domingo, 28 de febrero de 2016

Héroes de guerra: ahora también en podcast

Estimados amigos,

     Es un placer presentaros nuestro canal de Podcast dedicado a héroes de guerra dirigido por el responsable de este blog, que aunque ausente algún tiempo, ha seguido divulgando la historia de héroes de guerra a través de otros medios. Aunque debo decir que el blog voy a continuar de volver a retomarlo como hacía antaño, incluyendo nueva información que os resulte interesante sobre Héroes de guerra, además de retomar por completo todo el tema referente a los patricinios de este blog.

     También es un placer volver a presentaros un nuevo proyecto que os gustará a aquellos que os gusten los podcast. ahora también nos podréis encontrar en ivoox, EN NUESTRO PROGRAMA DEDICADO A HÉROES DE GUERRA.

     ¿Y qué podréis encontrar en nuestro podcasts? Pues historias de héroes, de héroes de guerra. Aquí os dejamos algunos ejemplos:











Y muchas más, en nuestro PODCAST DE HÉROES DE GUERRA.

viernes, 18 de diciembre de 2015

- Héroes británicos de guerra I: Katana contra japoneses -



Saludos amigos,

     Este mes ha servido para preparar mejores entradas de las cuales iréis disfrutando poco a poco. Con el casi final de mi proyecto sobre "Espadas de las Waffen-SS" estoy preparando una próxima obra sobre héroes de guerra británicos. ¡Ya era hora de hablar de los héroes de su graciosa majestad! Hoy hablaremos brevemente (el artículo completo y más detallado estará en mi blog de pago para suscriptores) sobre un héroe de guerra muy especial que luchó contra soldados japoneses con una espada samurai. ¡Esta es su increíble historia! Pero antes recordad que podéis ayudar al autor de este blog de forma fácil y sencilla además de acceder a contenido exclusivo y el nuevo blog del autor (este blog solamente subirá viejas entradas y no nuevas como en heroesdeguerra2.blogspot.com). ¡Y todo desde un dólar! Además tendréis concursos especiales y recompensas que se iran desvelando solamente a los patrocinadores.

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Y el protagonista de esta historia, por supuesto es de origen británico, concretamente hablamos de George Albert Cairns, nacido el 12 de diciembre de 1913 en Londres.  Nada en principio haría sospechar que George acabaría recibiendo la medalla al valor más importante del Imperio Británico, la Cruz Victoria, dado que era un humilde trabajador en una sucursal bancaria,  ademças de un hombre felizmente casado. Pero en 1942 su destino fue sellado, dado que participaría en la 2ª Guerra Mundial.

Ascendido a teniente pasó a formar parte de la infantería y participaría en la batalla de Burma, en el Pacífico a la edad de 30 años.Durante aquellas batallas, hubo una en la que nuestro héroe daría la vida contra fuerzas japonesas. Esta batalla formó parte de la llamada operación Chindit. En esta operación la unidad de Albert tenía que ocupar una colina en cuya cima se levantaba una pagoda y dominaba, según dicen las crónicas, todo el horizonte desde su elevada altura. La zona no fue ocupada, erróneamente, en un principio por tropas británicas, ocasión que sí aprovecharon los japoneses para hacerse con aquella buena posición. El 17 de marzo se descubrió que un gran número de fuerzas japoneses ocupan la zona. Las tropas británicas se prepararon para luchar contra los japoneses, cuando estos comenzaron a abrir fuego en torno a las 11.00 de la mañana ante el movimiento de las fuerzas británicas. 

El oficial que lideró el ataque indico que la Pagoda, que no ocupaba mucho más que dos pistas de tenis, estaba situada en el centro de la colina, y que cuando las tropas británicas subieron para hacer frente a los japoneses comenzó una dura y cruel lucha cuerpo a cuerpo con bayonetas entre ambas fuerzas, mientras que otros japoneses lanzaban granadas entre sus propios hombres y los británicos que pugnaban con ellos cuerpo a cuerpo. Un oficial japonés, espada samurai en mano, se lanzó contra Cairns, él cual fue herido en primera instancia en  uno de sus brazos, sufriendo una terrible herida en su brazo derecho. Cairns se las apañó para eliminar al oficial japonés, muy seguramente con la última bala de su arma. al verse desarmado agarró firmemente la espada samurai y se lanzó al ataque cntra los japoneses, hiriendo a una gran cantidad de enemigos a la vez que también resultaba herido en muchas más ocasiones. Su empuje fue suficiente para dar valor a sus hombres que acabarían expulsando de aquel lugar a los japoneses... sobra decir que el teniente Albert Cairns moriría al día siguiente a causa de sus heridas. 

A título póstumo fue condecorado con la Cruz Victoria, la condecoración británica más importante. 

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domingo, 8 de noviembre de 2015

- Rememorando LI: Las "credenciales" para rendir a un general alemán -



Hoy recordamos la entrada sobre anécdotas que más visitas ha tenido durante el 2015. ¡Espero que os guste!

Los  28 condecorados con la Cruz de Caballero con Hojas de Roble, Espadas y Diamantes fueron los héroes alemanes más condecorados en la Alemania del III Reich. Hubo uno de ellos que podría ser considerado el "padre" de las formidables fuerzas paracaidistas alamanas, los famosos Fallschirmjäger. Él, Ramcke, protagonizó una gran cantidad de anécdotas durante su vida militar, aunque quizás la más famosa sea  el día de su rendición antes fuerzas americanas, aunque recordad que podéis ayudar al autor de este blog de forma fácil y sencilla además de acceder a contenido exclusivo y el nuevo blog del autor (este blog solamente subirá viejas entradas y no nuevas como en heroesdeguerra2.blogspot.com). ¡Y todo desde un dólar! Además tendréis concursos especiales y recompensas que se iran desvelando solamente a los patrocinadores.

