domingo, 26 de julio de 2015

- Los hijos de la familia Goebbels -

Aunque nuestra bitácora recoge héroes de guerra, quiero hacer un inciso y recordar parte del extenso reportaje que ya publiqué hace 4 años sobre los hijos de Goebbels en el blog. Lo publiqué también en homenaje a todos los pobres niños que han sufrido por culpa de sus padres un destino trágico y cruel... héroes a su manera.

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Goebbels, La Familia, estaba compuesta por cinco hijas y dos hijos, el Ministro de Propaganda Nazi Joseph Goebbels y su esposa Magda Goebbels. Todos los hijos que tuvo la familia serían asesinados por sus propios padres en el Bunker de Berlín el 1 de mayo de 1945, poco antes de sus padres se suicidaran. 

Algo que es desconocido por la mayor parte de los aficionados es que Magda Goebbels tenía un hijo mayor de un matrimonio anterior (y por tanto era hijastro de Goebbels) llamado Günther Quandt el cual no murió a manos de su maléfica madre y su tirano padrastro. Es curioso que el nombre de todos los hijos del matrimonio Goebbels fueran bautizados con nombres que comenzaban por la letra H. Algunos historiadores señalan que es posible que sus nombres fueran una especie de homenaje a Adolf Hilter y al nacionalsocialismo pero no existe ninguna tesis que corrobore esta hipótesis, pues ni Magda ni Joseph hacen mención de ello en sus respectivos diarios.
Harald. Harald Quandt era hijo del anterior marido de Magda, Harald Quandt (multimillonario alemán fundador de BMW). El muchacho tenía 10 años cuando su madre contrajo matrimonio con Goebbels en enero de 1931, dos años después del divorcio de sus padres. El muchacho vivió algunos años con su padre natural hasta que Goebbels protestó formalmente por ello, por lo que fue a vivir a la nueva residencia de su madre. El muchacho acompañó algunas veces a su "tío Joseph" a algún discurso vistiendo el uniforme de las Juventudes Hitlerianas. El joven muchacho participaría en la 2ª Guerra Mundial, alcanzando el rango de Teniente y enrolándose en la Luftwaffe lucharía contra los aliados. Siendo capturado por los aliados sobreviviría a la guerra y a la muerte. Tras la guerra se convertiría en uno de los hombres más millonarios de Alemania tras convertirse en propietario de parte de las fábricas de su padre. 

En 1934, Goebbels compro una impresionante casa con sus propios jardines en Schwanenwerder, una isla del rio Havel. También compró un yate a motor para navegar por el río. Los chicos no tenían ponies, pero si un pequeño carruaje para usarlo en los jardines. 

La familia también tenia un pequeño castillo cercano a Berlín que era su residencia oficial, aunque realmente solamente era usada como vivienda para los fines de semana. El matrimonio Goebbels quedó muy erosionado a causa de los escarceos amorosos de Goebbels con varias actrices, tanto que comenzaron a vivir separados, y parece que este hecho no pareció ser percibido por los pequeños, pues seguramente pensarían que su padre estaría muy ocupado a causa del trabajo. 

A finales de enero de 1944, Goebbels envio a Magda y a sus dos hijas más mayores a un hospital militar para ser filmadas con soldados heridos, pero pronto se abandonó el proyecto porque las terribles heridas de los jóvenes soldados podrían ser demasiado traumáticas para las pequeñas. Cuando el ejército soviético se aproximó a Alemania, Goebbels trasladó a su familia a la seguridad de su residencia en Schwanenwerder. Sus hijos pronto escucharon el ruido producido por la artillería soviética y se preguntaron porque nunca llovía a pesar de escuchar "truenos".

El 22 de abril de 1945, el ejército ruso entraba en Berlín, a la vez que sus hijos hacían lo propio en el Vorbunker, el bunker conectado al Führerbunker debajo de los jardines de la Cancillería del Reich. El líder de la Cruz Roja, el sanguinario Karl Gebhardt (presente en esta obra) se ofreció salvar a sus hijos y sacarlos fuera de la ciudad, pero Goebbels no quiso desprenderse de sus hijos. El coronel F. von Loringhoven recuerda cuando llegaron los niños al Bunker en sus memorias:





«Aquella noche (la noche del 22 al 23 de abril) me encontraba por casualidad en la parte baje de la escalera del búnker cuando vi llegar a Magda Goebbels , una mujer hermosa, muy elegante, seguida de sus seis hijos que bajaban los escalones en fila india. Tuve un mal presentimiento al ver sus frágiles siluetas, vestidas de oscuro, y sus rostros pálidos y ansiosos. ¡Qué idea llevar a unas criaturas tan inocentes a semejante lugar! Si les enviaban a Baviera, no les ocurriría nada. Esos niños, como todos los demás, se exponían a no salir vivos de allí.»

El 27 de abril los niños conocieron a Hanna Reich que llegó al Führerbunker. Hanna Reich recoge en sus memorias este momento:

Cuando entré en la habitación, contemplé aquellas seis hermosas caras de niño, de los 4 a los 12 años, que […] me miraban con viva curiosidad. 

Ese mismo día, la secretaría de Hitler escribía lo siguiente en su diario:



«Todos estábamos muy asustados, parecía que las bombas nos caían justo encima, que en cualquier momento íbamos a saltar todos por los aires. Las manos y las piernas me temblaban de tal manera que casi no podía sujetarme en pie. Blondi no sabía dónde esconderse, los niños de lo Goebbels lloraban desconsoladamente. Trauld Junge.»


