domingo, 1 de mayo de 2011

Evans, Ernest



Evans, Ernest Edwin, nació el 13 de agosto de 1908 en la tranquila y próspera ciudad de Pawnee, en el estado de Oklahoma. Era descendiente de nativos americanos (mitad cherokee y un cuarto de indio Creek), aunque solamente heredó un ligero tono bronceado en su piel.

Evans pasaría a la historia gracias a su brillante participación en una de las batallas navales más impresionantes y desconocidas de la Segunda Guerra Mundial: la Batalla del Golfo de Leyte, que formaría parte de la conocida Batalla de Samar.
En el Golfo de Leyte habían desembarcado 200.000 soldados americanos para recuperar las Filipinas, y cortar así las líneas de suministros de los japoneses. Si los nipones perdían las Filipinas, sería el fin de sus suministros en esa zona, dado que Japón por si solo no podía sostener una economía de guerra.

La fuerza central nipona que estaba delante de los americanos estaba compuesta por 4 acorazados, 6 cruceros pesados, 2 cruceros ligeros y 11 destructores. Sólo el Yamato tenía 6 cañones de 45 centímetros y pesaba lo mismo que todos los buques del Taffy 3 juntos: 72.00 toneladas a plena carga.
El Taffy 3 no tenía nada que hacer contra el gran Yamato, el acorazado más grande de la historia, y mucho menos contra toda la fuerza central japonesa. Los americanos contaban con 6 portaaviones de escolta, 3 destructores y 4 destructores escolta. Los barcos americanos estaban armados con cañones de 12 centímetros. Así comenzaba la batalla de Samar. Y uno de aquellos destructores estaba al mando de Evans. ¿Qué podría hacer el minúsculo barco de Evans?

Los americanos estaban muy relajados porque pensaron erróneamente que la fuerza central japonesa se había marchado al norte a combatir contra la 3ª Flota. Pero no fue así y David y Goliat se enfrentarían en alta mar.
Esta batalla tuvo lugar el 25 de octubre de 1944, siendo una de las batallas navales más épicas de la 2ª Guerra Mundial. A las 6:30 horas de la mañana, los japoneses abrieron fuego sobre el Taffy 3. Los poderosos cañones del Yamato comenzaron a entrar en acción. Los japoneses tenían que destruir a esos buques, los únicos barcos que protegían a los americanos en las playas de Leyte.