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Ramcke, Hermann-Bernhard nació un 24 de enero de 1889 en la ciudad alemana de Schleswig-Friedrichsberg (en el estado alemán de Schleswig-Holstein). Nació en el seno de una humilde familia de agricultores, familia numerosa como todas las de aquella época.

El 6 de junio de 1944, los aliados desembarcaban en Normandía por lo que la 2ª División de paracaidistas fue enviada urgentemente a la Bretaña francesa para impedir el avance de las tropas aliadas. Se encargó de la defensa de la ciudad de Brest. La ruptura de la línea de defensa alemana por el General Troy H. Middleton con la Operación Cobra consiguió que los alemanes se vieran rodeados. Asumió el mando ahora de las fuerzas alemanas sitiadas: más de 35.000 soldados alemanes. Los comandos paracaidistas americanos comenzaron a realizar guerra de guerrillas y en una de estas escaramuzas, el coche de Ramcke fue atacado. Uno de sus oficiales del estado mayor moría acribillado de una ráfaga de ametralladora y él pudo escapar por muy poco.

La defensa alemana se inició el 11 de agosto hasta el 19 de septiembre.  Los americanos solicitaron la rendición alemana en multitud de ocasiones, y Ramcke se negó en todo momento a rendirse pues sus órdenes eran bien claras: resistir el mayor tiempo posible. Durante el asedio fue ascendido a General de Tropas paracaidistas. El día antes de rendirse recibía la notificación de que se le habían otorgado las Espadas y los Diamantes para la Cruz de Hierro simultáneamente por su arrojo y valor en la defensa de Brest.

El día que se rendía estaba en su cuartel general en la península de Crozon, cuando penetraron en su búnker fuerzas norteamericanas al mando del General de Brigada Charles D. W. Canham. Los soldados americanos entraron en tropel dentro del refugio antiaéreo detrás de su General, en el búnker en Pointe des Capuçins en la península anteriormente mencionada.

–¿Qué credenciales tiene usted para solicitar mi rendición? –dijo Ramcke en tono orgulloso desconociendo el rango del oficial enemigo que tenía delante.

–Estas son mis credenciales – respondió Canham señalando a los soldados americanos que le apuntaban desde el otro lado del búnker.

"Estas son mis credenciales", obra de Rick Reeves

miércoles, 4 de noviembre de 2015

- Rememorando L: La tripulación tanquista más laureada de la Gran Guerra -


Hoy recordamos la entrada de mi blog en la que hablabamos de la tripulación tanquista más laureada de la Gran Guerra y como fueron capaces de aguantar en tierra de nadie durante 72 horas sin apenas munición, sin comida y sin agua. Por supuesto nos referimos al "Frey Bentos" y su épica histórica en líneas generales a través de la biografía del comandante de aquel famoso tanque, Donal Richardson... aunque recordad que podéis ayudar al autor de este blog de forma fácil y sencilla además de acceder a contenido exclusivo y el nuevo blog del autor (este blog solamente subirá viejas entradas y no nuevas como en heroesdeguerra2.blogspot.com)  ¡y todo desde un dólar! Y además tendréis concursos especiales y recompensas que se irán desvelando poco a poco y solamente a los patrocinadores. 

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Richardson, Donald. Un héroe de la Primera Guerra Mundial, nada más y nada menos. La Historia del arma blindada comenzó en Inglaterra y el capitán Richardson escribió una de las páginas más memorables con los primitivos carros blindados de la Primera Guerra Mundial. ¿Quién era Donald Richardson? Sabemos que nació en la ciudad de  Nothingam, entre los años 1880 y 1900. Después de participar en la Batalla de Passchendaele donde Donald Richardson conseguiría la Cruz Militar (la segunda condecoración más importante del Imperio Británico, justo por debajo de la Cruz Victoria) junto con sus hombres el 22 de agosto de 1917 participaría también en la batalla de Cambrai.
En esta batalla, producida entre el 20 de noviembre y 7 de diciembre de 1917 los británicos utilizaron una gran cantidad de tanques para tratar de romper las defensas alemanas, la llamada Línea Hinderburg. Considerada la primera batalla en la que se utilizó por primera vez el arma acorazada, con un total de 476 tanques británicos involucrados en la misma. El capitán Richardson comandó otra compañía blindada a bordo de otro Mark IV llamado Fray Bentos II. Los británicos consiguieron  una victoria pírrica sobre los alemanes, dado que estos cedieron una pequeña franja de terreno a un gran coste de vidas humanas y de vehículos blindados. 179 tanques fueron destruidos, inmovilizados o capturados por los alemanes, principalmente gracias al fuego de artillería. Hay que decir que a pesar de ser una victoria sin importancia estratégica si lo fue moral, dado que dejó patente que las defensas alemanas no eran invulnerables.