Junge cuidó de los pequeños cuando a eso de las tres y media de la tarde del 30 de abril Hitler y Eva se suicidaban. Todos los que estaban en el Bunker tenían dos opciones, suicidarse o intentar huir para no caer presa de los soviéticos, que era el peor destino para alguien que había estado tan cerca del régimen nazi. En el Testamento de Goebbels escrito el día anterior a la muerte del Führer, Goebbels decía:

«Por esta razón, expreso en nombre propio, en el de mi esposa y en el de mis hijos, demasiado jóvenes aún para poder manifestarse por sí mismos pero que, de tener la edad suficiente para ello, se adherirían incondicionalmente a esta decisión, el propósito irrevocable de no abandonar la capital del Reich, aun en el caso de que caiga y poner fin al lado del Führer a una vida que para mí personalmente no tiene valor alguno si no puedo dedicarla al servicio del Führer, a su lado»

Los cuerpos de los niños fueron encontrados por los soviéticos el de mayo de 1945 con sus prendas de vestir y los niñas con lazos en sus pequeñas cabezas. Sus cuerpos fueron enterrados con los cuerpos de Hitler, Eva Braun, Krebs, el perro de Hitler y sus padres en tumbas cerca de Rathenow. En los años 70, los restos mortales fueron desenterrados e incinerados para ser tirados a un río.

«Los niños eran inocentes. No se les puede acusar de los crímenes y errores que sus padres cometieron. Fueron asesinados como otras muchas victimas inocentes de la 2ª Guerra Mundial.»


Biografía recogida en el libro EL BUNKER DEL FÜHRER. 
Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

miércoles, 1 de julio de 2015

- Michael Wittmann: su acción de Villers-Bocage -



Saludos amigos,

Tiempo atrás ya compartí con vosotros algún artículo sobre parte de la biografía de Michael Wittmann. 

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Hoy comparto con vosotros una versión extendida de su biografía, centrándome en esta ocasión sobre su famosa acción de Villers-Bocage, fragmento de mi próxima obra "Espadas de las Waffen-SS".


 A raíz de la invasión aliada de Francia, el batallón fue destinado el 7 de junio a Normandía llegando a este lugar el 12 de junio, tras cinco días de marcha por carretera. Hay que decir que el 6 de junio el batallón 101º de Tanques Pesados cuenta con 101 Tigers I, pero los imparables bombardeos van diezmando poco a poco las fuerzas alemanas. Una semana después, solamente quedan operativos 6 vehículos. Ubicados en el frente izquierdo, el más determinante para enfrentarse a los británicos y canadiense dado que si este sector caía era la  ruta más rápida en llegar a Alemania, por lo que era normal que dicho sector contara con las  mejores unidades germanas.
Debido a los avances aliados desde las playas de Gold y Omaha, la 352ª División de Infantería comenzó a ceder terreno, provocando en su retirada una brecha en las líneas alemanas de 12 kilómetros cerca de Caumont-l’Éventé. Sepp Dietrich ordenó a su unidad de reserva, la SS-Panzer Batallón 101, situarse detrás de la División Panzer Lehr y la 12ª División Panzer de las SS Hitlerjungend, para cubrir la brecha del flanco izquierdo del frente. Anticipándose a la importancia que los británicos daban a la zona cerca de Villers-Bocage, y de esta forma la unidad de Wittmann fue trasladada cerca de la ciudad.
Los británicos que componían la 7ª División Blindada tenían la misión de adentrarse en las líneas alemanas gracias a la brecha creada en el frente germano, y aprovechar la ocasión para capturar Villers-Bocage y una cordillera cercana que era una posición muy estratégica. Los británicos ocuparon la ciudad y la cordillera durante la mañana del 13 de junio. Wittmann, cuyo batallón recordemos tenía únicamente cinco tanques operativos, se sorprendió al descubrir a los británicos en las cercanías de Villers-Bocage mucho antes de lo previsto. El vehículo de nuestro protagonista se encontraba entre la espesura de árboles que rodeaban la ciudad. Según Wittmann esto fue lo primero que ocurrió en aquel día:

<Entonces un hombre apareció en el puesto de mando y me indicó que  había carros acercándose y que no creía que fueran alemanes. No tenía ni idea de que el enemigo aparecería de repente. Vi como los carros blindados americanos e ingleses pasaban a solamente 150 metros de mi posición. Nunca me había impresionado tanto la potencia enemiga como  entonces.>

De pronto Wittmann estaba observando a la 22ª Brigada Acorazada británica avanzando desde su posición.  Poco después decidió lanzarse al ataque en solitario pese a la extraordinaria superioridad numérica del enemigo:

<No fue fácil dar la orden de atacar, pero sabía que era absolutamente necesario y decidí abalanzarme contra el enemigo. No tenía tiempo de reunir a mi compañía por lo que preparé un solo tanque. Fui hacia la columna enemiga, sorprendiendo  a los ingleses como ellos me sorprendieron a mí. Inmovilice primero a dos carros por la derecha. Luego a uno por la izquierda. Después giré a la izquierda y ataqué a los vehículos acorazados de transporte en mitad del regimiento. Nunca abandonaron la carretera, y se sorprendieron tanto que huyeron pero sin sus vehículos. Saltaron y yo disparé a los vehículos del batallón mientras conducía. Fui hacia la retaguardia de la columna destruyendo cada carro que se aproximaba. La confusión se apoderaba del enemigo. Pude destruir carros de combate, así como transportes acorazados. Luego me dirigí hacia la ciudad de Villers-Bocage.>

Esto ocurrió aproximadamente a las 9 de la mañana cuando el Tiger de Wittmann surgió de la cobertura en la ruta nacional 175 y contraatacó a los tanques británicos de vanguardia, destruyéndolos. A continuación se dirigió a Villers-Bocage.
Entrando por el extremo oriental de Villers-Bocage, Wittmann atacó a varios tanques ligeros y después a otros de tipo medio. Alertados por los ataques de Wittmann, nuevos tanques ligeros, desde el centro de la ciudad, marcharon rápidamente en ayuda de sus compañeros por la carretera. Wittmann, mientras tanto, había tenido tiempo todavía de destruir un tanque británico más, dos puestos de artillería de Observación (PO) de tanques, un vehículo de reconocimiento y un furgón. Varios relatos difieren en cuanto a lo que sucedió después. Los historiadores confirman que tras la destrucción de los tanques de OP, Wittmann intentó medirse sin éxito contra un Sherman Firefly antes de retirarse. El Tiger informó que continuaba hacia el este, a las afueras de la ciudad, antes de ser inutilizado por un arma anti-tanque. Sin embargo, el propio Wittmann contradice esto, asegurando que el tanque fue inutilizado por un arma anti-tanque en el centro de la ciudad. Wittmann aseguró también  que su vehículo quedó inutilizado en medio de la ciudad y que se negó a dejarlo abandonado y continuó disparando hasta:

