su entendimiento puede acabar en desastre. El poeta Alfred Tennyson se encargaría de inmortalizar este hecho heroico en uno de los poemas victorianos más famosos del siglo XIX, convirtiendo así la realidad en mito, y el mito en leyenda. Quien no ha oido eso de "Por el valle de la Muerte Cabalgan los 600...".

- Poema recitado por Naia Estibaliz -

     Debo decir que yo "crecí", por llamarlo de alguna forma con este poema. En mi colegio había una pequeña biblioteca en mi clase de primaria (tendría yo entre 5 y 10 años) y teníamos un pequeño libro con comadrejas y ratones que eran los jinetes de las mismas, vestidos con los vivos uniformes de los oficiales de caballería británicos. El poema de Tennyson estaba escrito en aquellas páginas de un pequeño libro con bellas ilustraciones de ratones y comadrejas. Llegué a aprenderme el poema por pura pasión. No lo entendía muy bien, aún era muy pequeño, pero comprendía en parte la épica de aquellas palabras. Tal vez aquel poema me empujara, tal vez sin quererlo, a ser uno de los pocos divulgadores militares de ese país de pandereta llamado España.





viernes, 24 de octubre de 2014

- Heroes tanquistas II: Orlik, el mejor tanquista polaco de la Historia




Hola amigos,


     Hoy os traigo algunos fragmentos de la biografía del Mejor tanquista polaco de la 2ª Guerra Mundial, cuya biografía ya apareció en mi obra "Héroes blindados de la 2ª Guerra Mundial". Así que sin más dilación hablemos de este héroe tan particular.

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Orlik, Roman Edmund. La Segunda Guerra Mundial comenzó con la Invasión de Polonia por parte del ejército alemán el 1 de septiembre de 1939, conquistando el país en solamente en un mes, en una impresionante campaña que sorprendería a toda Europa con la  llamada Guerra Relámpago.
También es un hecho que los polacos cometieron una gran cantidad de errores tácticos que les acabaría costando una desastrosa derrota contra Alemania y la Unión Soviética (dado que hay que recordar que el país fue atacado por las dos potencias). Pero, a pesar de estos errores los polacos opusieron una heróica resistencia digna de respeto y admiración, algunas cargadas de leyenda, como la carga de caballería contra los tanques alemanes, y otras más reales, como las acciones de Roman Edmund Orlik.

El 26 de agosto se alistó en el ejército polaco. Pero no lo haría en 1937, cuando ingresó en la Universidad, sino en 1939, es decir… apenas una semana antes del inicio de la 2ª Guerra Mundial.
Sus conocimientos adquiridos durante sus primeros años de Universidad le proporcionaron el título de sargento y se le nombró comandante de un tanque TKS armado únicamente con una ametralladora de 20 milímetros, ese era todo su armamento. Los tanques TKS eran tanques muy ligeros, de apenas 3 toneladas y con un blindaje ridículo que variaba entre los 3 y 10 milímetros. Con solamente dos tripulantes podía alcanzar velocidades cercanas a los 40 kilómetros, por lo que era utilizado principalmente como vehículos de exploración. 

Por lo tanto tenemos al joven Orlik de 21 años de edad con el grado de sargento, comandante de un tanque de exploración y miembro del pelotón de reconocimiento del 71º Batallón de la Brigada de Caballería de la ciudad de Wielkopolska (71 Dywizjon Pancerny, Pol. Wielkopolska Brygada Kawalerii).
Su entrenamiento fue realmente precario, dado que solamente tuvo unos pocos días para entender el funcionamiento de su vehículo acorazado, algunas breves instrucciones y eso fue todo, dado que la guerra comenzó unos pocos días después. Prácticamente podemos decir que pasó de la vida civil a combatir inmediatamente. ¡Un hecho increíble!


El 14 de septiembre de 1939, su unidad tuvo enfrentamientos contra el 36º Regimiento de la 4ª División Panzer de la Wehrmacht. Durante el intercambio de disparos en esta intensa batalla Orlik conseguiría destruir a tres tanques enemigos, muy seguramente Panzer I o Panzer II. 


El 18 de septiembre Orlik se encontraba explorando la zona cercana del bosque Kampinos al oeste de Varsovia junto con otros dos tanques del tipo TK. Hay que mencionar de nuevo que los tres tanques iban equipados únicamente con ametralladoras de 20 milímetros. De pronto Orlik ordenó detenerse a los tres tanques. ¿Qué era aquel ruido que escuchaba en la lejanía? El sargento lo reconoció rápidamente, era el claro sonido de tanques enemigos. Rápidamente ordenó a los otros dos tanques que buscaran protección mientras que él maniobró su tanque para buscar un lugar en el que poder realizar una emboscada con su pequeño tanque TK. Encontró una posición ventajosa dentro del bosque, por lo que allí se apostó a esperar a los alemanes. De pronto emergieron tres tanques alemanes acompañados de otra cantidad indeterminadas de vehículos del 11º Regimiento Panzer que formaba parte de la 6ª División Panzer. En este punto las fuentes no se pueden de acuerdo con el tipo de tanques que aparecieron a los ojos de Orlik, aunque es cierto que se encontró con un Panzer IV Ausf. B y posiblemente dos Panzer PzKpfw 35 (t), dado que los tanques más ligeros (Panzer I o Panzer II) no eran usados para escoltar convoyes. La presencia del Panzer IV Ausf. B está confirmada, dado que su destrucción está acreditada con fotos dada la importancia del oficial que estaba al cargo del mismo tal y como veremos a continuación. Cuando el convoy enemigo pasaba cerca de él decidió atacar a los tanques alemanes. En una rápida maniobra y aprovechando la sorpresa y los 40 kilómetros de velocidad punta de su tanque atacó a la columna. Fueron varios minutos de sorpresa para los alemanes que no supieron reaccionar a tiempo, así como la descoordinación total de los tres tanques y vehículos blindados que comenzaron a huir ante el ataque enemigo que seguramente consideraron como el ataque de varias unidades enemigas a raíz de su desorganización completa. A pesar de la superioridad alemana, los tres tanques fueron destruidos con certeros disparos en puntos débiles y varias explosiones de munición de tiros afortunados acabaron destruyendo a los tres tanques enemigos y a una cantidad indeterminada de vehículos enemigos. 

