jueves, 16 de junio de 2011

Los últimos días de Adolf Hitler





Hitler, Adolf nació en Braunau am Inn, el 20 de abril de 1889, una pequeña aldea de Austria. Llegaría a ser nada más y nada menos que Canciller alemán y dictador, llevando al mundo a una nueva guerra mundial.

Muchas páginas se han escrito sobre su persona, por lo que resumir su biografía en estas páginas carece de sentido, dado que hay obras de cientos de páginas (e incluso miles) divididas en varios tomos. Estas breves anotaciones nos ayudarán a comprender como pasó el Führer de Alemania sus últimos días y como fue su final al lado de su esposa. Hitler llegó al Führerbunker el 16 de enero de 1945 ante el avance de las tropas soviéticas, por lo que tuvo que abandonar su Cuartel General en el Frente del Este antes de que este cayera en manos enemigas. Tuvo claro desde un principio querer morir en Berlín, pues no deseaba huir y esconderse durante el resto de sus días e ir huyendo de cerco en cerco para no ser capturado. Muchos de estos testimonios están recogidas en las biografías que aparecen en este libro que nos dan una clara imagen del Hitler de aquella época:

«Hitler estaba destrozado sicológicamente. Estaba enfermo y era un hombre completamente diferente al que recordaba de los noticiarios. En pantalla aparecía con un porte muy erguido, robusto y vigoroso cuando pasaba revista en los desfiles y en las revistas otra tras otra, e incluso al final se mantenía tan erguido como al principio, como si todo lo que estuviese ocurriendo no importase para nada. Por eso me impactó muchísimo cuando lo vi en persona por primera vez: su espalda estaba encorvada, tenía la cara amarilla y los ojos apagados […]. Su mano izquierda temblaba y cuando la apoyaba en la mesa la cubría con la derecha para que nadie se percatase, e incluso arrastraba la pierna izquierda, el hombre estaba destrozado. FREYTAG VON LORINHOGVEN


El 20 de abril, con motivo de su cumpleaños, recibió a unos miembros de las Juventudes Hitlerianas que luchaban en Berlín y les condecoró. Ya estaba bastante hundido físicamente y los muchachos pudieron comprobar como la mano izquierda de Hitler no paraba de temblar, y el Führer la escondía, apoyándola en su espalda.
Las reuniones diarias se llevaban a cabo en la pequeña sala de reuniones del búnker. No escuchaba las sugerencias de los oficiales, era muy testarudo, una vez que había tomado una decisión siempre la seguía tenazmente. Imaginó un ataque de unidades alemanas para romper el cerco soviético sobre la ciudad. Todos sabían que las unidades a las que Hitler se refería no existían o simplemente estaban tan debilitadas que no suponían una fuerza combativa significativa para cualquier operación a gran escala. Los planes para salvar a la ciudad estaban condenados al fracaso desde el principio por una sencilla razón: no había unidades suficientes y el enemigo superaba 10 a 1 a los alemanes, además de estar magníficamente preparado con miles de piezas de artillería, tanques y aviones.

Pero, ¿por qué Hitler no era aconsejado por sus oficiales del Estado Mayor y le hacían ver la realidad? Porque sabían que su Führer no quería escuchar la verdad, quería ver su versión de la guerra de rápidos contraataques y maniobras de divisiones fantasmas, existentes únicamente en papel, y maniobras sobre mapas que no se podían llevar a cabo, porque los hombres de esas unidades hacía mucho tiempo que habían dado su vida por Alemania. Los pocos que protestaban, Weidling por ejemplo, eran tachados de derrotistas, y sus ideas eran rápidamente truncadas. El resto de oficiales sentían el peso de su antiguo juramento de lealtad tan pesado que los conduciría a la muerte y a la horca, como pasó en algunos casos.

¿Cuándo decidió Hitler suicidarse? Habló de suicidio el día 20 a algunos de sus allegados, cuando ya la situación se hacía insostenible. Algunos, los que más, le insistieron en huir de Berlín, algunos, los que menos, le aconsejaron quedarse en Berlín hasta las últimas consecuencias. Para crear una leyenda no podía morir en otro lugar, tenía que morir en Berlín, como un héroe nórdico de la Saga de los Nibelungos. Ese era Adolf Hitler.

¿Por qué se casó con la mujer a la que despreciaba públicamente desde hacía tantos años? Hitler acostumbraba a ignorar y a reírse de Eva entre sus camaradas. Muchos tacharon a Eva Braun como la mujer más infeliz de Alemania. Y de hecho no le faltaban motivos, pero incluso, a pesar de eso, Eva le era fiel y le seguía por un sencillo motivo: amor. El amor mueve montañas, e incluso los monstruos son amados, y este es el mejor ejemplo que se puede esgrimir. A pesar de las órdenes expresas de Hitler, Eva se presentó en Berlín para compartir con Hitler su destino.

A pesar de tener posibilidades para huir, Eva prefirió permanecer al lado de su Führer. Y Hitler solamente había una cosa que admiraba y respetaba y que, sobre todo, recompensaba: la fidelidad. Eva le era fiel pese a cualquier circunstancia, y por eso Hitler se casó con Eva Braun. Hitler recompensó la lealtad de tantos años entregándole a Eva Braun su apellido y el "privilegio" de poder morir a su lado. Lealtad, la misma que Speer, Goering y Himmler, tres de sus más fieles colaboradores no le habían mostrado en los últimos días de su vida, lo que finalmente había acelerado su suicidio. Hitler estaba cansado y su cuñado, Fegelein había pagado con su vida su rabia e impotencia. Ninguno de aquellos traidores a excepción de Speer le sobrevivirían mucho tiempo, pero eso ya no le importaba.

¿Cómo murió Hitler? A las 15.30 horas del 30 de abril de 1945, Hitler empuñó una pistola Walther Estaba solo en la antesala de su habitación con Eva Braun. Eva estaba ya muerta. Yacía sobre un diván, con la cabeza apoyada en el brazo del mismo, envenenada. Sobre la alfombra había una segunda Walther que no había sido usada.
Hitler se sentó ante una mesa. A sus espaldas colgaba el retrato de Federico el Grande. Enfrente, sobre una consola, una fotografía de su madre cuando era joven. Hitler se introdujo el cañón de la pistola en la boca y disparó. Se desplomó hacia delante, derribando un jarrón de flores que chocó con el cuerpo de Eva y le empapó el vestido de agua, y luego cayó al suelo.

Finalmente los cuerpos de Eva y Hitler fueron incinerados y su recuerdo se convirtió en leyenda de infausto recuerdo. La última frase que oyó su guardaespaldas antes de que Hitler se encerrará en la antesala de su habitación para suicidarse fue:

< Mañana muchos maldecirán mi nombre >.

Y así fue, pero con Hitler muerto, la guerra acababa en Europa muy poco después, pues el continuar resistiendo por una causa perdida hacía años era absurdo. La mejor forma de entender al Führer alemán es a través de los ojos de todos aquellos que le rodearon en sus últimos momentos, consiguiendo así la mejor crónica posible sobre los últimos días de un Reich que debería haber durando mil años, aunque, afortunadamente para el mundo occidental, no fue así.

Biografía recogida en el libro EL BUNKER DEL FÜHRER.
Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

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