EL MOMENTO HISTÓRICO

La guerra en el Frente Occidental lleva estancada varios años. Con el inicio de la Primera Guerra Mundial en Europa y el fracaso de los planes de las Potencias Centrales y de los Aliados para terminar la guerra antes de la navidad de 1914 la guerra se ha detenido. Nace un nuevo término totalmente desconocido hasta la fecha: la guerra de tricheras.
Los soldados de los dos bandos se protegen en profundas tricheras cavadas sobre la tierra húmeda, mientras que los piojos, las ratas y las enfermedades además del fango y la suciedad hacen prácticamente la vida insorportable para los soldados. Esto parece que va cambiar con el desarrollo de una nueva arma: han nacido los carros blindados.
Los alemanes se han retirado y se han fortalecido en sus posiciones. Los alemanes se convierten en auténticos maestros en la creación búnkeres y posiciones defensivas fuertemente armadas, haciéndolas prácticamente inexpugnables. A pesar de tener excelente pelotones de asalto los alemanes han perdido una gran cantidad de oficiales lo que parece imposibilitarles la preparación de grandes ofensivas. Los oficiales son experimentados militares con una importante formación por lo que las bajas no son repuestas con la misma rapidez que en las filas británicas o francesas, por lo que no es raro ver a sargentos o cabos realizando las tareas supuestamente dependientes del rango de oficial.
La ofensiva está manos de los aliados, más con la caída de Rusia, por lo que apremia lanzar una nueva operación contra las posiciones alemanas. La Batalla de Passchendaele o la tercera Batalla de Ypres tuvo lugar entre junio y noviembre de 1917. El objetivo de los británicos, franceses y belgas es tratar de recuperar el control de la ciudad belga de Ypres. Psschendaele se convierte en un importante punto estratégico, dado que el control de esta ciudad es vital para el Cuarto Ejército Alemán, dado que forma parte de su sistema de suministros. Capturando la ciudad se pondrá en serios problemas a una gran cantidad de soldados alemanes. Los británicos y francesas lanzaran todas las fuerzas disponibles para conseguir su objetivo a un coste brutal… 400.000 bajas. Y por supuesto, los primeros tanques comienzan a llegar al Frente y a participar en los asaltos a las posiciones enemigas, pero al ser usados en pocas cantidades, su papel no jugó una importancia a tener en cuenta.

EL SUCESO

22 de agosto de 1917. 8 tanques Mark IV se preparan para atacar las líneas alemanas como punta de lanza. La unidad blindada está al mando del Capitán Donald Richardson, un veterano oficial de infantería reconvertido en oficial tanquista. A pesar de que ha sido profesor y ha entrenado a varias promociones de tanquistas esta es su primera acción de combate a bordo de un carro blindado. Sus hombres están nerviosos. Se aprecia la tensión en sus rostros.
¿Qué rendimiento podrán ofrecer los pesados y lentos Mark IV? ¿Serán capaces de aguantar los impactos de las balas y bombas enemigas? Dudas que muy pronto serán resueltas, pero la preocupación es algo que la tripulación del Fray Bentos, el tanque que liderará el ataque y bajo el mando del capitán Richardson, tiene. Los ocho tripulantes se muestran inquietos pero su oficial al mando les tranquiliza:
<¡Será un paseo muchachos!>
Se oyen risas. Las risas liberan la tensión y el humor de la tripulación mejora.  Están listos. Apenas ha amanecido. El conductor, el teniente George Hill arranca el tanque y comienzan a moverse. El objetivo es un grupo de granjas en la zona que han sido reforzadas con cemento que los alemanes han convertido en búnkeres.  Los 8 tanques se ponen en marcha, mientras que la infantería comienza a desplegarse alrededor de los lentos mastodontes que ponen rumbo hacía las granjas ocupadas por los alemanes a su velocidad punta de 14 kilómetros por hora.
Las cadenas resuenan en el interior del tanque a pesar del estridente sonido del motor , y el vehículo continúa su viaje hacia delante. El terreno no es el mejor desde luego. Ha llovido recientemente y todo  el desierto paisaje entre las líneas alemanas y británicas (la llamada tierra de nadie) está salpicada de lodazales y cráteres producidos por las bombas. De pronto comienzan los problemas. Algunos tanques de los 8 se quedan atrapados en el barro y no son capaces de continuar su avance. El piloto apenas puede ver nada a causa del humo levantado por las piezas de artillería alemanas que comienzan a disparar. Hill informa que apenas ve nada por lo que el capitán se ofrece a ocupar su lugar mientras el teniente trata de ver algo a través de la mirilla. Hill accede  pero  antes de abandonar su puesto  observa los destellos de una ametralladora que dispara contra ellos  y las esquirlas de las balas que impactan contra el chasis del tanque le ciegan. De pronto el vehículo acelara hacia delante porque Hill ha pisado el acelerador de forma accidental , y en ese momento el tanque se inclina forma peligrosa hacia la derecha porque ha topado con un gran cráter producido por un proyectil de gran calibre. El tanque no tiene tracción por lo que no es capaz de avanzar.  Colocando una madera debajo de las cadenas es posible sacar el tanque de aquel atolladero, pero obviamente hay que hacerlo desde fuera, una tarea sencilla pero que en ese momento hay que llevarla a cabo bajo intenso fuego enemigo.
Un soldado se presenta voluntario para ello, pero justo en el momento en el que abandona el tanque es abatido por una certera ráfaga de ametralladora.  Otro soldado se ofrece voluntario para la misma misión sabiendo que el estar allí detenidos supone su muerte. Richardson ordena salir pero con una ametralladora que tenían en el interior del tanque para cubrir al soldado mientras realiza la peligrosa tarea.
Son las 06:45 de la mañana cuando el propio capitán y el teniente trataban de colocar la ametralldora sobre el tanque (aún estaban dentro del mismo) cuando un proyectil cayó cerca de ellos. Los fragmentos del mismo se esparcieron  por todas partes, hiriendo a Richardson, y al teniente Hill incluso a pesar de estar dentro del vehículo. El soldado no hay tenido tanta suerte, dado que un gran fragmento ha impactado en su pecho, matándolo en el acto mientras con una mano sujetaba la escotilla. La escotilla se cierra y se oyé un golpe sobre el vehículo, el cadáver del soldado.
En menos de 15 minutos la ofensiva británica ha resultado desbaratada, los soldados de infantería huyen recibiendo numerosas bajas dejando atrás a los 8 tanques Mark IV atrapados en el barro, incluyendo al Frey Bentos. La totalidad de la tripulación está herida y ya han perecido dos hombres.
Parecía que la situación no aprecia empeorar, cuando en ese momento la artillería alemana comienza a disparar directamente contra ellos. El tanque recibe varios impactos, hundiendolo en el lodo ya de forma irremediable.  La inclinación del tanque sobre el cráter es tal que no puede utilizar ninguna de sus armas contra los alemanes salvo una de las ametralladora Lewis que aún tiene inclinación suficiente para disparar a los alemanes. A pesar de los impactos de artillería el tanque se encuentra protegido en cierta forma por el cráter dado que de su superestructura solamente  una pequeña  parte era visible desde las trincheras alemanas, haciendo que fuera más difícil de impactar por la artillería.