<21 carros aliados destruidos. Llegue aproximadamente al centro de la ciudad donde fui alcanzado por un anticarro. Mi vehículo estaba inutilizado, y  seguí disparando y destruí todo lo que estaba a mi alcance. Después abandoné el tanque.>
En menos de quince minutos, catorce tanques (5 Cromwell, 3 Stuart y 4 Sherman), dos cañones antitanque y quince de los vehículos de transporte habían sido destruidos por el Batallón SS-Panzer 101, la gran mayoría atribuibles a Wittmann, dado que los otros Tiger I entraron en combate una vez que estuvieron listos. En resumidas cuentas, en esta batalla se vieron las caras 138 carros y vehículos blindados aliados contra solamente 6 tanques alemanes.  15 minutos fueron suficientes para dejar fuera de combate a todo un regimiento enemigo. Esta acción retrasaría la toma de Caen dos meses más por parte de aliados, lo que nos da una clara muestra de cómo una acción individual puede cambiar el curso de una batalla.
Lo que está claro es que Villers-Bocage fue una muestra de improvisación, decisión, y suerte, factor muy decisivo como en muchas ocasiones en la biografía de este intrépido tanquista. Wittmann no actuaría más en la batalla de Villers-Bocage. Más tarde afirmaría con respecto a esto que:
«No he tenido tiempo para montar mi ataque, teniendo que actuar rápidamente, ya que tuve que asumir que el enemigo ya me había descubierto y me destruiría donde me encontrara. Partí con un tanque y dije a los demás que no debíamos retroceder un solo paso, sino mantener nuestras posiciones»


jueves, 18 de junio de 2015

- Oskin: El destructor de los King-Tigers alemanes -



Hoy hablamos de una de las acciones más notorias de la guerra blindada soviética durante la 2ª Guerra Mundial en la que un solo tanque soviético puso fuera de juego a tres tanques Tiger II "Königstiger" en solitario.

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El primer batallón pesado alemán Pz VIB se movilizó en agosto al frente del Vístula. En esta ocasión dicha unidad llegaba al campo de batalla con los nuevos y flamantes Tiger II. El Tiger II  (Panzerkampfwagen Tiger Ausf. B) también era conocido como Königstiger, el Rey Tigre. Con un peso aproximado de 77 toneladas, un tamaño de casi 7 metros de largo, un blindaje frontal de 180 milímetros y equipado con un poderoso cañón 8.8 cm KwK 43 L/71 que podía destruir a cualquier tanque soviético de un solo tiro lo convertía en el tanque más grande y mortífero que podía existir sobre el campo de batalla en ese momento.

Es por eso que los alemanes utilizarán a la poderosa unidad 501 SpzAbt para realizar un contraataque contra la cabeza de puente de Sandomierz, en la orilla occidental del Vístula. La mañana del día 11 de agosto, el poderoso batallón llegaba por tren a la ciudad de Kielce, a 50 kilómetros del frente.
Llegaron dos compañías con 20 Tiger II y otras dos compañías con un total de 20 tanques Panzer IV Ausf. H, el modelo de Panzer IV más moderno construido hasta ese momento. Justo detrás de ellos, otras dos compañías compuestas por otros 20 Tiger II aún no habían llegado  debido a que los Tiger II se habían averiado y estaban siendo reparados lo más deprisa posible. En lugar de esperar a las unidades rezagadas la unidad recibió la orden de atacar inmediatamente el sector, por lo que a última hora de la tarde el motor de los tanques se puso en marcha.

El Comandante de la unidad, el mayor Von Legat, gritó enfervorecido a sus hombres, convencido de una rápida y clara victoria debido a sus impresionantes tanques:

«¡Soldados! ¡tenemos el blindado perfecto! ¡no será un combate sino una cacería de ivanes!»

La unidad alemana se comenzó a mover como una sola acompañada por varias compañías de soldados alemanes, rumbo a los primeros pueblos en manos enemigas: Ogledow y Szydlow. El lugar estaba defendido por el 6º Cuerpo Acorazado de la Guardia en Szydlow principalmente. La unidad estaba compuesta por tres compañías de T-34 (de los cuales 15 de ellos eran T-34-85), y compañía de tanques IS-2 y un puñado de ISU-122). El primer tanque que sería movilizado sería el T-34-85 de Oskin. Se le ordenó que realizará un rápido reconocimiento a la cercana ciudad de Ogledow, pero acompañado por un pequeño pelotón de soldados especializados en la destrucción de tanques (Tankodesantniki), que se acomodaron como pudieron en la parte trasera del T-34-85 comandando por Oskin.

Los alemanes comenzaron a bombardear las posiciones soviéticas tras el pertinente reconocimiento aéreo. Los soldados soviéticos y los tanquistas comenzaron a inquietarse, pues sabían perfectamente que la terrible cortina de fuego de la artillería era la señal de que se dirigían tanques alemanes. La “calma” que precedía a la “tormenta”, una calma de fuego y explosiones. Cuando la artillería alemana quedó completamente silenciada las fuerzas soviéticas comenzaron a prepararse para el combate después de perder a algunas unidades.