¿Y que hicieron los americanos? Los 6 pequeños portaaviones se situaron dentro de un círculo defensivo creado por los destructores, pues la principal prioridad de la flota americana era proteger los portaaviones. Viraron hacia el este para huir lejos de la flota japonesa. Hicieron despegar a todos sus aviones: 150 Wildcats y Avengers que lucharían contra los destructores y acorazados enemigos, consiguiendo impactos directos en varios buques enemigos a lo largo de la batalla.
Los destructores americanos crearon a continuación una barrera de humo protectora, formada a partir de la quema de botes de humo químico y fuel directamente en las chimeneas para crear humo negro. Esto ocultó la retirada de los portaaviones, pero expusó a los destructores al fuego enemigo.
El destructor más cercano a la fuerza japonesa era el USS Johnston al mando del Capitán de fragata Ernest Evans que no estaba dispuesto a esperar a que el enemigo atacara de nuevo. Decidió lanzar una ofensiva por su cuenta sin esperar ordenes. Desde luego, estaba claro que era una misión suicida, pero aún así sus hombres no protestaron y pusieron velocidad máxima hacia la flota de Kurita.
Su idea era lanzar un ataque con torpedos, pero para ello debía acercarse a 5 millas y media, pero la artillería naval japonesa podía alcanzar 5 ó 6 veces esa distancia. Los japoneses abrieron fuego desde una distancia inalcanzable para la artillería americana. Evans ordenó a su tripulación perseguir piques mientras el barco zigzagueaba huyendo de los disparos de la flota nipona. Esta es una táctica defensiva que consiste en navegar hacia las grandes columnas de agua producidas por los disparos de barcos enemigos, suponiendo que los artilleros no dispararan al mismo lugar.
Consiguió alcanzar las 10 millas, distancia de ataque para sus cañones. Abrió fuego sobre el crucero Kumano. En pocos minutos su batería lanzó unos 200 disparos. Sus proyectiles de 24 kilos acertaron en el barco japonés. En unos pocos minutos sus torpedos estuvieron listos.
El barco de Evans era un Destructor de 2.100 toneladas, especializado en cazar submarinos. Un barco que era llamado por los marineros "lata" por su falta de blindaje. El Kumano era 6 veces más grande, y estaba fuertemente blindado de proa a popa. El armamento superior del Kumano lo hacía imbatible. El Johnston solamente tenía 10 torpedos modelo 15 y 5 torretas de 12 centímetros. Continuó su trayectoria hasta situarse a distancia suficiente para disparar los torpedos, y a pesar de que varios barcos japoneses dispararon contra él, los artilleros japoneses fueron incapaces de impactar al rápido destructor. Disparó los torpedos y comenzó a alejarse. En pocos minutos se produjó una violenta explosión en la proa del Kumano. El crucero japonés había sido alcanzado y dañado. Con la proa seccionada, el barco herido se retiró del combate, y otro crucero le acompañó como escolta. En 10 minutos, la valiente acción de Evans había puesto fuera de combate a 2 cruceros.
Ahora se encontraba a 7 millas del acorazado Kongo, una distancia ideal para que este disparara. A las 7:30, el Kongo abrió fuego sobre el barco de Evans. Los proyectiles de 680 kilos atravesaron con suma facilidad la cubierta del USS Johnston y consiguieron acertar en la sala de maquinas. El barco vió su velocidad reducida a la mitad, convirtiéndose así en una presa fácil para los artilleros nipones.
Segundos después, otros proyectiles destrozaron el puente. Muy seguramente fueron disparos provenientes del Yamato. Este impacto paralizó las torretas porque eran electrónicas y eran dirigidas desde el puente. Evans estaba gravemente herido, pero a pesar de ello no cedió el control de la nave a otros oficiales. Con este trágico panorama, se dirigió al timón de popa para continuar con la gobernabilidad de la nave, aunque a su alrededor había heridos, sangre y metal quemado. Era una carnicería. Los equipos de reparación del barco milagrosamente consiguieron, a pesar del infierno que había a bordo, reparar dos de cinco torretas y continuar luchando.
A las 7:34, otro destructor americano, el destructor de escolta USS Samuel D. Roberts, un destructor de 1.250 toneladas, 2 cañones y 3 torpedos, entró en acción. El primer barco con el que luchó fue el Chokai, un barco el doble de largo, diez veces más pesado y muchísimo mejor armado si lo comparamos con el Roberts.
El Roberts pasó cerca del Johnston. Uno de los marineros del Roberts, Jack Yusen, recordaba años después en una entrevista, como vió en aquel momento al Capitán Evans en la cubierta de su barco, visión que le alentó:

«Allí en la popa estaba el capitán Evans dando órdenes, y cuando le vimos gritamos: ¡Mirad, es el Capitán Evans, Dios mío! Y cuando pasamos a su lado nos saludó. Hizó un rápido saludo militar a nuestro capitán».

Camuflado por el humo, el Roberts consiguió aproximarse a una distancia de solamente dos millas y media del Chokai. El Chokai disparó contra los americanos, pero estos se habían acercado tanto que no podían ajustar sus cañones, y los tiros de los artilleros pasaron por encima del destructor estadounidense. Dispararon sus 3 torpedos… ¡consiguiendo impactos directos en el crucero pesado! A continuación, atacó con lo que le quedaba, sus dos cañones de 12 centímetros que comenzaron a disparar a las partes más vulnerables del barco japonés.


Ya era imposible mantener el barco a flote, por lo que a las 9:45, Evans dió la orden de abandonar el barco. 25 minutos después, el destructor se hundió bajo las aguas del Pacífico. Se habían perdido 186 vidas, pero habían logrado lo imposible. Kurita ordenó regresar a casa y dar por terminada la misión pese a tener 20 barcos aún intactos: la determinación de pilotos y de las tripulaciones de 2 destructores habían salvado a MacArthur. La batalla de Samar había concluido. David había derrotado a Goliat. Hubo varios cientos de supervivientes, pero el destino de Evans nunca fue aclarado del todo. Algunos superviviente dicen que fue tiroteado desde los barcos japoneses, otros dicen que fue capaz de saltar en una balsa. Lo único cierto, es que estaba gravemente herido cuando ordenó abandonar el barco, y que no se encontraba entre los supervivientes rescatados. Evans sería condecorado con la Medalla del Honor a título póstumo por su contribución decisiva a la victoria en la batalla del Golfo de Leyte.

Biografía recogida en el libro CABALLEROS DE LA MEDALLA DEL HONOR.
Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

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