A pesar de que los alemanes también dispararon a Orlik, la velocidad del tanque, así como los nervios de acero de Orlik y su conductor, salvaron la situación sin un sufrir un solo rasguño. Hay que decir en este caso que fue el propio Orlik quien es responsable directo de la destrucción de los tanques, dado que también era artillero-cargador, dado que hay que recordar que el tanque solamente tenía dos tripulantes. Otro hecho que los historiadores polacos destacan es que el Comandante del Panzer IV destruido que murió en la acción era un príncipe alemán llamado Wiktor IV Albrecht von Ratibor.

Si te ha interesado este fragmento de su biografía no dudes con hacerte con un ejemplar de Héroes tanquistas de la 2ª Guerra Mundial, muy pronto disponible en Amazon.

jueves, 23 de octubre de 2014

Mis héroes favoritos XIII: "El Rambo" de las Waffen-SS, Fritz Christen




Estimados amigos,

     Hoy quiero hablaros de un intrépido héroe alemán de la 2ª Guerra Mundial, y no de mis favoritos, dicho sea de paso, de las Waffen-SS por el tremendo valor y esfuerzo realizado durante su impresionante gesta que acabaría valiéndole la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro, tal y como se aprecía en la fotografía de más arriba. De hecho, tal acción de combate ha hecho que le titulé "El Rambo" de las Waffen-SS en mi próximo libro sobre héroes de las Waffen-SS que estoy preparando, ¡no paro!


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Christen, Fritz, nacido en la pequeña ciudad de Wredenhagen el 29 de junio de 1921. Su ciudad, enclavada en el estado alemán de Mecklenburg-Vorpommern era una minúscula ciudad de agricultores donde toda la vida de los integrantes de la comunidad giraba en torno a la iglesia local. En este ambiente tan tranquilo y acogedor, ajeno a las crisis nacionales creció el futuro héroe de guerra, en un acogedor hogar.

Las tensiones de los años siguientes y el cambio social en Alemania no fue ajena para la pequeña comunidad de Christen, por lo que muy pronto, quizás a temprana edad se alistara a las juventudes hitlerianas. No es de extrañar que el muchacho de pueblo se dejara impresionar por los impolutos uniformes y férrea moral de los futuros soldados que formarían el núcleo duro de las futuras fuerzas de élite del Tercer Reich, las Waffen-SS.
No sabemos cuando pasó a formar parte de las Waffen-SS, pero fue inmediatamente aceptado gracias a tu porte ario, su elevada altura (medía más de metro setenta y cinco), su pelo rubio y sus profundos ojos azules, ojos cegados por el fanatismo al nazismo y al cuerpo de élite del que pasó a formar parte.  Seguramente engrosaría dicha formación en  torno a 1939, es decir a la edad de 17 u 18 años. Muy seguramente pasaría a formar parte de su unidad, la División Totenkopf en torno a mediados de octubre de 1939 (la unidad se forma el 16 de octubre de 1939) por lo que es casi seguro que pasó a formar parte del II regimiento Brandenburg, dado que este tenía su sede en Oranineburg-Sachsenhausen, no muy lejos de su lugar de nacimiento.

¿Pero en que se especializó? No hay duda de que Christen fue al principio un mero soldado de infantería, dado que la División Totenkopf no se convertiría en una división de Panzergranadier blindada hasta 1941, año en la que empezaría la Operación Barbarroja.
De mero soldado, ya condecorado con la Cruz de Hierro de 2ª Clase y, extrañamente, sin haber resultado nunca herido en combate gracias quizás a su fortuna, a pesar de haber combatido en Polonia y Francia, recibió varios cursos de adiestramiento para convertirse en apuntador de una pieza artillera, un poderoso cañón Pak de 50 milímetros (5 cm Panzerabwehrkanone 38), formando parte de la 2ª Compañía de una unidad antitanque de apoyo a la División.

Son las primeras horas del 24 de septiembre de 1941, amaneciendo un día más sobre la fría estepa rusa. La temible unidad de Christen se ha adentrado en territorio enemigo, y nuestro protagonista tiene cosidos en las mangas de su uniforme los galones que le delatan como un SS-Unterscharfuhrer, es decir, cabo. Las unidades alemanas avanzan mientras que varias piezas disparan. En esas piezas está la pieza en la que Fritz forma parte de una dotación que dispara sin cesar a las fuerzas soviéticas, compuesta por soldados y varios tanques que arremeten contra el imparable avance alemán al norte de la aldea de Lushno. Pronto el avance alemán se detiene y la vanguardia huye en masa mientras que las piezas antitanque continúan disparando sin cesar. De pronto, varias explosiones y disparos aturden momentáneamente a Christen cuando varias bombas procedentes de varios aviones y de los tanques enemigos impactan cerca de su posición. Todo está cubierto por el humo negro de vehículos ardiendo, el humo de las explosiones y los sonidos silbantes de balas que viajan en todas direcciones. Está ligeramente conmocionado debido a una explosión cercana. Está herido pero son todos cortes superficiales. Cuando logra recuperar el control un rápido vistazo al resto de miembros de su dotación le hace despertar: <todos sus compañeros están muertos>. Delante de él varios tanques avanzan, así como varios pelotones de soldados que disparan sin cesar a todo lo que tienen delante. Otras piezas antitanque son también puestas fuera de combate. Sin tiempo para pensar Fritz comienza a cargar y a disparar su pieza antitanque, que pese a los impactos aún parece operativa.