Con las primeras luces del alba del día 12 de agosto de 1944, la tranquilidad y silencio de Ogledow se vieron perturbados por ruidos metálicos que se aproximaban a la ciudad. Eran fuertes sonidos de metal rechinando sobre el suelo. La tierra temblaba.  Los alemanes tenían intención de flanquear el principal núcleo de las fuerzas soviéticas de Szydlow. De los 20 Tiger II que iniciaron la marcha a través del extenso valle que se dirigía a Ogledow solamente llegarían 8, dado que los otros 12 quedaron atrás a causa de problemas mecánicos.  En el pueblo solamente había una pequeña patrulla soviética compuesta por el T-34-85 de Oskin y el pequeño pelotón de soldados que le servía de apoyo. Obviamente, las fuerzas enemigas fueron fácilmente avistadas por los soviéticos, pero Oskin, en lugar de retirarse se preparó para el combate.

Las fuerzas alemanas (8 Tiger II y tres compañías de soldados panzergrenadier) estaban a las afueras de la ciudad, por lo que Oskin tuvo bastante poco tiempo para actuar. Camufló su tanque en un maizal cercano con la ayuda de los soldados soviéticos que cubrieron el T-34 con vegetación,  y se apresuraron a tomar posiciones defensivas en torno al T-34-85.

Mientras tanto los alemanes prepararon una patrulla que se puso en marcha rumbo a la ciudad. Hay que decir que los alemanes cometieron un grave error de estrategia, dado que en lugar de enviar a los soldados en primer lugar, la avanzadilla enemiga se compuso de tres tanques Tiger II.

A través de los prismáticos Oskin identificó erróneamente a los tanques que se aproximaban como Panther V, dado que nunca había visto un Tiger II y las similitudes entre ambos tanques son evidentes, más si los observas a grandes distancias. Los tres gigantes entraron en el pueblo sin encontrar resistencia. Cuando los alemanes entraron en el pueblo, Oskin volvió a echar mano de sus prismáticos y observó con más detenimiento a los tres gigantes que se movían entre las calles de la ciudad como si fuera un desfile militar, uno detrás de otro. Por fin entendió que no eran Panther V, sino una nueva clase de tanque súper pesado que jamás había visto con anterioridad.

El paseo triunfal en fila india de los alemanes continuó durante 2 minutos más. Nuevo error táctico. Los Tiger II no habían utilizado la formación en abanico, estrategia básica si dos o más tanques penetraban en una ciudad con posible resistencia enemiga. Perfecto. Era lo que Oskin necesitaba. El primer Tiger II pasó frente a su posición a menos de 200 metros de distancia, oportunidad que Oskin no podía desaprovechar. Ordenó abrir fuego contra el segundo tanque.

El pesado proyectil del T-34-85 salió disparado e impactó en el lateral de la torre. El impacto fue brutal, dado que penetró el blindaje matando al instante a la tripulación, pero aun así… ¡el tanque seguía en marcha! En ese momento Oskin ordenó disparar de nuevo contra su primer objetivo, pues desconocían que ya estaba fuera de combate. El tanque recibió otros 3 impactos antes de empezar a arder.

En ese momento, un Tiger II se detuvo y giró su torreta para apuntar, pero debido al humo de los disparos, el polvo levantado por los Tiger en movimiento y el negro humo que desprendía el tanque envuelto en llamas era imposible localizar al enemigo ante tal escasa visibilidad. Este momento de incertidumbre fue aprovechado por Oskin que abrió fuego de nuevo, esta vez contra el  primer Tiger que tenían de frente.

Un disparo al frontal del tanque, y el disparo rebotó. Sin tiempo para pensar, el cargador volvió a introducir una nueva bala y Oskin gritó de nuevo: <¡Fuego!>. Un segundo impacto en el frontal del Tiger y el majestuoso blindaje frontal de 180 milímetros hacia acto de presencia en ese momento, y de nuevo, la bala rebotó. Oskin tratando de mantener la calma, ordenó un tercer disparo: <¡Fuego!>.  
El artillero no podía fallar dado que el tanque alemán seguía inmóvil a menos de 200 metros. Nuevo impacto en el frontal del Tiger II, y un nuevo rebote.  <¡Apunta a la torreta, a la torreta!>.

Sin tiempo para pensar, el artillero reaccionó mecánicamente en el mismo momento en el que el cargador había introducido un nuevo proyectil en el cañón. La bala salió disparada e impactó en la torre del Tiger, consiguiendo penetrar su anillo, impactando en la Santabárbara de la torreta. El Tiger estalló en ese momento por los aires y el tercer Tiger intacto sin saber muy bien que sucede decidió retirarse.

 En ese momento el T-34-85 de Oskin vuelve a disparar. El impacto se abrió camino a través del blindaje trasero del Tiger II dañando críticamente el motor. El tanque dejó de moverse y el impacto mató a uno de los tripulantes. Los soldados soviéticos gritaron de alegría a la vez que surgían de entre el maizal para correr hacia los Tiger II en  busca de prisioneros. Los únicos supervivientes fueron 4 miembros del tercer tanque que pudieron salir del tanque en llamas que fueron capturados por los soldados soviéticos sin muchas dificultades.

Mientras tanto, en las afueras del pueblo, el mayor Von Legat decidió esperar refuerzos a raíz de que la avanzadilla de los tres Tiger II no regresó. Desde su posición se pudieron oír los disparos y explosiones por lo que Von Legat supuso erróneamente que el pueblo estaba fuertemente defendido.  En las dos horas siguientes varios de los Tiger II que se quedaron atrás consiguieron enlazar con la unidad de Von Legat.

Nada más recibir refuerzos los alemanes pusieron rumbo a Szydlow, quizás pensando que las fuerzas soviéticas se habían dividido y que controlaban ambas posiciones. Por supuesto los soviéticos se prepararían para recibir a los alemanes como se merecían, más teniendo en cuenta que allí estaba el grueso de su fuerza acorazada en la zona.