La situación pareció tranquilizarse por la tarde dado que las baterías alemanas dejaron de disparar. Otro de los artilleros se ofreció voluntarios para salir fuera con el equipo pertinente para intentar desatascar al tanque. Richardson aceptó pero al intentar abrir la puerta trasera se dieron cuenta que esta estaba atascada por el cadáver de Brandy, el artillero que anteriormente había intentado la misma acción. Estaban atascados, y ahora además estaban atrapados.


La única via de salida era la puerta de la izquierda que miraba directamente contra el enemigo.  Trataron de hacer fuerza para abrir de nuevo la escotilla trasera sin éxito. Un impacto de proyectil atravesó el fino blindaje del tanque y una esquirla impactó en uno de los artilleros que también resulto gravemente herido. A través de la poca visibilidad de la que disponen a través de sus puestos de observación ven como los alemanes están preparando un ataque contra su tanque dado que observan como varios soldados alemanes comienzan a prepararse para salir de sus posiciones defensivas y cargar contra ellos.  Uno de los artilleros de la única ametralladora Lewis operativa comenzó a abrir fuego contra los alemanes.  Los disparos de la ametralladora consiguieron dispersar al enemigo después de producir varias bajas.  El calor comienza a ser sofocante dentro del tanque que no cuenta con ningún sistema de refrigeración. Es tarde y el sol del pleno agosto hace que las temperaturas comienzen a ser bastante altas en el interior del vehículo blindado.  Las escasas raciones de las que disponían,  galletas y algo de carne enlatada, ya han sido consumidas.
¿Puede ir peor? Por supuesto. Los alemanes han comenzado a abrir fuego contra el tanque con morteros y los disparos en elíptica comienzan a impactar en el tanque, por lo que se podría decir que comienzan a recibir fuego prácticamente desde todas partes.
Mientras esto ocurre, por la tarde comienzan a recibir impactos de fusil de sus propias líneas, dado que piensan que el tanque ha sido abandonado y algunos lo utilizan como blanco para sus entrenamientos. De pronto también comienzan a recibir impactos de artillería.. ¡¡británica!! Los británicos han abierto fuego contra el tanque para destruirlo, para evitar así que caiga en manos enemigas. Richardson y sus hombres lamentan  la situación pero aún así no se dan por vencidos… pese a todo… siguen con vida.  Había que hacer algo antes de que los británicos volaran por los aires el Fray Bentos. El sargento Missen se ofreció voluntario para salir e informar en las líneas británicas. A  Donald le pareció  una buena idea por lo que cuando la noche cayó y estaba lo suficientemente oscuro, el sargento se deslizó por la puerta de la derecha y corrió  hacia las posiciones británicas consiguiendo entregar el mensaje: la tripulación del Fray Bentos está herida y dentro del tanque.
¿Qué podría ir mal durante la noche? Si por la noche los supervivientes  que estaban dentro de aquella caja de acero habían experimentado altas temperaturas cercanas a los 45º centígrados, por la noche sería todo lo contrario. El horno se había convertido en un frigorífico y la tripulación trató de mantenerse caliente con las escasas mantas disponibles, durmiendo todos juntos para darse calor mutuamente y evitar así el no morir a causa de las bajas temperaturas aunque apenas pudieron conciliar el sueño, dado que sabían que  los alemanes podrían atacar de noche y destruirlos con una mina. En los primeros instantes del día siguiente, los adormilados soldados se despertaron sobresaltados cuando alguien abrió la puerta izquierda del tanque. Era un soldado alemán con una granada en la mano.
Richardson que estaba despierto haciendo guardia disparó su revolver matando inmediatamente al aleman, pero tanto la granada como el soldado cayeron en el interior del tanque. En ese momento uno de los tripulantes cogió la granada y la lanzó al exterior pero fue herido en el hombro a causa de la explosión pues unas esquirlas impactaron sobre él. Sabiendo que los alemanes ahora estaban determinados a matarles intentaron abrir la puerta trasera de nuevo (la que estaba atorada con el cadáver de su compañero muerto el día anterior). Hicieron un esfuerzo sobre humano y consiguieron dejar el espacio suficiente como para poder disparar un arma. Al menos tenían algo de visión en su parte trasera. Era mejor que nada.
También decidió abrir de par en par su puerta derecha para tener visión frontal, dado que era mejor que ser sorprendidos de nuevo por soldados alemanes. Dos alemanes se dirigían hacia el tanque cargados con una caja entre los dos en el momento en el que Richardson abrió la puerta. Estos, al ver al oficial británico emprendieron la huida. Ahora, además de luchar contra el hambre, el calor, la sed, el dolor de las heridas, los soldados alemanes y el fuego de artillería tendrían que luchar contra la gravedad, dado que la puerta de 5 kilos debía ser sujetada para impedir que esta se cerrara. Era un esfuerzo sobrehumano, pero era eso o la muerte.
Esa misma mañana decidierion combatir la sed con el agua que tenían dentro del radiador del tanque, el único agua al que tenían acceso en aquella complicada situación.  Por la tarde uno de los soldados observó movimiento enemigo en la parte trasera del tanque pero estaban lejos del alcance de la ametralladora por lo que abrieron fuego con un rifle. Sintieron el impacto de varias balas sobre la puerta trasera pero no hubo que lamentar heridas o muertos. Tras un breve intercambio de disparos los alemanes parecieron retirarse de nuevo.  
La noche cayó de nuevo y en torno a la 1 de la madrugada volvieron a detectar movimiento enemigo en su retaguardia.  Esperaron a que alguno de los dos bandos lanzaran alguna bengala para confirmar que efectivamente eran soldados alemanes, dado que sin confirmación no abririan fuego. De pronto una begala proveniente de las trincheras británicas iluminó la zona y pudieron confirmar que eran soldados alemanes por lo que la ametralladora que aún podían utilizar dio buena cuenta de ellos. Los supervivientes huyeron.
Tras este susto decidieron utilizar bengalas durante toda la noche a intervalos regulares para evitar una nueva sorpresa.  A la maña siguiente los alemanes dicierion de una vez por todas destruir a la tripulación de aquel tanque por lo que lanzaron un ataque frontal de infantería. Los británicos dispararon desde dentro del tanque de las armas de las que disponían a través de la pequeña puerta abierta, consiguiendo detener el avance enemigo, y estos se retiraron tras recibir gran cantidad de bajas. Ya no disponían de agua en el radiador por lo que decidieron que ya era momento de retirarse a pesar de las heridas sufridas. Sin agua, sin comida, heridos y con la munición que menguaba día tras día ya no tenía sentido alguno mantener la posición y además parecía que los británicos no tenían intención alguna de acudir en su rescate.
Tras decidir esto los morteros alemanes volvieron a abrir fuego, impactando en varias ocasiones en el tanque, pero sin producir heridas a los supervivientes.  Al amparo de la noche decidieron salir todos y retirarse a posiciones británicas. Cuando ya estaban todos fuera, uno de los soldados fue alcanzado por fuego enemigo, muriendo en el acto. Finalmente el Capitán Richardson consiguió poner a salvo a los supervivientes, entregando a los soldados que les recibieron las dos ametralladoras Lewis que habían conseguido salvar del tanque para que no cayeran en manos enemigas. Una vez que las entregó a la infantería cayó desmayado a causa del terrible esfuerzo al que se había sometido durante aquellos tres días.