Fritz dispara sin cesar durante la primera hora, consiguiendo destruir a uno o dos tanques y deteniendo casi de forma milagrosa al enemigo. A su alrededor solamente hay piezas de artillería destruidas y la mayor parte de los compañeros de su unidad muertos a su alrededor. Varios disparos más disuaden momentáneamente al enemigo para que avance, por lo que rápidamente el valiente cabo comienza a acumular a su alrededor la mayor cantidad posible de munición. ¿Huir? Indudablemente no es una palabra que esté en su vocabulario. Fritz Christen es un miembro de las Waffen-SS, y la retirada no es una opción, independientemente de las circunstancias. Un lema recorre sus labios una y otra vez, casi como un leve susurro, que obviamente se ve apagado por las explosiones y los disparos: Meine Ehre heißt Treue (N. del T. : “Mi honor es mi lealtad”), el lema de las Waffen-SS. Continuó su lucha en solitario mientras era acosado por fuego de armas ligeras, fuego de mortero y varios tanques. Continuando sin parar continuó disparando su arma antitanque, impactando en los tanques soviéticos y poniéndolos fuera de combate.

El día llegaba a su fin y tras de sí los soviéticos habían dejado decenas de muertos y 6 tanques destruidos a manos de nuestro impresionante héroe de guerra. Sin munición y sin suministros, Fritz abandonó su posición al amparo de la oscuridad. ¿Y qué creéis que hizo? Pues NO, no huyo, sino que aprovechó la noche para recoger más municiones y estar preparado para seguir defendiendo su posición a toda costa, a pesar de que estuvo prácticamente la totalidad del día luchando en solitario, defendiendo aquella posición. ¿Por qué tal tenacidad? Muy sencillo, sus órdenes habían sido claras: proteger aquella posición, lugar que seguiría defendiendo hasta sus últimas consecuencias.

El día volvía de nuevo sobre aquel rincón de la inmensa Rusia. Los primeros rayos del sol volvían a golpear la faz de Fritz, que ya estaba preparado para la siguiente acometida de las tropas soviéticas que de nuevo, con las luces del alba, se lanzaron al ataque. Varias decenas de soldados, apoyados por varios tanques y fuego de mortero se lanzaban a destruir aquel sector del frente. ¿Cuántos hombres alemanes habría aún allí defendiendo aquella posición? Los soviéticos desconocían que ante ellos solamente quedaba un hombre, un héroe de guerra con su pieza antitanque.

El intercambio de disparos continuó durante todo el día mientras que las tropas soviéticas avanzaban contra la débil posición alemana, pero a pesar de los disparos, a pesar de la clara superioridad soviética, Fritz continuó disparando  y disparando, cargando, apuntando y disparando su pieza antitanque una y otra vez. Ennegrecido por el humo y pese a la fatiga, el hambre y la sed continuó en su puesto durante aquellas largas horas diurnas. De nuevo la noche caía sobre el campo de batalla, y los soviéticos dejaban atrás al menos otros 10 tanques destruidos y decenas de muertos, y de nuevo, habían sido incapaces de tomar aquella posición… defendida por un único hombre… durante otros dos días de duros combates.

Las primeras luces del alba trajeron consigo la llegada de unidades de las Waffen-SS que se desplegaron en la zona que habían perdido dos días atrás. No esperaban encontrar supervivientes, pero allí, apoyado en su cañón y con gesto cansado les esperaba Fritz. Al menos 16 tanques y más de 100 hombres habían sido eliminados durante aquellos tres días de intensa lucha. Los soldados curtidos que llegaron a aquel lugar del Frente no podían explicar como un solo hombre había podido detener a cientos de soldados soviéticos, a decenas de carros blindados y hacerlos huir… pero no importaba porque lo estaban viendo con sus propios ojos.


Ese mismo 27 de septiembre, el SS-Obergruppenführer Theodor Eicke, el general de la División, prendía en su pecho la codiciada Cruz de Hierro de Primera Clase, pero además le recomendó inmediatamente para ser condecorado con la condecoración más importante de la Alemania Nazi, la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. Fue rápidamente mandado llamar a Rastemburg, el cuartel general de Hitler, donde un agradecido Führer le condecoraba con la Cruz de Caballero en una recepción oficial.

- Momento en el que Christen recibe la Cruz de Caballero de manos de Adolf Hitler -

     De esta forma se convertía en el primer soldado de baja graduaciónde su unidad en conseguir tan impotante condecoración. Regresó a su unidad donde continuaría luchando en el Frente del Este hasta mayo de 1945, rindiéndose a tropas norteamericanas junto a lo que quedaba de su unidad en Checoslovaquía. Allí los americanos le entregarían al Ejército Rojo, donde fue duramente tratado junto con el resto de sus compañeros en los gulags de Siberia. Muchos de sus compañeros no sobrevivirían a tan duro confinamiento, pero él conseguía la libertad tras varios acuerdos diplomáticos en 1955. Tuvo una vida tranquila hasta su óbito en 1995.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Criticas: Película "Fury" (Corazones de Acero) y Lafayette G. Pool.



Estimados amigos,

     Ayer tuve la ocasión de ver en un Pre-Estreno especial la Película de Fury ("Corazones de Acero" en España), y la verdad es que salí bastante desencantado, casí con los ojos llorosos por lo que la película pretendía significar, y lo que para mi representó... el olvido de uno de los mayores ases de guerra de la 2ª Guerra Mundial a bordo de un M4 Sherman.

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     Dicho esto, ¿por qué salí tan deprimido de la película? Aparte de detectar errores bastante achacables a la ignorancia de los Historiadores Militares de la película (condecoraciones alemanas fuera de lugar especialmente), y otros errores bastante llamativos con respecto a la pelea de los Shermans contra el único Tiger I que aparece en la película. Al menos se ha utilizado un tanque alemán real, el único Tiger I operativo hasta la fecha, el del Museo de blindados de Bovignton.