 El día acababa finalmente en aquella remota región rusa, y los alemanes se retiraron a lamer sus heridas. Atrás dejaban 14 tanques destruidos, algunos en buen estado que serían enviados a la retaguardia para ser estudiados minuciosamente.  3 de los tanques capturados fueron destruidos gracias a Oskin.  Como anécdota cabe destacar el informe de la unidad alemana envuelta en la lucha de Ogledow. El informe oficial de los alemanes indicó que el fracaso de la operación se debió a:

«[...] la presencia de masivas defensas de antiblindados 
enemigas, además de abundante artillería pesada.»

Es decir, que el T-34-85, sus cinco tripulantes y un puñado de soldados fueron para los alemanes “masivas defensas”. ¿Qué sería de Oskin tras aquella hazaña?  Por decreto del Soviet Supremo de la Unión Soviética, el Teniente de la Guardia Alexander Petrovich Oskin era nombrado Héroe de la Unión Soviética  y era condecorado con la Orden de Lenin y con la Estrella de Oro. 

lunes, 15 de junio de 2015

Anécdotas de las II Gª M III: El mago de la guerra


La magia, el arte de la diversión, de los trucos de salón, los fracks y los aplausos. El ilusionismo, ese gran aliado de esa profesión tan denostada y a la vez tan admirada por los pequeños y los no tanto, fue utilizado como arma de guerra durante la 2ª Guerra Mundial, ¿no es increíble?

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Si hablamos de la magia en la 2ª Guerra Mundial hay un nombre que obligatoriamente tiene que sonar con rotundidad, y es el de Jaspèr Maskelyne. Japer, nacido en 1902 en Inglaterra era nieto e hijo de magos, por lo que la magia le corría por sus venas. Trabajó como mago de salón entreteniendo a niños y mayores desde muy joven, siguiendo así la tradición familiar.



Con el inicio de la 2ª Guerra Mundial, Jasper se quisó también poner su granito de arena y participar en el esfuerzo bélico de su país. Por supuesto no lo haría empuñando un arma sino usando la magia para ayudar a los aliados la guerra. ¿La magia como arma de guerra? Cuando realizó su admisión para unirse a las fuerzas armadas el reclutador que recibió su solicitud de admisión muy seguramente tuvo que mirarle extrañado al otro lado del mostrador:

- ¿Qué habilidades dice que tiene usted?

- Soy mago, el poder de la ilusión y la pretidijitador. 

- Ya veo...




Y claro, en algún sitio tenía que encajar, así que se le asignó al cuerpo de ingenieros que camuflaban vehículos para eviatar que fueran destruidos por el enemigo en raids aéreos. Muy seguramente los primeros oficiales que le recibieron en la unidad se mostraron, de nuevo, bastante excepticos de sus habilidades, hasta, que, dicen, fue capaz de hacer "creer" a sus oficiales superiores que un acorazado alemán había atravesado el Támesis (o eso dicen algunas fuentes).

Poco después pasaría a formar de la A Force, un grupo especial dedicado al contraespionaje y creación de confusión en las tropas enemigas, y por supuesto Maskelyne fue invitado a unirse a esta unidad. Tras algunos trabajos que consistieron en salvar a británicos que estaban en terreno enemigo se planteó el problema de como poder desviar los bombardeos de los alemanes sobre Alejandría. Parece que nuestro protagonista tomaría la iniciativa de"crear una nueva ciudad", es decir "otra Alejandría".

La idea pareció cobrar fuerza y su proyecto fue aprobado. Se puso inmediatamente a crear un grupo heterogéneo de hombres llamado "Cuerpo Especial de Camuflaje" que llegaron a ser conocidos como "The Magic Gang", es eso, el Grupo Mágico. 

Así creó un falso puerto de Alejandría a escasos kilómetros, creando edificios falsos para que desde el aire se pudieran confundir con el puerto real. Una vez creado el falso puerto, cuando los alemanes atacaban por la noche se ordenaba apagar todas las luces del puerto auténtico de Alejandría, mientras que el falso brillaba con toda intensidad y atraía las bombas alemanas con mucho éxito. Los bombarderos germanos lanzaron sus bombas durante varios días y estaban seguro de acertar en sus objetivos, especialmente cuando Maskelyne hacía detonar una serie de artefactos pirotécnicos para dar así aún más la imprensión a los pilotos del Eje que sus misiones eran siempre fructíferas.

Este mago realizó muchas más gestas dignas de mención que descubriremos en otro artículo mañana :).

domingo, 14 de junio de 2015

- Breve historia de las Waffen-SS -



Con motivo de la futura publicación de mi obra "Espadas de las Waffen-SS" (editorial aún no confirmada, ya os avisaré), os muestro un breve fragmento de la Introducción y una breve historia de las Waffen-SS. ¿Cómo un cuerpo de seguridad se convierte en un ejército profesional con más de un millón de hombres en tan solo unos pocos años?

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«Meine Ehre heißt Treue»
«Mi honor es mi lealtad»
Lema de las Waffen-SS

BREVE HISTORIAS DE LAS WAFFEN-SS
SS ARMADAS


«Yo te juro, Adolf Hitler, Führer y Canciller del Reich, fidelidad y valor. Prometo obediencia hasta la muerte a ti y a los superiores por ti designados. Que Dios me ayude». Esta era el juramento que todos los miembros de las SS realizaban cuando pasaban a formar parte de dicha organización. Un juramento que dejaba clara una cosa, que la Waffen-SS era el ejército personal de Hitler,  llegando a ser considerados por los aliados y por los soviéticos como las tropas de élite alemanas. Y méritos hicieron para conseguir este reconocimiento. Jamás retrocedían y luchaban hasta sus últimos efectivos. Los soldados y oficiales de las SS eran unidades duramente entrenadas y fanáticamente instruidas. Una unidad de las Waffen-SS fue la responsable de la seguridad y funcionamiento de los famosos campos de exterminio, el personal de la Totenkopf. Por esto, y por las matanzas realizadas por algunas unidades de las SS durante la guerra, todos los miembros de las Waffen-SS fueron considerados criminales de guerra, a excepción de los soldados rasos que recibieron el perdón general, al considerar que fueron movilizados forzosamente. Por supuesto, criminales de guerra los hubo dentro de las filas de las SS que cumplieron a rajatabla los designios del loco de Hitler, pero en este caso, se puede afirmar que el error de unos pocos lo acabaron pagando muchos. ¿Pero, cómo fue posible que un simple cuerpo de seguridad creado para proteger a Hitler acabara formando parte de los cuerpos armados de Alemania, en la que estuvieron enrolados casi un millón de hombres de 25 nacionalidades distintas?