Algunas fuentes hablan que solamente el Fray Bentos sufrió una baja en su tripulación de 8 tripulantes, pero está claro que al menos sufrieron  de dos a tres bajas entre  las que no se encontraban sus dos oficiales, el capitán Donald Richardson y el alférez George Hill. La tripulación del Fray Bentos es la tripulación más condecorada en el ejército británico durante la Primera Guerra Mundial, dado que la tripulación consiguió Dos Medallas de Conducta Distinguida y 4 Cruces Militares.

lunes, 2 de noviembre de 2015

- ¿El español que ganó la Cruz de Caballero? -



La historia nos cuenta que dos generales españoles ganaron la Cruz de Caballero durante la 2ª Guerra Mundial... pero hay un tercero que clamó en sus memorias y a lo largo de toda su vida que esa afirmación era concretamente errónea.

Obviamente nos referimos al aragonés Miguel Ezquerra, nacido en Canfrac en 1913 y muerto el 29 de octubre de 1984 a una avanzada edad. Su obra "Berlín; A Vida o Muerte" es la narración de sus memorias y su participación en la 2ª Guerra Mundial, pero principalmente centrado en su participación en la guerra después de ser miembro de la División Azul.

De acuerdo con sus memorias se creó una unidad compuesta por unos 300 hombres llamada Einheinz Ezquerra y encuadrada dentro de las Waffen-SS. Esta unidad combatiría en Berlín en los días finales de la caída del Tercer Reich y el final de la 2ª Guerra Mundial. Los testimonios de esta unidad son bastante fiables como para no dudar de la palabra de Ezquerra en este aspecto, dado que varios veteranos de aquella unidad sobrevivieron para dar su testimonio de lo sucedido.

Otro tema aparte es el rango de Ezquerra que ostento dentro de las Waffen-SS, rango que nunca quedará totalmente aclarado, quizas SS-Hauptsturmführer, o quizás un rango superior (dado que los testimonis difieren en cuanto a este detalle). Pero el punto más oscuro en la biografía de este personaje es la entrega de la Cruz de Caballero y la nacionalidad alemana por parte de Adolf Hitler en persona en el Führerbunker.    

De acuerdo con las Memorias de Ezquerra podemos leer lo siguiente: 