      Después de ver la película llegaréis a la misma conclusión, que la pelea más interesante de tanques de "Fury" podría haber sido más heroíca, pero bueno... Me voy a centrar el que para mi ha sido el mayor error de la película: utilizar la figura de Lafayette G. Pool como inspiración al director para crear el personaje de Brad Pitt.

     Las similitudes con el extraordinario héroe son más que llamativas: ambos poseen el mismo rango, ambos tienen el mismo "nick" (Wardadday), ambos son "duros" y muy mal hablados.


- El retrato más famoso de Lafayette G. Pool -

     Quizás otro dato curioso es el acento forzado de Pitt a lo largo de la película, tratando de imitar (desde mi humilde punto de vista) el acento tejano de tan importante héroe de guerra.  Para conocer un poco más a este extraordinario héroe de guerra sugiero leerse las siguientes anécdotas en torno a su vida o acudir a mi obra "HÉROES TANQUISTAS DE LA 2ª GUERRA MUNDIAL" en que detallé por primera vez en español la vida de este héroe de guerra en nuestro idioma:


     No hay duda que la película está basada en gran medida en las memorias nunca publicadas de Pool o que al menos ha servido de clara inspiración para "Fury". ¿No hubiera sido mejor hacer un film con sus memorias? Desde luego habría resultado mucho más interesante que una crítica velada a la barbaríe de la 2ª Guerra Mundial que es "Corazones de Acero".

     Al menos, esta noche he rendido homenaje al tanquista más importante del bando aliado durante la 2ª Guerra Mundial. Dicen que el tiempo pone a la gente en su sitio, pero por desgracia en este caso, el paso del tiempo ha relegado al olvido a este militar de impoluto expediente.




martes, 21 de octubre de 2014

Falsos héroes I: Heinz Thorvald, o el francotirador alemán que nunca existió.


Estimados amigos,

     Comenzamos una nueva sección en el blog con "Falsos héroes" en los que hablaremos de algunas leyendas y falsos héroes de la Historia. En primer lugar hablaremos del imaginario francotirador inventado por Vasili Záitsev durante la Batalla de Stalingrado.

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Thorvald, Heinz, también llamado König, Erwin. El mundo del cine ha hecho mucho daño al extenso conocimiento que la gente tiene sobre muchos acontecimientos de la humanidad y la 2ª Guerra Mundial no es ajena a las falsedades y mentiras que el celuloide ha hecho creer a miles de personas a lo largo de toda su vida.

Una de las batallas más épicas del conflicto que nos ocupa fue la Batalla de Stalingrado donde el ejército alemán era por fin derrotado en Rusia, sufriendo así su primera gran derrota en el Frente Oriental. Uno de los aspectos más brutales y heroicos de esta batalla fue sin duda la importancia de los francotiradores soviéticos durante la lucha entre las fuerzas alemanas y soviéticas en los escombros de la ciudad sitiada. En aquella época se hizo muy importante levantar la escasa moral de los soldados del ejército rojo que combatían contra un enemigo que consideraban invencible y esto fue posible gracias a la propaganda.

El servicio de inteligencia del ejército rojo conocía de buena tinta la importancia de la propaganda en el pueblo y en sus soldados, pues no en vano los alemanes se habían convertido en los maestros de la misma tiempo atrás. Imitando el modelo alemán los soviéticos comenzaron a editar folletos y periódicos entre la tropa, comentado las hazañas de los héroes de la madre patria que luchaban contra el peligroso y cruel enemigo nazi que trataba de conquistar Rusia.

La figura militar soviética más importante que ganó fama entre aquellas ruinas ensangrentadas fue el francotirador soviético Vasili Záitsev, el cual se especializó en abatir a oficiales alemanes.
Engrandecer la figura de Záitsev era relativamente fácil. Bastaban con exagerar el número de enemigos eliminados, por lo que las abultadas cifras de muertos causadas por el experto tirador fueron infladas y hoy en día muchos creen a pies juntillas que mató a cientos de personas… algo completamente erróneo. En el bando alemán ocurría exactamente lo mismo. Por poner un ejemplo: Knisper, uno de los mejores ases de tanques de la Historia se le han confirmado entre 160 y 180 victorias sobre blindados enemigos cuando en realidad es bastante dudoso que llegará a cosechar más de 100 victorias. Otro claro ejemplo es el tanquista Otto Carius al que se le atribuyen más de 150 victorias, cuando él mismo confesó en una entrevista personal y a viva voz que no llegó a más de las 120 victorias. El poder de la propaganda. Escribes un hecho en un periódico y todo el mundo da por sentado que es una verdad innegable… ¡¡cuando es totalmente falso!!

La lucha entre dos tiradores era ideal para engrandecer la figura del joven tirador soviético, así que algún comisario político decidió sacarse de la manga la enigmática figura de un Mayor/Coronel (incluso en el rango las fuentes no se ponen de acuerdo) llamado Heinz Thorvald. Por supuesto tenía que pertenecer a las terribles Waffen-SS, ¡por supuesto! Por si fuera poco tendría que tener alguna condecoración alemana digna de importancia… ¿por qué no una Cruz de Caballero y las Hojas de Roble? Mejor engrandecer el linaje del enemigo… ¡¡vamos a convertirle en un miembro de la nobleza!! Así, cuando el joven pastor de los Urales, Záitsev, acabé con él la gente podrá entender como la eterna lucha de clases que el comunismo siempre ha defendido siempre, así como la ruptura con el viejo régimen y los aristocráticos enemigos de la Unión Soviética. 

- El "famoso" francotirador en la película Enemigo a las Puertas -

Partiendo de esa base, sabemos que los nobles alemanes siempre llevan el apellido Von en su nombre, y parece que el comisario político que "inventó" a Heinz Thorvald se le olvidó incluir el "von" en el nombre completo del francotirador alemán. ¡No pasa nada! Inventamos una Escuela de Francotiradores de las Waffen-SS en Prusia, en Berlín o en cualquier parte (las versiones difieren) y nuestro "terrible enemigo" será  profesor de esa escuela de Francotiradores. Por supuesto, tales escuelas de francotiradores nunca existieron.