En los tumultuosos años que siguieron al final de la Primera Guerra Mundial en Alemania, surgieron nuevos líderes políticos y decenas de movimientos sociales. En las calles, los seguidores de dichos partidos se peleaban entre sí, y las bandas callejeras, los asesinatos y las extorsiones eran el pan de cada día. Adolf Hitler y sus seguidores formaban uno de esos grupos. Los miembros de partido necesitaban protección y seguidores para luchar contra otros radicales de otros partidos, y por eso nacieron la Schutz Staffel (brigadas de protección), que fueron creadas para protegerlo a él durante las reuniones políticas.

Por supuesto, el partido Nacionalsocialista luchaba en las calles contra obreros, comunistas y radicales de otras facciones políticas con unas «tropas» propias que se oponían a los otros grupos. Este grupo de «chusma» (tal y como eran llamados por los altos miembros del partido) formaban las Sturmabaeilung (SA), es decir, tropas de asalto. Así, el grupo más elitista nazi (las SS), estuvo subordinado (y a menudo de formas realmente humillantes) a este grupo de «plebeyos». La SA fue considerada por los nazis un mal menor, debido a que el partido Nacionalsocialista necesitaba de una mano ejecutora.

Para comprender como el pequeño grupo de las SS consiguió imponerse a las SA, es necesario que indaguemos en los años precedentes al estallido de la gran guerra y conozcamos los entresijos de la situación política entonces existente.

Hacia 1914, el partido socialdemócrata alemán era uno de los más importantes del país. Aunque Alemania tuviera un parlamento de diputados electos y que el partido mencionado tuviera una mayoría confortable en el Reistag alemán, no tenían poder ni influencia sobre los deseos del Kaiser, que gobernaba el país con mano de hierro gracias al apoyo militar.

Cuando el inicio de la Primera Guerra Mundial parecía inminente en 1914, los socialdemócratas protestaron enérgicamente contra la guerra. El Kaiser, temeroso de que los políticos pudieran iniciar una revuelta general del pueblo, generaron en las masas un gran fervor patriótico con varias medidas, consiguiendo el apoyo al Kaiser y a las fuerzas armadas por parte del pueblo, haciendo que los políticos, dieran su brazo a torcer a regañadientes, mostrando su apoyo al esfuerzo bélico.


Esta situación se mantuvo inalterable durante los primeros compases de la guerra. En el momento en el que la guerra se estancó y las acciones militares del Oeste acabaron por convertir la guerra en una guerra de posiciones (guerra de trincheras), surgieron las primeras disensiones.  Tras los fracasos de las tropas alemanas durante las ofensivas de 1918, esto fue el punto de inflexión que necesitaban los radicales izquierdistas.

En ese momento los políticos hicieron acto de presencia y presionaron para que los militares aceptaran las condiciones de paz que exigían los aliados, además de la dimisión del Kaiser. Tras la huelga general del 8 de noviembre de 1918, los generales alemanes presionaron al Kaiser, consiguiendo su abdicación. Friedrich Ebert, el líder socialdemócrata fue nombrado canciller. Se prometieron grandes reformas, en especial a nivel industrial, pero estás nunca llegaron. Comenzaron a surgir grupos radicales de extrema derecha e izquierda, debido a la pobreza en la que se había sumido Alemania. Además, con la firma del Tratado de Versalles, el ejército alemán quedaba reducido a sólo 100.000 hombres, y miles de soldados endurecidos, armados en muchos casos, regresaban a sus casas. Con su llegada, se extendió la idea general entre la población que el gobierno estaba totalmente corrupto y que había asestado una puñalada por la espalda a las fuerzas armadas que combatían en el frente. Y por esto, comenzaron a producirse complots liderados por militares para derrocar al gobierno que nunca llegaron a nada gracias a las denuncias de soldados con simpatías izquierdistas.

El ejército recién formado paso a llamarse Reichswehr, y sabiendo que no era capaz de mantener el control completo del país debido a sus escasos efectivos, fomentó la creación de grupos de ex-soldados de extrema derecha para que apoyaran al ejército cuando fuera necesario. Estos grupos llamados Freikorps existieron en toda Alemania, y algunos de ellos fueron muy numerosos, llegando incluso a contabilizarse 200 Freikorps en todo el país. Algunos de estos grupos no fueron más que meros mercenarios, cuya fidelidad dependía del dinero. Hubo un levantamiento de tropas de marina, dado que hacía meses que no recibían paga y secuestraron a varios políticos. El ejército pidió permiso al Canciller para arreglar el asunto por las armas. Ebert aceptó y el ejército trató de asaltar el edificio sin resultado, dado que trabajadores de izquierdas apoyaron a los marineros, y esto obligó al ejército a retirarse. Este suceso encolerizó a la opinión pública y a los políticos, y la extrema izquierda comenzó a organizarse. El caos llegó a Alemania.

