miércoles, 1 de junio de 2011

Weidling, Helmuth Otto Ludwig



Weidling, Helmuth Otto Ludwig, nació el 2 de noviembre de 1891 en la ciudad sajona de Halberstadt. Comenzó la carrera militar muy joven, a los 20 años, en 1911 sirviendo en un regimiento de artillería en Breslau. Su siguiente destino fue un batallón en Berlín, donde sería ascendido a Teniente del 10 de agosto de 1912.
Participó en la Primera Guerra Mundial, obteniendo la Cruz de Hierro de Segunda y Primera Clase. Formaría parte del ejército alemán de entreguerras. En 1938 fue ascendido a Coronel del 56º Regimiento de Artillería, participando con el mismo en la invasión de Polonia.

En abril 1940 fue nombrado comandante del regimiento de artillería del 40º Cuerpo Panzer, con el que participó en la Batalla de Francia y en los primeros compases de la invasión de la Unión Soviética en 1941.



En los compases finales de la guerra, cuando los soviéticos estaban muy cerca de Berlín, fue relevado de su cargo y enviando a la Reserva, aunque dos días después y ante el inminente ataque ruso fue nombrado Comandante del LVI Panzerkorps, y ya la batalla de Berlín comenzó con toda su virulencia.

Apodado por sus hombres debido a su áspera piel y su rudo talante, era un sencillo soldado que tan sólo deseaba cumplir con su deber. Decidió ir al búnker y entrevistarse con Krebs, pues este le había informado por teléfono (el día 23 de abril) que iba a ser ejecutado por huir del combate. En el Führerbunker fue recibido con frialdad por Krebs y Burgdorf:

«¿Qué ocurre y por qué van a fusilarme?»

Hitler, cuya pierna derecha no paraba de temblar, asintió con la cabeza y emprendió una prolija explicación sobre su plan operativo para descercar la capital. Por más que a Hitler le pareciera un plan sensato, a un soldado de carácter práctico como Weidling se le antojó absurdo. ¿Era realidad o lo estaba soñando? De pronto Krebs anunció que él asumiría a partir de ese momento la defensa de los sectores oriental y suroriental de Berlín.

A la mañana del día siguiente, después de la reunión diaria que se mantenía en el Führerbunker sobre la situación de la ciudad, Krebs dijo a Weidling:

«–Anoche le causó usted una impresión muy favorable al Führer –dijo Krebs– Le ha asignado el mando de todas las defensas de Berlín.
Weidling cargó con el peso de la responsabilidad limitándose a decir: –Un penoso honor. Hubiera preferido que me fusilaran.»


Weidling había pasado el día reogrnizando sus defensas alrededor de la ciudad, y ya era casi de noche cuando llegó al búnker para informar sobre la situación. Weidling mostró a Hitler el mapa de Berlín y el círculo que los rusos no tardarían en cerrar.

«Nuestras divisiones lo son sólo de nombre, y las tropas rusas las superan en diez contra uno en soldados, y mucho más en potencia de fuego.»

Hitler se negó a aceptarlo. La caída de Berlín, dijo, constituía la ruina de Alemania. A Weidling le indignó que nadie se atreviera a expresar una opinión contraria. Cada palabra dicha por Hitler era aceptada tácitamente. Weidling sintió deseos de gritar:

<¡Eso es una locura, mi Führer! Una gran ciudad como Berlín no puedes ser defendida por unas fuerzas debilitadas y escasas de munición. Piense, mi Führer, en el intolerable dolor que las gentes de Berlín padecerán durante esas batallas>.

Pero no dijo nada. Durante los días siguientes preparó un plan de huida de Berlín para salvar a los soldados que aún combatían y a Hitler, además de inspeccionar los combates que se sucedían en la ciudad personalmente. En la reunión del día 28 de abril, Weidling dijo:

«Al cabo de dos días nuestras tropas se quedarán sin municiones y no podrán seguir resistiendo. Por lo tanto, como soldado propongo que nos arriesguemos a salir de aquí de inmediato.»

El día 29 Weidling se reunió por la noche con Hitler y concluyó su informe que antes del anochecer del día siguiente, la batalla habría terminado, y el general Mohnke también opinó lo mismo. Hitler simplemente dijo:

«Permitiré la retirada de pequeños grupos, pero una capitulación queda descartada.»