Otro sencillo dato para corroborar la NO existencia del tirador alemán es que ningún registro de las Waffen-SS, de las SS o del ejército alemán guarda constancia alguna de su nombre, así como de las supuestas condecoraciones que ganó: nada más y nada menos que la Cruz de Caballero y las Hojas de Roble… ¡ahí es nada! Otro interesante dato a tener en cuenta es que Záitsev, para confirmar la muerte del tirador alemán, le quitó la mira telescópica de su arma. Hoy día esa mira telescópica puede verse en el Museo de Guerra de Moscú, y debajo una pequeña inscripción que reza lo siguiente: Major Konig, head of the Berlin Central Snipers School and Olympic shooting champion of 1936 (Mayor König, responsable de la Escuela de Francotiradores de Berlín y campeón de tiro olímpico en 1936).
En 1936, durante los juegos alemanes de Berlín, solamente hubo 3 competiciones olímpicas de tiro: tiro con pistola a 25 metros, a 50 metros y tiro con rifle a 25 metros. Obviamente ninguno de los tres ganadores de las medallas olímpicas era alguien llamado Thorvald. Vaya, se ve que al que escribió el artículo se le olvidó confirmar que en 1936 hubiera un ganador olímpico con el nombre que se acaban de inventar... ¡madre mía que vergüenza!

El dato más importante y que hemos pasado por alto es que, según las fuentes rusas, el francotirador de las SS abatido por Záitsev abatió a más de 400 enemigos. Si fuera así, ¿no habría pasado a los anales de la Historia? Tal y como comenté en mi obra Caballeros de la Cruz de Hierro, el mejor francotirador del ejército alemán de todos los tiempos fue Mätthias Hetzenauer, el cual consiguió más de 350 aciertos. También hay que recordar que el ejército alemán aún conservaba parte del espíritu prusiano y que por lo tanto matar de lejos sería algo muy deshonroso y poco honorable. ¿Un noble de tradición prusiana habría optado por la carrera de francotirador? Es algo bastante dudoso, por no olvidar que en las Waffen-SS apenas existían francotiradores y que la mayor parte de los tiradores alemanes formaban parte de las divisiones de montaña del ejército regular de tierra alemán: el Heer. Aunque sí existieron francotiradores en las Waffen-SS estos fueron una pequeña cantidad si los comparamos con el Heer, que componían el grueso principal de las fuerzas alemanas en la 2ª Guerra Mundial.

¿Y cual es la única prueba que afirma la existencia del francotirador alemán? El testimonio del propio Záitsev. Se hizo tan popular con aquella historia que el propio Záitsev la incluyó en sus memorias:

«Conocía 'la firma' de los francotiradores fascistas por el carácter de sus disparos, su camuflaje y enseguida distinguía a los tiradores más profesionales de los novatos, a los cobardes de los enemigos valientes y resolutivos. Sin embargo el carácter del <superfrancotirador> alemán era un secreto para mí. Las observaciones diarias de nuestros compañeros no daban ningún resultado. Era difícil decir donde se encontraba. Probablemente cambiaba sus posiciones con frecuencia y me buscaba con la misma precaución con la que yo le buscaba a él. Un día el alemán le destrozó el visor óptico del rifle a mi amigo Morózov e hirió a Sheikin. Morózov y Sheikin, los cuales se consideraban francotiradores muy profesionales  pues conseguían triunfos en los enfrentamientos más difíciles. Ya no tenía dudas de que se habían tropezado con el <superfrancotirador> fascista que yo buscaba yo. Al amanecer, Nikolái Kulikov y yo ocupamos las mismas posiciones en las que el día anterior estuvieron nuestros compañeros. Observando el conocido paisaje y no descubrí nada nuevo. Termina el día y de repente, sobre la trinchera fascista apareció inesperadamente un casco. Se movía despacio a lo largo de la trinchera. ¿Disparar? ¡No! ¡Es una trampa! El casco empieza a balancearse de manera artificial… es probable que lo este sujetando el ayudante del francotirador… espera que me descubra al disparar. 
-¿Dónde se oculta?-, le pregunté a Kulikov cuando por la noche abandonábamos nuestro escondite. Por la paciencia que manifestó el enemigo durante el día, adiviné que el francotirador berlinés había estado aquí. Llegó el segundo día. ¿Quién de nosotros tendrá los nervios más fuertes? ¿Quién resultará ser más astuto? Observé con mucha atención durante mucho tiempo las posiciones enemigas pero no encontré su escondrijo. Continúo observando. Entre el tanque y el fortín hay una plancha de hierro con un montículo de ladrillos rotos. Lleva allí ya mucho tiempo. Me imagino en el lugar del adversario y me pregunto: ¿Dónde sería mejor situar el puesto de francotirador? ¿Ocuparía la posición bajo aquella plancha? A lo mejor se oculta allí, bajo la lámina de hierro en zona neutral. Decidí comprobarlo. Puse una manopla en una tablilla y la levanté. El fascista se dejó engañar. Un impacto directo. Seguro que está debajo de la plancha. Es necesario hacerle aparecer y apuntar por lo menos a una parte de su cabeza. Ahora es inútil tratar de conseguirlo. Necesito tiempo. Pero ya conozco el carácter del fascista. No cambiará esa posición tan buena. Nosotros, por nuestra parte, teníamos que cambiar la posición obligatoriamente. Nos quedamos hasta el amanecer. El sol salía muy rápido y con la llegada del día el combate se desarrolló con más fuerza. Ningún ruido podía distraernos de cumplir nuestra tarea. Durante la primera parte del día decidimos hacer una pausa, pues el brillo de la óptica podría delatarnos. Por la tarde, nuestros fusiles estaban a la sombra, mientras que sobre la posición del fascista caían directamente los rayos del sol. En un borde de la plancha algo brilló: ¿Un trozo de cristal o el visor óptico? Con mucho cuidado, tal y como solo lo puede hacer el francotirador más experto, Kulikov empezó a levantar el casco. El fascista disparó. El hitleriano pensó que había asesinado por fin al francotirador soviético al que intentaba cazar desde hacía cuatro días y mostró su cabeza. Contaba con ello. Mi impacto fue preciso. La cabeza del fascista bajó y el visor óptico de su fusil, inmóvil, continuó brillando bajo el sol hasta la noche... Al atardecer, nuestros soldados atacaron a los alemanes y en el fragor del combate sacaron de la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro al comandante fascista muerto. Tomaron sus documentos y los llevaron al jefe de división.»