De 1919 a 1921 Alemania sufrió oleadas de convulsiones políticas y sociales. Los radicales y los comunistas trataron de rebelarse en varias ocasiones, y las Freikorps realizaron matanzas sistemáticas de sus enemigos. Muchos líderes comunistas y de extrema izquierda desaparecieron estos años para no volver a ser vistos nunca más. Otros tuvieron mejor suerte, y fueron asesinados en plena calle, y hoy día descansan en una tumba que lleva su nombre. Este caos fue aprovechado por algunos Freikorps para el saqueo sistemático. Surgieron partidos políticos de extrema derecha e izquierda, tantos como ciudades. El ejército, preocupado por el auge de estos partidos exaltados, creó una red de informadores y espías para vigilar y controlar de cerca a estos grupos. Hitler, fue uno de estos informadores. Vigiló de cerca al NASDAP, y en poco tiempo y gracias a su oratoria se convertía en miembro del partido, y con el tiempo el líder del mismo.

Ante el auge de tanta violencia, Hitler decidió crear un grupo armado para velar por sus intereses y los del su partido, creando la SA con el apoyo de Ersnt Röhm y Johann Ulrich Klintzsch, un brutal oficial del Reichswehr y un antiguo miembro de uno de los Freikorps más importantes del país.
Los miembros de la SA, como antiguos miembros de los Freikorps, estaban acostumbrados a prestar lealtad personal únicamente al comandante de su unidad (práctica habitual), y en este caso, aunque Hitler era el líder del partido nazi, y supuestamente de la SA, no podía esperar una lealtad ciega de sus miembros.

En mayo de 1923 creó una guardia especial para protegerse. Se seleccionó a los miembros de la SA que estuvieran dispuestos a jurar lealtad a Hitler.  El futuro Fürher tuvo sus más y sus menos con Ehrhardt (uno de los primeros líderes de la SA), tanto que este decidió marcharse de las SA, al cual le siguieron muchos militantes. Para contrarrestar la influencia de los líderes de la SA, nombró a su seguidor Hermann Göring como líder de ala militar del partido. Göring trató de estructurar la SA como una fuerza armada y a pesar de sus esfuerzos, las relaciones entre el partido y las SA continuaban deteriorándose, con claras críticas de algunos miembros de las SA a la cúpula del partido. Röhm, que era el segundo al mando en las SA, y en realidad, por la falta de carisma de Göring, su verdadero jefe, estaba entre los críticos a Hitler.

Este creó un nuevo cuerpo de protección con dos de sus más antiguos colaboradores, Julius Schreck y Joseph Berchtold. La nueva unidad pasaría ser conocida con el nombre de Stosstrupp Adolf Hitler (tropas de asalto de Adolf Hitler). Así continuaron las cosas hasta 1923, cuando la situación pareció estabilizarse en Alemania temporalmente.

Por diversos motivos, Hitler y sus partidarios intentaron dar un golpe de estado, conocido como el Putsch de la Cerveza. El intento acabó en fracaso y Hitler estuvo a punto de morir por una ráfaga de tiros que uno de sus guardaespaldas recibió en su lugar. Pero, gracias a este fracaso, el partido tenía ahora su primera reliquia sagrada: la bandera ensangrentada de aquellos que murieron en ese tiroteo. Bandera que sería desde entonces alabada en la jerga nazi como la Blutfahne (bandera de sangre). Esta bandera fue utilizada a partir de entonces para consagrar las banderas y los estandartes de las unidades de reciente formación de las SA y las SS en una ceremonia en que la que tocaban levemente la reliquia reverenciada.

Hitler acabó en la cárcel y Göring exiliado. De esta forma Röhm se convertía en el líder indiscutible de la SA. En los años siguientes, la SA comenzó a tener más y más miembros, mientras que las SS no superaban el 10%. Varios líderes de las SS intentaron poner remedio a esta situación pero sin éxito, y la lista de dimisiones fue escandalosa. El crack del 29 trajo consigo una ola de parados que se sumaron a las filas de las SA, y este fue el año en el que Himmler se hacía cargo de la organización. Ordenó que los miembros de las SS tuvieran origen ario, y que vistieran también uniformes que se asemejaran a los del ejército (tal y como lo hacía la SA desde sus inicios), equiparando así las SS a las SA. Ese «elitismo» llamó la atención de una gran cantidad de miembros de la SA que quisieron formar parte de las SS sin conseguirlo. Himmler aumentó las filas de las SS muy rápidamente, gracias a su trabajo diligente y a su excelente organización.

El poder de la SA era tremendo, pero poco a poco las SS comenzó a hacerle sombra. Hubo incluso un pequeño motín de los líderes de las SA en Berlín en 1930 para que se cumplieran sus exigencias dentro del partido, un chantaje que Hitler desoyó. Hubo violentos enfrentamientos entre los miembros de la SA y las SS. La propia Policía estatal tuvo que intervenir en la sede del partido, y de esta forma fueron detenidos 25 miembros de las SA.

Ese mismo año, Stennes, el líder «rebelde» de las SA, negoció con Hitler un acuerdo para satisfacer las peticiones de éste. Röhm recibió en 1931 un informe, el cual parecía indicar que Hitler planeaba obligar a todos los miembros de las SA a un juramento a su persona. Estos se negaron a oír hablar de esto, y decidieron rebelarse contra el NSDAP, asaltando sedes del partido. El NSDAP expulsó a las SA del partido. Las SA, sin recursos, retiró parte del apoyo a Stennes.



sábado, 13 de junio de 2015

Anécdotas de la 2ª GM II: El "plan maestro" de Hitler en las Ardenas



Todo el mundo sabe a estas alturas que Adolf Hitler fue responsable en mayor medida de los mayores desastres del ejército alemán durante la 2ª Guerra Mundial. Famosas son sus frases de "resistir hasta el último hombre", "esta ciudad será fortaleza", y "hay que sacrificar hasta el último hombre".

Adolf Hilter no tenía formación militar alguna de grado superior. Es cierto que fue un cabo durante la Gran Guerra y que sería condecorado como héroe de guerra, pero es bastante distinto dibujar mapas a dirigir tropas en conflictos bélicos a lo largo y ancho de Europa.

