lunes, 9 de mayo de 2011

Héroe americano regresa a casa




Kennet Bayne, de 83 años, recibió la normalmente temida llamada del Ejército el pasado 23 de marzo. "Hemos identificado el cuerpo de su hermano. Llegará en una o dos semanas", le dijeron. Con las guerras de Irak y Afganistán, esa ha sido una llamada habitual para muchas familias norteamericanas en los últimos años. La diferencia, en el caso de Kenneth, es que su hermano, el héroe de guerra Robert Bayne, murió, a los 26 años, en la Segunda Guerra Mundial, cruzando el río Rhin cerca de Mannheim, en los últimos meses de encarnizada lucha contra los nazis. Había cuatro soldados del Ejército norteamericano en aquella misión de alto riesgo. Tres resultaron muertos. Sólo se recuperaron los cadáveres de dos. Uno de ellos, el propio Robert, quedó sin identificar durante 66 años. Hoy será enterrado en el cementerio de Dundalk, en Maryland.

Robert Bayne no se alistó en el Ejército el siete de junio de 1944 por obligación. Huérfano de padre, su sueldo en la empresa Western Electric en Baltimore mantenía a toda su familia: a su madre Katie; a sus hermanos, los gemelos Kenneth y Calvin, y a su hermana Florence. Aquel era motivo suficiente para quedar exento del servicio militar, que entonces era obligatorio. Robert, sin embargo, era un patriota. Vio a los hombres de su edad marcharse al frente y quiso servir a su país del mismo modo. Hizo a su madre firmar un documento en que le permitía acudir al frente y así lo hizo, para morir menos de un año después, el 28 de marzo de 1945, en una misión de alto riesgo, nocturna y voluntaria. La guerra acabó menos de seis meses después.

"Durante 66 años, no se nos notificó que unos restos encontrados en el Rhin podían ser los de mi tío", explica a EL PAÍS Kenneth Bayne, de 45 años, sobrino de Robert. "El problema fue una discrepancia en su registro dental. Parece que mi tío sufrió daño en su dentadura momentos antes o después de su muerte en aquella operación. Al no haber una coincidencia exacta entre el cadáver y los archivos del Ejército, no se pudo certificar su identidad. Se le enterró como un soldado desconocido en un cementerio [en Draguinan,] Francia. Con los nuevos desarrollos en identificación por ADN, en el Pentágono pudieron reabrir el caso y nos enteramos de la existencia de aquel cuerpo, que era el de mi tío, hace poco más de un mes".

Hubo más de 74,000 soldados norteamericanos desaparecidos en Europa en la Segunda Guerra Mundial. El Departamento de Defensa cuenta con un comando conjunto de identificación de Prisioneros de Guerra y Soldados Desaparecidos en Combate, con base en Hawái, donde se trabaja para identificar a cientos de cadáveres de diversos conflictos pasados, sobre todo de la segunda Gran Guerra, de la Guerra de Corea, de la Guerra Fría y de la Guerra de Vietnam. "Tenemos un equipo de 600 personas, que comprende a funcionarios, lingüistas, forenses, odontólogos, analistas de inteligencia, especialistas de explosivos y artillería, investigadores, archivistas y decenas de otros especialistas", explica Larry Greer, portavoz de la Oficina de Prisioneros de Guerra y Personas Desaparecidas del Pentágono.

"A diario, equipos individuales registran todo tipo de archivos antiguos aquí y en EE UU y en las instalaciones de nuestros antiguos enemigos. Ese tipo de investigación nos permite desplegar equipos de investigación a hacer trabajo de campo, entrevistando a ciudadanos, localizando puntos de enterramiento o donde fallecieron soldados y recomendando puntos de excavación si hay suficientes pistas. En el caso del soldado raso Bayne, sus restos fueron localizados en Francia", explica Greer. La labor de estos equipos se ha visto facilitada enormemente por los recientes desarrollos en identificación a través de muestras de ADN, algo que se utiliza en el 85% de casos de ese tipo en los que a día de hoy trabaja el Pentágono. Según explica Greer, "el ADN de los restos de un soldado se contrasta siempre con el ADN de un familiar de consanguineidad por vía materna".

Robert Bayne regresó finalmente a EE UU el pasado cuatro de mayo. De sus hermanos, sólo sobreviven los gemelos Kenneth y Calvin, de 83 años. Al saber que el cuerpo de su hermano volvía a casa, colgaron una foto del fallecido, vestido con su uniforme, antes de marchar al frente en el que había de morir, en la ventana de su casa en Dundalk, Maryland. Ambos se encontraban en el aeropuerto Thurgood Marshal de Baltimore cuando llegó el ataúd, cubierto por la bandera norteamericana. Aunque el Ejército les había pedido que se mantuvieran en firmes durante la breve ceremonia, Calvin no pudo evitar la emoción y corrió a besar la bandera. Habían sido 66 años de espera. Y su hermano, el héroe de guerra, estaba por fin de regreso en la patria por la que dio su vida.

Fuente original: El País

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