De pronto se presenta Willi, acompañado del coronel de la guardia personal de Hitler y de un suboficial de las SS, con la Cruz de Caballero, y me dice que he de ir con ellos. No sé a dónde voy ni para qué… Le digo a Múgica que se haga cargo del mando de la unidad, con Ocaña como segundo, durante mi ausencia.
            Bajamos al sótano más profundo del Ministerio, en cabeza el sargento, seguido del coronel, de mi intérprete Jacobo y yo, y cierra la marcha Willi. Avanzamos en fila india. Cuando llegamos al sótano, el sargento se introduce por una abertura hasta un gran tubo que sirve para la conducción de cables eléctricos. De trecho en trecho, unas lámparas de llama oscilante iluminan el camino. Avanzamos encorvados, y en algún momento nos vemos obligados a arrastrarnos. Salimos por fin de aquel tubo y penetramos en una especie de canal sin agua, pero con mucho barro. La marcha es difícil y muy penosa; de cuando en cuando cruzamos un sótano por el que podemos avanzar de pie y respirar a pleno pulmón, pero en otros lugares tenemos que arrastrarnos y dejar detrás de nosotros jirones de nuestros uniformes.
            En uno de los sótanos, el coronel ordena un breve descanso. Nadie habla, y por mi parte no hago más que preguntarme: "¿Adonde vamos?"
            Finalmente, el coronel da la voz de alto. Al parecer, hemos llegado. Nuestra marcha ha durado más de dos horas.
            Nos encontramos en un sótano de grandes dimensiones, en el que hay dos compañías de las SS con sus mandos. Al vernos llegar, los jefes salen al encuentro del coronel y hacen algunos comentarios. Un capitán me ofrece una cajetilla de cigarrillos. Saco uno y le devuelvo el paquete, pero el capitán hace un gesto dando a entender que puedo quedarme con él. Se lo agradezco muy de veras. No son cigarrillos alemanes, sino ingleses. Me siento sobre un montón de mantas, prendo fuego al cigarrillo y lo saboreo con verdadero deleite. Mis vasos capilares se contraen, agradecidos. Me tiemblan las rodillas. Sólo los fumadores empedernidos pueden comprender el placer que proporciona un cigarrillo durante una nerviosa espera.
            Cuando estoy terminando de apurar el cigarrillo se presenta de nuevo el sargento.
            — Sígame, por favor —me dice.
            Apresuradamente, me sacudo el polvo y abrocho mi guerrera. ¿Intuición? ¿Presentimiento?
            Jacobo se queda, pero el sargento dice que también él debe acompañarnos.
            — Vamos al búnker del Führer —nos informa el sargento, con una unción casi religiosa.
            Comprendo perfectamente el tono emocionado con que el sargento ha pronunciado aquellas palabras, porque su significado me ha impresionado profundamente, también a mí.
            ¿Será posible que vea a Hitler en persona?
            La idea me ha puesto tan nervioso como un escolar que se enfrenta con sus primeros exámenes. Por lo visto, no consigo disimular mi nerviosismo, porque el general von Bulow, encargado de introducirme, me da una amistosa palmada en el hombro, al tiempo que me sonríe, con la evidente intención de tranquilizarme.
            Avanzamos a través de una serie de compartimientos. La vigilancia es impresionante. Soldados de las SS, armados hasta los dientes, montan guardia delante de cada una de las puertas, que me recuerdan la entrada a la cámara acorazada de un Banco, y que van abriéndose delante de nosotros con las mismas precauciones.
            Finalmente, llegamos al lugar de trabajo de Hitler. Vi allí al Ministro de Propaganda del Tercer Reich y Gauleiter de Berlín, Joseph Goebbels, acompañado de los generales Burgdorf, Krebs, Zander y Axmann[i].
            Mi entrevista con Hitler fue muy breve. Al verle, me cuadré y permanecí rígido como una estatua. El Führer se adelantó y, mirándome fijamente a los ojos, empezó a hablar. Entonces comprendí la fascinación que aquel gran conductor del pueblo alemán ejercía, lo mismo sobre los hombres que sobre las masas. El teniente coronel Weis, allí presente, le hizo saber que mi conocimiento del alemán no era perfecto. Hitler me habló con lentitud, procurando hacerse entender.
            — Enterado del bravo comportamiento de su unidad, le he concedido a usted la Cruz de Caballero, y, además, la nacionalidad alemana.
            Aparté la mirada de Hitler y, dirigiéndome a mi intérprete, Jacobo, le dije:
            — Transmita al Führer mi agradecimiento por el honor que me hace, pero dígale que continuaré siendo español mientras viva.
            Jacobo hizo la traducción. Hitler me alargó la mano y me miró, como si quisiera adivinar mi pensamiento. Repitió que se sentía orgulloso de nosotros y dio por terminada la entrevista.
            Así me despedí de aquel gran jefe, al cual vi muy tranquilo, con aspecto algo cansado, quizás, pero no “completamente destrozado” como se ha comentado en libros y revistas.
            En el departamento contiguo, Goebbels me invitó a tomar una taza de té. Con nosotros se sentó el general Krebs. Recuerdo que el té estaba casi frío, pero era muy fuerte y me sentó estupendamente. El Ministro de Propaganda habló de la batalla de Berlín, con palabras de censura para muchos y de admiración para nosotros, sobre todo para las Juventudes Hitlerianas, grandes protagonistas del drama que estaba viviendo la capital del Reich. Tuvo también frases de elogio para los idealistas extranjeros que luchaban bajo los pliegues de la bandera nacionalsocialista.
            Seguidamente emprendimos el camino de regreso, acompañados por el mismo sargento que nos había traído. Willi se unió a nosotros en otra dependencia en la que había estado esperando mientras yo me entrevistaba con el Führer.





[i] Ni Zander ni Axmann eran generales. Wilhelm Zander fue SS-Standartenführer y ayudante de Martin Bormann, en tanto que Arthur Axmann fue el Jefe de la Hitlerjugend (Juventudes Hitlerianas)

Hay que decir que este el texto recogido en la obra de Ezquerra. Recientemente andaba leyendo un excelente libro sobre las tropas españolas en Berlín cuando, para mi sorpresa, el autor del libro indica /que la entrega de la medalla es "probable, dado que no hay pruebas de que no la recibió y tampoco lo contrario". Francamente entiendo que el autor quiera llevarse por el cuento inventado por Ezquerra, como yo mismo hice en mi obra "Extranjeros de la Cruz de Hierro" cuando escribí "porque no, demos un voto de confianza y creamos que Ezquerra fue el tercer español en ganar la Cruz de Caballero".