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Bien es sabido que poco a poco Hitler va asumiendo el mando de las fuerzas militares alemanas hasta asumir un control absoluto, poniendo en determinadas posiciones a meros peones que simplemente cumplian su voluntad. 

Tras conocer estos detalles surge una pregunta: ¿cómo surgió "el plan maestro de las Ardenas" de Hitler? Esta importante operación alemana tan chapucera en el que se puso en el terreno de juego lo poco que le quedaba al ejército alemán era su canto de cisne, su última oportunidad para intentar alcanzar una paz negociada con los aliados, tal vez honrosa.

Esta operación no nació del consenso del Estado Mayor del Ejército Alemán, no salió del Estado Mayor de algún notable mariscal de campo o general al servicio de Hitler en 1944... ni mucho menos. No hay duda de que Hitler estaba rodeado de notables generales y magníficos estrategas como Model, Guderian, Manteufeul. von Manstein y muchos otros más... pero aún así este plan no surgió de la cabeza de ninguno de ellos.

¿Entonces? Sencillamente fue durante una "siesta" de Adolf Hitler. Hitler estaba enfermo de icteria y le costaba bastante dormir. En uno de esas duermevelas el dictador se pusó a pensar en una posible ofensiva en Occidente. Recurrimos a las memorias del General Jold para recordar el hecho:

<Hitler había tenido mucho en qué pensar durante todo el día. Lo ví a solas cuando estaba en la cama -habitualmente le desagradaba que lo vieran en la cama otros que no fueran sus asistentes - y me habló de su idea. Yo hice un croquis sucinto en un mapa, mostrándole la dirección del ataque, sus dimensiones y las fuerzas necesarias para llevarlas a cabo>.

Muy seguramente Hitler soñó con las victorias alemanas en 1918 y 1940 (dado que esa zona ya había sido utilizada para exitosos ataques alemanes en la anterioridad) por lo que Hitler, despertado por aquellas visiones de victorias del pasado, se preparó para emular una nueva victoria. No fue debido a que Hitler conocía la debilidad de los americanos en aquel sector, o que había estudiado los mapas meticulosamente, sino simplemente, a un idea que tuvo en la cama... sin tener en cuenta el resto de factores. Dio igual que todos los generales y oficiales dieran su opinión de que aquella misión era imposible debido a la falta de suministros  (especialmente de combustible) y hombres, daba igual los peros que se añadian a la lista: Hitler llevaría su ataque sobre las Ardenas gracias a su "visión".

No es necesario recordar como aquel plan tan "extraordinario" acabó.

jueves, 11 de junio de 2015

- Anécdotas de la 2ª Guerra Mundial: La fe como arma de guerra -



No hay duda que durante la 2ª Guerra Mundial se utilizaron una gran cantidad de armas para desvaratar las ofensivas enemigas, para obtener ventajas sobre el rival y en resumidas cuentas ganar la guerra.

Hay proyectos locos como el Hababuk, el gran portaaviones británico de hielo, o los murciélagos bomba americanos. Hoy hablaremos de como el general más temperamental y famosos de la Historia de los Estados Unidos, George Patton utilizaría la fe para conseguir ventaja  sobre sus enemigos.

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Pues bien, tal y como venía comentando Patton estaba dispuesto a continuar con su avance hacía el Rhin durante los primeros días de diciembre de 1944. Desafortunadamente el principal problema de su retraso y el de sus hombres hacia su objetivo no eran las tropas alemanas, sino el mal tiempo.

Efectivamente, los tanques no podían avanzar debido a las fuertes lluvias, por lo que los caminos de tierra pronto se convertían en barrizales y los Sherman eran incapaces de avanzar, retrasando así día a día el avance americano. 

Por lo tanto Patton decidió gastar su último cartucho y recurrir a la fe para definitivamente destruir al único elemento que no podía controlar: la lluvia que parecía no tener fin. El 8 de diciembre de 1944 llamó por teléfono a James O´Neill , capellán de campaña del III Ejército Americano.

- ¡Soy el general Patton! ¿Tiene una plegaria eficaz para cambiar el tiempo?

El capellán en lugar de quedarse sorprendido ante tal petición le indicó a Patton que llamará más tarde para buscar lo que el general había solicitado. Tras ojear rápidamente los libros de oraciones que tenía disponibles no encontró nada que pudiera servir, por lo que el capellán improvisó la siguiente oración:

<Dios misericordioso y todopoderoso,
Humildemente te rogamos que, con tu infinita bondad,
Detengas esas lluvias constantes a las que tenemos que enfrentarnos.
Concédenos un tiempo apacible para la batalla.
Ten a bien escucharnos como soldados que te exhortan a que,
Armados con tu poder, nos permitas avanzar de victoria en victoria,
Para acabar con la opresión y la perfidia de nuestros enemigos
E instaurar la justicia divina entre los hombres y las naciones. AMEN>.

Pattón escuchó la oración media hora después por teléfono y le dio el visto bueno y ordenó la impresión de doscientas cincuenta mil cuartillas para que todos los hombres del III Ejército recibieran su copia y recitaran la oración, dado que, como Patton dijo:

- Estas lluvias son el margen que contiene la derrota o la victoria.

Y las copias se imprimieron y los soldados americanos rezaron. ¿Os imagináis a todo un cuerpo de ejército americano compuesto por 250.000 hombres rezando casi al mismo tiempo? Desde luego tuvo que ser un momento bastante curioso. Obviamente hubo alguno que tiró la papeleta, pero la gran mayoría parece que siguieron las instrucciones al pie de la letra. Las plegarias fueron oídas y el mal tiempo cesó. Tiempo más tarde el capellán castrense se encontró y Patton agradeció a James O´Neill la oración:

-      Bien, Padre, nuestras plegarias han funcionado. Sabía que lo harían.

Y para recalcar sus palabras golpeó en el casco de acero que el capellán llevaba puesto con su fusta tan característica que siempre llevaba en la mano.

Bibliografía


- La Batalla de las Ardenas, Antony Beevor.