El día 30, a última hora de la tarde, había recibido un mensaje de Krebs que le ordenaba presentarse en el Führerbunker. Le extrañó al llegar el caótico ambiente que reinaba en los pasillos, aunque le extraño ver a Goebbels sentado en la mesa de Hitler. Después de hacerle jurar el secreto, le revelaron que Hitler se había suicidado. Goebbels le comentó la posibilidad de solicitar a los rusos una tregua, pero Weidling afirmó que los rusos solamente aceptarían una rendición incondicional.
Tras el fracaso de las negociaciones de paz, Weidling les invitó a continuar con un plan de huida pues era imposible continuar con la batalla de Berlín. Krebs finalmente, aprobó la orden.

Con la huida de todos los líderes de la ciudad o suicidio, el único al mando era Weidling. Este reunió a 100 oficiales en su cuartel general y explicó a todos el matrimonio de Hitler y su suicidio. A continuación dijo:

«De acuerdo con sus últimas voluntades, su cuerpo fue quemado en el Jardín de la Cancillería. Por tanto, estamos liberados del juramento que le prestamos. Por consiguiente, con profundo pesar pero incapaz de seguir responsabilizándome de más víctimas en esta batalla perdida, he decidido rendirme.»

Los presentes guardaron silencio. Sabían que era el peor momento de Weidling en su carrera como soldado. Nadie pronunció una palabra de reproche.


Von Dufving consiguió negociar la rendición y los oficiales pudieron conservar sus armas al cinto y cada soldado poder llevar su equipaje. ¿Y como fue esa reunión? El 2 de mayo, Weidling y su Jefe de Estado Mayor, von Dufving, se reunieron con el General Chuikov. Gracias a los informes rusos desclasificados podemos transcribir la reunión completa:

W: Estaba en la Cancillería la tarde del 30 de abril cuando Krebs, Bormann y Goebbels me lo contaron.
C: ¿Entonces la guerra ha terminado?
W: Pienso que toda muerte innecesaria es un crimen… es una locura.
S: Redacte una orden solicitando la completa rendición, de modo que no haya resistencia en algunos sectores. Mejor tarde que nunca.
W: No tenemos ni municiones ni armas pesadas, por lo que la resistencia no puede durar mucho. Todos los alemanes están confusos, y no me creerán cuando les diga que el Führer está muerto.
C: Escriba una orden solicitando la completa capitulación. Así su conciencia estará tranquila.

Chuikov y Sokolosvky revisaron la carta que Weidling había escrito y la conversación continuó:
C: No es necesario que escriba "ex". Usted es aún comandante.
W: ¡Jawohl! ¿Como debería ser transmitido el mensaje, como una petición o una orden?
C: Una orden.

La reunión entre alemanes y rusos terminó a las 8:23 de la mañana del 2 de mayo de 1945. Poco después, los altavoces anunciaban el texto escrito por Weidling. Salvo en algunos lugares, la batalla de Berlín había concluido.

Dicen algunas fuentes que cuando Weidling anunció la rendición sufrió un paro cardíaco, aunque otras fuentes lo desmienten. Prisionero de los rusos, Weidling cogió un avión rumbo a Moscú el 9 de mayo. En febrero de 1952, un tribunal soviético sentenció a Weidling a 25 años de prisión por no rendir Berlín antes. Weidling murió bajo custodia del KGB a causa de problemas cardíacos el 17 de noviembre de 1955.
Un auténtico Caballero de la Cruz de Hierro, ganador de la Cruz de Caballero con Hojas de Roble y Espadas que fue fiel a su juramento al Hitler y a su código de honor hasta el final de la guerra.

Biografía recogida en el libro EL BUNKER DEL FÜHRER.
Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

2 comentarios:

  1. impresionante la vida de weidling. genial aporte.

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  2. También fue agregado en Moscu de la embajada alemana, condenado por Doenizts (over almirante) por rendir Berlin sin consultar al gobierno provisional. Probablemente al intentar salvar unos cientos de vidas en Berlin, condenó a cientos de miles a caer bajo el poder soviético y morir o ser violadas o ir al cautiverio a Siberia. Cada día que Berlin resistía era territorio robado al avance ruso en toda Europa, había mucha diferencia entre ser prisionero de los comunistas o los capitalistas.

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