Siendo objetivos en el texto de Ezquerra está toda la verdad de su entrega (posible) de dicha medalla. En primer lugar indica que tiene que avanzar por una serie de túneles durante dos horas hasta llegar al Führerbunker. Bien, posiblemente yo sea uno de los mejores expertos sobre el Führerbunker que existen en nuestro país dado que soy el único autor de una obra sobre dicha construcción, siendo el único autor que ha publicado algo sobre el mismo. Aparte de este dato puedo confirmar que el Búnker de Hitler NO estaba conectado con una pasillo ni ninguna catacumba, sino con la Cancillería del Reich y con un jardín interior, además de con otro búnker llamado Vorbunker, eso es todo. Por lo tanto de este simple detalle ya podemos intuir que Ezquerra nos quería tomar el pelo. Eso no es todo. Ninguno de los presentes que sobrevivieron al Búnker (ninguno) hace mención a ningún oficial español que recibiera la "Cruz de Caballero", repito, ninguno. Monkhe estaba presente la mayor parte del tiempo en el búnker y él entregó personalmente las condecoraciones a oficiales extranjeros que lucharon en Berlín, como varios ejemplos entre las tropas valonas. Monkhe no entregó ninguna condecoración a ningún español y obviamente no comenta este detalle en sus memorias. Por lo tanto, sería MUY RARO que este hecho tan poco usual, el que Hitler entregará la Cruz de Caballero a un extranjero en los últimos días del Tercer Reich, no sea recogido en ninguna biografía o memorias de los supervivientes al Führerbunker. Aunque nunca he hablado sobre ello, muchos de los que seguis este blog sabéis que entrevisté al último superviviente del búnker, Rochus Misch, en Berlín, con motivo de mi obra: El búnker del Hitler (o el búnker del Führer, depende de la edición). Le pregunté varios detalles y el nombre de Ezquerra hizo acto de presencia durante la entrevista. Su respuesta fue breve: 

- ¿Quién? No le conozco.

Sin lugar a dudas sería muy romántico el pensar que un tercer español ganará la Cruz de Caballero, pero para ganar la Cruz de Caballero antes tendría que recibir la Cruz de Hierro de 2ª Clase, al igual que la Cruz de Hierro de 1ª Clase. Además la condecoración se solía entregar por méritos propios en batalla, no porque "la unidad a tu cargo" fuera excelente en combate. Raro es que Ezquerra, que curiosidad, tampoco hace mención de la entrega de ninguna condecoración durante los combates. Ni siquiera hace mención a recibir la Cruz de Herido en Negro cuando es hospitalizado durante los combates, cosa también ligeramente sospechosa. Desafortunadamente parece que la historia de Ezquerra tiene más de fantasia que de realidad pero... tal y como dije en mi obra Extranjeros de la Cruz de Hierro, porque no, demos un voto de confianza y creamos que Ezquerra fue el tercer español en ganar la Cruz de Caballero. Como siempre, la verdad de estos hechos quedan a discreción del lector.

domingo, 1 de noviembre de 2015

- ESPECIAL: El vergonzo final del Barón Rojo -

Rememoramos una de las entradas más visitadas de este 2015, el verdadero final del Barón Rojo, el piloto más famoso de la Gran Guerra y de la Historia. ¿Murió realmente como un héroe? Averigualo leyendo esta fabulosa entrada.

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De nuevo he vuelto a pasarme poco o nada por mi blog por causas ajenas a mi voluntad (problemas con el ordenador, problemas de salud y papeleos varios) pero ya estoy de vuelta con algunas historias muy interesante, ¡qué espero que hagan vuestras delicias! Hoy quisiera hablar de un hecho que muy poca gente desconoce, dado que la leyenda se ha superpuesto a la realidad y los aliados de la Primera Guerra Mundial (especialmente gracias a Reino Unido): el ignominioso final del aviador más famoso de la Primera Guerra Mundial: Manfred von Ritchthofen, aquel que pasó a la historia como el Barón Rojo.

- El famoso Barón Rojo en una sus fotografías más conocidas -

   
     Regresando al tema que nos ocupa, como bien ya sabéis el Barón Rojo fue abatido y muerto el 21 de abril de 1918 en las inmediaciones del río Somme. Independientemente de quien fuera el responsable del tiro que acabó con su vida (que daría para otra entrada y ya se ha escrito de ello hasta la saciedad), lo único claro es esta verdad: el Barón Rojo estaba muerto y su cuerpo y avión habían caido en líneas aliadas, concretamente cerca de líneas australianas. 

     La Historia nos habla de como fue recuperado el cadaver y de como fue enterrado con todos los honores militares, y como su féretro era portado por 6 pilotos del escuadrón aliado 209.  Incluso en su lápida se podían leer las siguientes palabras:

Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor. Que descanse en paz.

      Un final muy poético y romántico digno de cualquier caballero del aire de la Primera Guerra Mundial, conocida como la "última guerra caballeresca", pero lamentablemente la verdad es muy, muy distinta. 

     En el mismo momento en el que los restos mortales del famoso Barón y los restos de su avión estuvieron al alcance de las tropas anglo-británicas comenzó lo que ha ocurrido en todas las guerras: la colección de recuerdos. El avión fue despiezado en multitud de fragmentos que los soldados comenzaron a repartirse como si fuera un tesoro o una gran pieza de caza que era codiciada por muchos. 

- Foto en la que se ve parte de los restos de avión con unos exultantes vencedores -


     Pero ahora viene la peor parte de todas, parte que ha sido ignorada por los historiadores, el saqueo del cadaver del Barón Rojo. El famoso héroe, aquel que era "tan admirado, temido y respetado" fue tratado igual que su avión, como un mero trofeo. Lo primero que arrancaron al aún caliente cadaver de uno de los héroes de guerra más valientes de todos los tiempos fueron sus condecoraciones, no todas, dado que el Barón Rojo no volaba con todas ellas, pero muy seguramente una Pour le Merité de campaña (una versión más barata que muchos oficiales ordenaban fabricar a los joyeros y que llevaban con ellos a la guerra), su Cruz de Hierro de Primera Clase y su Placa de piloto, que pronto fueron extraidas de su cadaver como meras piezas de colección.