Un testimonio recogido en su biografía que claramente hace sospechar de manera flagrante que se trató toda de una burda y elaborada mentira. Los años, la publicación de las memorias de Káitsev y la publicación de sendas novelas de ficción en las que se recogió el nombre del francotirador hicieron del mito una realidad innegable. Hoy en día incluso canales de televisión de máxima seriedad emiten documentales en los que supuestos expertos hablan de las luchas entre francotiradores alemanes y soviéticos, hablando de la lucha entre Záitsev y König. 

Poco después, la película de Enemigo a las Puertas acabó con hacer universal una mentira que los historiadores rigurosos sabemos desde hace tiempo: König, Thorvald… nunca existieron. Lo único que no se puede negar es que dicha película es una excelente película de fantasía. 

sábado, 18 de octubre de 2014

Mis héroes favoritos XII: "El bateador"



Hoy os traigo la epopeya de otro de mis héroes favoritos, en esta ocasión de un héroe norteamericano que apareció en mi libro "Caballeros de la Medalla del Honor". No hay duda que este muchacho fue uno más de aquella Gran Generación estadounidense.


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Eubanks, E. Ray,  nacía en la pequeña ciudad de Snowhill, en el estado de Carolina del Norte, un 6 de febrero de 1922. De pequeño le gustaba jugar al beisbol junto a sus compañeros, como a muchos norteamericanos. Sería una información superficial sino fuera por algo que contaremos más tarde. Realizaría su formación como paracaidista junto a sus compañeros, y ascendió posiciones hasta alcanzar el rango de Sargento en la Compañía D, del 503º Regimiento de Infantería Paracaidista.

A través de nubes de humo lanzadas desde aviones para proteger su avance, los C-47 del Air Corps desplegaban al batallón 503 por primera vez en la guerra en Nadzab, en la isla de Nueva Guinea.


Su misión era muy sencilla, destruir a las fuerzas enemigas en la zona, y más concretamente en el valle de Markham el 5 de septiembre de 1943. El 3 de julio de 1944, dos batallones del 503 (uno de ellos el de Ray) saltaron sobre la isla de Noemfoor, cerca de la costa holandesa de Nueva Guinea para tratar de conquistar el aeropuerto japonés de Kamiri. Pocos días después, la isla sería asaltada también por otro batallón desde el mar. Comenzó la batalla de Noemfoor en la que el 503 tuvo un papel fundamental en la toma de la isla para que las tropas aliadas pudieran continuar su avance desde Nueva Guinea a las Filipinas.  Ray pasaría a la historia el 23 de julio, durante la batalla de Noemfoor. En un momento de la batalla, él y sus compañeros estaban rodeados por tropas japonesas.


Mientras avanzaba con su pelotón ya mermado por las bajas y acosado por el enemigo, su compañía encontró una posición japonesa protegida por fuego de ametralladora, armas ligeras y mortero.  El sargento ordenó realizar un ataque con una escuadra para neutralizar el fuego enemigo, intentando ayudar así al avance de la compañía. Se movió con dicha unidad unos 25 metros donde pudo comprobar que el fuego enemigo era más intenso.


Ordenó a sus hombres que le proporcionarán fuego de cobertura y no continuaran ni un metro más.  Armado con su rifle automático avanzó él sólo a través de la cortina de fuego japonesa para intentar destruir la posición enemiga. Los soldados nipones consiguieron localizarlo y comenzaron a concentrar su fuego sobre él. Resultó herido y una bala impactó en su arma inutilizándola por completo.


Sin pensárselo dos veces cargó contra el nido de ametralladora…. ¡usando su arma como si de un bate de beisbol se tratara a pesar de sus heridas! Comenzó una batalla cuerpo a cuerpo en la que Ray mataría a 4 japoneses antes de que otros le abatieran.

- No hay duda que un fusíl se puede convertir es este arma mortal -

Inspirados por su liderazgo y sacrificio, las tropas americanas avanzaron como una sola eliminando en pocos momentos a 45 japoneses y tomando definitivamente la posición enemiga. Por estas acciones sería condecorado a título póstumo con la Medalla del Honor ocho meses más tarde, el 29 de marzo de 1945.



jueves, 16 de octubre de 2014

- Héroes de Leyenda II: Torii Mototada, el Samurai que cambió la Historia del Japón Feudal




Estimados amigos,

     Continuamos con la sección dedicada a Héroes de otras épocas, héroes de leyenda. En esta ocasión no hablaremos de un legionario romano, sino de uno de los samurais más famosos de todos los tiempos, un samurai que gracias a su abnegación y sacrificio marcó el curso de un país: Japón.

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Torii Mototada nació en Okazaki en el año 1539. En aquella época Japón salía de una nueva guerra civil y las luchas, traiciones y asesinatos de los miembros de las familias más prestigiosas estaban a la orden del día. El padre de Mototada, Torii Tadayoshi, era un samurai al servicio de la familia Tokugawa, y se esperaba que su hijo hiciera exactamente lo mismo.

En estas luchas medievales y sangrientas era habitual que las familias más importantes cedieran rehenes voluntarios como método para asegurar que los tratados iban a ser respetados, es decir, los rehenes respondían con su vida . El hijo del daimyō, Tokugawa Ieyasu sería enviado como rehén a la corte del clan de Imagawa Yoshimoto, dado que el clan Tokugawa era vasallo de los Imagawa.

Por la posición del pequeño Ieyasu, fue enviado con un pequeño sequito. Mototada sería parte del mismo, siendo su paje durante muchos años. Por lo tanto, Mototada e Ieyasu crecieron juntos en una corte rival, por lo que su grado de amistad se fue acrecentando con los años hasta convertirse en excelentes amigos. La unión samurai- daimyō era totalmente absoluta.

Pasaron los años, y finalmente Ieyasu y sus sirvientes regresar a  sus tierras, la provincia de Mikawa que conseguirían unificar en los años siguientes luchando contra clanes menores. En estas pequeñas luchas para reunificar el territorio, Mototada fue uno de los principales generales de Ieyasu.

En el año 1572, Mototada se convertía en el líder y cabeza de su familia, cuando su padre Torii Tadayoshi moría tras muchos años de fiel servidumbre a los Tokugawa.

En 1572, Mototada sucedió el liderazgo de la familia Torii a la muerte de su padre. Junto con su amigo y señor Ieyasu, Mototada participaría en la famosa Batalla de Mikatagahara (三方ヶ原の戦い, Mikatagahara no tatakai) en enero de 1573, en algún lugar de la provincia de Tōtōmi. Esta batalla es conocida como una de las mejores demostraciones tácticas de la caballería samurai japonesa en una batalla. Aunque los registros no hacen mención a Mototada, es de suponer que lideraba la caballería de los Tokugawa, o bien que estaba cerca de su señor en todo momento. Las fuerzas de Takeda Shingen y de Tokugawa se encontraron en una gran llanura llamada Mikada, justo al norte de la fortaleza llamada Hamamatsu, la cual estaba siendo atacada por las fuerzas de Takeda. Las tropas de Shingen superaban a las del clan Tokugawa tres a uno, por lo que se organizaron una formación llamada gyorin (escama de pez), mientras que las tropas de Ieyasu formaron una amplia línea para poder aprovechar al máximo posible la potencia de su fuego de sus arcabuceros.
En torno a las 4 de la tarde, comenzó a nevar, y los arcabuceros abrieron fuego contra las gruesas formaciones enemigas. Ieyasu esperaba que sus arcabuceros equilibraran el combate y le ayudará a ganar la batalla, y tal vez por eso hizo frente a su rival pese a tener una cantidad de efectivos realmente inferior. Shingen, ordenó a su caballería cargar y aplastar a los arcabuceros. Los arcabuceros sufrieron una embestida de caballería pesada como jamás se había visto sobre el terreno de combate anteriormente. Permanecieron en sus puestos, pero sus líneas fueron atravesadas una y otra vez por la poderosa caballería mientras los soldados morían uno detrás de otro sin impedir la matanza que se estaba llevando a cabo. Podía más el deshonor de la huida que la supervivencia.

Shinen aprovechó la oportunidad que le brindó esta rotura de líneas enemigas, y ordenó que la caballería se retirara. Acto seguido, una nueva carga de caballería pesada se lanzó contra las líneas de Tokugawa que se rompía por todas partes. La carga fulminante liderada por Takeda Katsuyori y Obata Masamori dio alas al ejército enemigo. Las tropas de Tekda se unieron a la refriega poco después de descansar unos instantes durante la primera carga.
- Portada de la obra que incluirá esta biografía extendida y otras muchas más -
- Nuevo proyecto de José A. Márquez Periano -


La estoica defensa de las tropas de Ieyasu se convirtió en una retirada total. Estaban derrotados, pero aún había que salir con vida de aquel infierno de sangre y muerte. Varios generales y hombres de Ieyasu estaban totalmente rodeados. Tras huir con algunos hombres, Ieyasu quisó regresar a salvar a sus hombres. Fue la oportuna intervención de uno de sus generales, Natsume Yoshinobu quien le hizo desistir y le aconsejó retirarse. Sus generales eran prescindibles, él no. La vida de su señor era más valiosa que la suya. Por eso, y para cubrir su retirada Yoshinobu cargó con las tropas superviviente contra las líneas de Takeda, donde encontraría el glorioso final que todo samurai desea encontrar en combate: una muerte con honor defendiendo a su señor.

Cuando Tokugawa conseguía llegar a la cercana y segura fortaleza de Hamamatsu, solamente 5 hombres le acompañaban. Ordenó que las puertas del castillo estuvieran abiertas de par en par para dar una oportunidad a los escasos supervivientes de retirarse que aún combatían en primera línea de combate. Sonó un inmenso tambor de guerra, que fue oído por todos los supervivientes. Su señor ordenaba la retirada, una retirada honorable guiada por el valor que ya habían demostrado. Las fuerzas enemigas, oyendo el tambor y al ver las puertas del castillo abiertas de par en par… ¡se retiraron! Pensaron que era una argucia de Tokugawa para dirigirles a una trampa, por lo que decidieron acampar durante la noche cerca del castillo. 

Durante la noche, un pequeño grupo de samurais atacaba el campamento de Takeda, forzándoles a una desesperada lucha de combate cuerpo a cuerpo. Por esta acción, las fuerzas de Takeda se retiraron.  Todos tenemos la imagen de los samurais honorables, pero… ¿es honorable atacar de noche? Seguramente no, pero Tokugawa estaba totalmente obsesionado con la victoria… victoria que acabó consiguiendo. Las tropas enemigas no sufrieron demasiadas bajas, y el ejército de Tokugawa había sido prácticamente exterminado, pero aún así consiguió vencer, y uno de los 5 hombres lograron sobrevivir, entrando con su señor en el castillo fue Mototada. ¿Y qué pasaría con  el general enemigo, Takeda Shingen? Shinen  moriría al año siguiente de un disparo de arcabuz durante otra de las muchas batallas de aquella época.