     Por si esto no fuera poco, muy pronto sus prendas personales comenzarón a ser extraidas, sus pantalones, sus botas, su abrigo, sus gafas, su gorro... todo era ideal para ser considerado botín de guerra, por lo que muy pronto el cuerpo quedó tendido en el suelo sin apenas ropa, desnudo, inerte, muerto.

     Los restos mortales del Barón, ya prácticamente desnudo, fueron depositados en un hangar. Obviamente había que llevarse sus restos, ya sin ropa ni uniforme alguno tras la rapiña, por lo que se le cubrió sobre una manta, se ató a algunos fragmentos de su avión y listo, tal y como se aprecía en una de las dos fotos del cadaver del Barón Rojo.

- El cadaver de Manfred von Ritchthofen atadó a un fragmento de su avión y cubierto por una manta -

     Como ya he dicho, los restos mortales de Manfred von Ritchthofen recibieron honores militares, y su féretro cubierto por flores en señal de respeto... cuando en el interior del ataud iba un cuerpo que había sido totalmente desvalijado, prácticamente desnudo y atado con una cuerda a un trozo de avión. ¿No resulta irónico?



- Vídeo del funeral del Barón Rojo -



     Y ahora la pregunta que a todos os puede rondar por la cabeza, ¿pero realmente hay pruebas de tal expolio al cadaver del Barón Rojo? Indudablemente. La mayor parte de los museos militares de Australia conservan alguna parte del uniforme del intrépido piloto, todo gracias a donaciones de soldados que participaron en el saqueo del famoso cadaver principalmente.


 - Una de las botas del Barón Rojo, expuestas en el Australian War Memorial Museum -


- Parte del cinturón del uniforme del Barón rojo, expuesto en el Australian War Memorial Museum -

     Recuerdo haber visto tiempo atrás los guantes del famoso as en otro museo (ahora no consigo recordar cual) e incluso un coleccionista español asegura tener alguna de aquellas medallas extraidas al cuerpo de Manfred, a pesar de que la mayoría de ellas se conservan hoy en día en el Museo del Aire de la ciudad de San Diego y el como llegaron allí darían para otra entrada en este blog.


                       - Medallas que hoy descansan en un museo pertenecientes al Barón Rojo -

     Por lo tanto no es de extrañar que en diferentes museos del mundo te puedas encontrar "fragmentos" de uniforme del Barón Rojo, o fragmentos del avión propiamente dicho. Muy seguramente estos fragmentos se conserven como reliquias en las casas de los descendientes de aquellos soldados, o incluso quien sabe, hayan acabado en la basura al no conocer el valor real de dichos objetos. Lo único que queda claro es que, desafortunadamente, la historia siempre la escriben los vencedores y la verdad es a veces dificil de conocer.

sábado, 31 de octubre de 2015

- El día que Michael Wittmann pudo morir antes de tiempo -


Vuelvo a recordar una de las entradas más populares del año 2015 en el que comentaba como pudo morir Michael Wittmann, mucho antes de lo previsto. ¡Así que recordemos esta interesante entrada!

Michael Wittmann, el tanquista más famoso de la 2ª Guerra Mundial gracias al Ministerio de Propaganda del Tercer Reich que incluso hoy es recordado como el "mejor tanquista de la 2ª Guerra Mundial". Aunque esta última información no es cierta hoy no voy a rebatir sobre quién era mejor tanquista y oficial que dicho tanquista sino lo que pudo ser su primer y último combate en el Frente del Este a bordo de un Tiger I, dato que conocemos gracias a las memorias de su artillero, Woll, al cual ya hemos hecho referencia en este mismo blog (PINCHA AQUÍ PARA MÁS INFORMACIÓN).

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Regresando a las memorias del artillero de Wittmann, Woll recogió en una breve entrevista lo que fue su primera misión de combate, en la que tanto él como su famoso comandante pudieron haber muerto en lo que sería su primera misión en el Frente del Este:


 <Nunca olvidaré mi primer enfrentamiento contra el Ejército Rojo. [...]* Poco después Michael avistó una columna de T-34 a unos 3.000 metros. Rápidamente nos dirigimos a la batalla y comunicamos por radio nuestro avistamiento.[...]*. Apoyado por Jungen Brandt* disparamos dos o tres obuses de alto explosivo en mitad de los cañones y los destruimos. [...]*. Yo pensaba: esto es muy fácil. Entonces un proyectil impactó en el blindaje frontal y oigamos un fuerte “¡clank!”. No llegó a penetrar pero el sonido nos dejó en estado de shock. Recuerdo a Heinz Kling darse la vuelta y pedirle susurrando a Michael que nos fuéramos. El impacto ruso desagarró nuestro zimmerit e hizo una importante abolladura en el centro del blindaje frontal. Nos dimos cuenta de que si hubiéramos estado en otro tanque más débil podríamos haber muerto>.
Nota: [...]* Fragmentos eliminados que sí aparecen en la biografía completa que se puede conseguir patrocinando el blog Héroes de Guerra.  

Un impacto que podía haber cambiado la Historia de Michael Wittmann, pero afortunadamente la fuerte armadura frontal del Tiger I (100 milímetros) protegió a la tripulación alemana que viviría para contarlo y escribir con letras de oro su épica en la Historia Militar, especialmente en la famosa acción de Villers-Bocage, pero eso es otra historia que debe ser contanda en otra ocasión.