Al año siguiente participaría en la llamada Batalla del Castillo Suwahara. Durante esta batalla sufrió heridas en las piernas que su armadura de bambú no pudo prevenir, por lo que desde aquel día tendría dificultad al caminar.

Sirvió también con su señor, en 1564, cuando luchó contra los llamados Ikkō-ikki de la provincia de Mikawa, y también en la Batalla de Anegawa, al lado de las fuerzas de su aliado Nobunaga.

En 1575 estuvo presente en la Batalla de Nagashino donde el clan Takeda fue derrotado, en la que Oda Nobunaga (uno de los señores feudales más importantes del momento) y Tokugawa Ieasu se enfrentaron de nuevo a la famosa caballería del clan Takeda que hace años pocos años había aplastado a Ieyasu.

En esta ocasión, los arcabuceros de Oda Nobunaga y Ieyasu conseguirían derrotar a la caballería pesada al protegerlos con barricadas de madera, que sirvió para detener el avance enemigo y las flechas de los arqueros.  La batalla de Nagashino es considerada por muchos historiadores como un punto de inflexión en la forma de hacer la guerra en el Japón feudal, y de hecho se considera la primera batalla "moderna" de la época, en la que los arcabuceros fueron por fin un factor militar decisivo en el campo de batalla.

Tras la derrota del clan Takeda, Ieyasu y su fiel servidor Mototada se dedicarían a consolidar la posición militar del clan Tokugawa, a pesar de que otros clanes eran más poderosos e importantes, como por ejemplo Toyotomi Hideyoshi que se hacía con el control del país.

Las tierras del clan Tokugawa se encontraban en el centro del país, lo que facilitó su no presencia en las batallas de pacificación que se llevaban a cabo en los extremos del Japón. A pesar de no querer entrar en guerras con nadie, el clan Hōjō quería sus territorios, por lo que en 1590 Mototada participó en el asedio y en la victoria definitiva sobre este clan rival. Durante este conflicto mostró una gran iniciativa en el campo de batalla, al liderar un ataque contra la retaguardia del ejército del clan Hōjō durante una importante lucha, consiguiendo poner en fuga a 10.000 con tan solo 2.000.

Por sus servicios al clan Tokugawa, Ieyasu le nombraba amo y señor del Castillo Tanimura, en la provincia japonesa de Kai. También participaría en otras batallas con aliados de su señor, como el asedio del Castillo Ueda del clan Sanada en el año de 1585.

Poco tiempo después, Torii era de nuevo recompensado con su señor. Recibía un importante feudo y terrenos por valor de 40.000 kokus, convirtiéndose así en señor de la región llamada Yasaku, en la provincia japonesa de Shimōsa, convirtiéndose así en un poderoso señor feudal japonés, un daimyō.

El recién nombrado daimyō viviría varios años de tranquilidad relativa sin participar en demasiadas batallas importantes, aunque siempre dispuesto a ayudar a su señor feudal allá donde era llamado. Obviamente, corriendo tiempos turbulentos en Japón estaba claro que tarde o temprano su supuesta tranquilidad llegaría a su fin, y esto ocurría en agosto de 1600. Torii recibió un mensaje gracias a varios espías que tenía contratados que un gran ejército compuesto por unos 40.000 efectivos liderados por Toyotomi Hideyosi se dirigían al castillo Fushimi, lugar en el que se encontraba. Las tropas presentes en el castillo eran claramente inferiores en número al ejército que se aproximaba.

En lugar de huir con Tokugawa, Torii decidió permanecer en el castillo dando así la oportunidad a Tokugawa a huir. El protagonista de nuestra historia llevaría la lealtad hasta su máxima expresión, se sacrificaría por su señor, en un último acto de servicio a su señor. Lucharía hasta el último hombre, hasta el último aliento de su vida.

En sus últimos momentos aún con vida Torri escribió una carta a su hijo Tadamasa que afortunadamente se ha conservado hasta nuestros días. En ella dejó reflejado en su carta como su familia había servido fielmente a los Tokugawa desde tiempos inmemoriales y dejaba patente de nuevo de ciega lealtad a su señor indicando que sería el mayor de su vida ser el primero en morir para poder servir de inspiración al resto de samurais al servicio de los Tokugawa.

La leyenda dice que antes despedirse, Torii tuvo tiempo de decirle unas últimas palabras a su amigo de la infancia y señor Tokugawa:

No es el camino del guerrero ser avergonzado y evitar la muerte aún en circunstancias que no son particularmente importantes… Por mi parte, estoy resuelto a hacer frente en el castillo y morir en una muerte rápida. […]. Pero ese no es el significado de ser un verdadero guerrero, y sería difícil que fuera considerado como lealtad. En vez de eso, haré frente a las fuerzas de todo el país aquí y… morir una muerte resplandeciente.

Torii ordenó a sus hombres resistir hasta la última flecha, hasta el último suspiro. Lo que parecía una victoria muy sencilla se acabó convirtiendo para las fuerzas de Toyotomi un largo y costoso asedio de diez días, tiempo vital para que Tokugawa pudiera escapar y salvar la vida.

Los hombres de Torii repelieron asalto tras asalto, hasta que finalmente solamente quedaban diez supervivientes, diez guerreros samurai. Con la suerte echada a Torii solamente le quedaba una solución honorable, comoeter seppuku antes de ser capturado por el enemigo.

Gracias a su sacrificio Tokugawa sobrevivió para pelear otro día, en la Batalla de Sekigahara. Gracias a aquella victoria los Tokugawa gobernarían Japón durante 268 años, todo gracias al sacrificio del más noble y leal de los samuráis que tuvo jamás el país del sol naciente.