sábado, 19 de octubre de 2013

Mis héroes favoritos III: Rümmelin, Otto.



Saludos amigos,

    Como ya sabréis actualmente estoy estudiando Historia Contemporánea en la Universidad de Oxford. Ahora estoy estudiando con el mayor detalle como nunca había hecho antes en mi vida la Primera Guerra Mundial. Es por ello que quiero hablar de otro de mis héroes favoritos de rostro anónimo que ya nadie, nadie, recuerda... salvo los pocos afortunados que hayan leído mi obra CABALLEROS DE LA POUR LE MÉRITE y yo... 

Rümmelein, Otto, es otro héroe de rostro anónimo que solamente es recordado hoy día porque en el lugar donde nació podemos encontrarnos una placa que lleva su nombre. Fritz nació el 9 de agosto de 1895 en la ciudad alemana de Zweisel. 

Disfrutó de una infancia feliz  rodeada de todo lujo, dado que era hijo de Henry Rümmelein y de Carolina Rümmelein, dueños del aserradero llamado Rümmelein-Zwieseler. Trabajó en el negocio familiar y en fábricas dueñas de amistades en la familia, tal y como hizo en su último trabajo: operario en una fábrica de madera. Con el inicio de la guerra en agosto de 1914 todos los jóvenes del país fueron llamados a filas, aunque otros muchos se alistaron voluntarios antes de ser llamados a filas, tal y como ocurrió con el joven Fritz. Como voluntario, se le asignó el 88º Regimiento de Infantería de la Reserva, con base en la ciudad de Hanau. Tras una breve instrucción militar fue enviado al Frente Occidental, donde lucharía contra franceses y belgas en los primeros compases de la guerra. 

Hay que decir que el muchacho era muy astuto y valiente, tanto que fue condecorado con la Cruz de Hierro de Segunda y Primera Clase. Estas menciones le sirvieron para ser retirado del frente y enviado a la escuela de Oficiales en febrero de 1915, lugar donde estudiaría hasta octubre de 1915. Al finalizar su instrucción fue ascendido a Teniente de la Reserva, pasando a ser comandante de la 9ª Compañía. Desde el 1 de mayo de 1916 sería ayudante de campo del Tercer Batallón de la Reserva del 87º Regimiento de Infantería. 

De nuevo en el Frente Occidental realizó nuevas acciones heroicas que hoy en día desconocemos. Por ellas sería condecorado con la Cruz de Caballero con Espadas de la Orden de la Casa Hohenzollern, además de la Medalla de la Valentía de Hesse. 

Debido a la falta de hombres y oficiales experimentados continuó en su compañía en todos los enfrentamientos contra ingleses, belgas, franceses y americanos los próximos años. La acción por la cual pasó a la historia fue durante el retiro de tropas alemanas en octubre de 1918. Su unidad estaba presente en las cercanías de una ciudad francesa llamada Croisilles  (ciudad al norte de Francia, muy cercana al paso de Calais). Su batallón resultó totalmente rodeado, y su liderazgo hizo que las tropas alemanas pudieran aguantar dos días de asedio. El  día 3 de octubre consiguió eludir la captura de sus hombres en el último momento, y además él mismo también estuvo a punto de caer en manos enemigas.  El 9 de octubre, tras casi una semana de duros enfrentamientos, reorganizó a todos los hombres de su regimiento: 2 oficiales, 5 sargentos y 18 soldados. Con tan exigua tropa consiguió que el enemigo no penetrará en sus líneas, defendiendo las trincheras que ocupaban a sangre y fuego. Sus ametralladoras tronaban sin cesar y sus ojos, enrojecidos por el humo y la pólvora, continuaban abiertos, mientras el joven Fritz continuaba yendo de un sitio a otro, allá donde fuera necesario algo de ánimo o apoyo de fuego. A pesar de los asaltos enemigos, la nueva línea defensiva organizada por el joven teniente sirvió para frenar al enemigo y para que otras unidades alemanas pudieran realizar una retirada ordenada sin caer en manos enemigas hacia una nueva línea defensiva férreamente fortificada. 


La Pour le Mérite, la medalla que ganó Otto que jamás llegaría a lucir.

Debido a su tremendo arrojo y sacrificio, así como a su heroísmo en aquellos momento tan dramáticos para el ejército alemán, su coronel le recomendó para recibir la más alta condecoración al honor y al valor, la Pour le Mérite, la misma que le entregaría el 28 de octubre de 1918. De esta forma sería el único oficial ayudante del Estado Mayor y de su batallón que recibiría tan alto reconocimiento. 

6 días de gloria, 6 días de inmortalidad. Una inmortalidad que comenzó cuando un fragmento de proyectil, en los últimos compases de la guerra, acabó con su vida un 4 de noviembre de 1918 en la ciudad francesa de Orsinval. 6 días de fama entre los escasos miembros de su regimiento en el último combate de su unidad, puesto que de haber sobrevivido algunos días más había regresado a casa, pues la Gran Guerra estaba a punto de terminar. 

Aquellos 6 días de fama le sirvieron para que sus compañeros se preocuparan de sus restos mortales, pues cargaron con ellos hasta su tierra natal, donde afortunadamente pudo descansar para siempre en el Panteón Familiar. Por eso ningún libro de historia recoge su foto y su efigie se ha borrado para siempre de cualquier fotografía, pues en solamente 6 días no pudo realizarse ninguna foto luciendo la Medalla más famosa de la Gran Guerra.

Alguien colocaría años después una placa en la casa en la que nació. Esa placa de metal, oxidada por el tiempo es el único vestigio que queda de la memoria de aquel héroe de guerra que no abandonó a sus compañeros a pesar de recibir la Pour le Mérite. Sus compañeros ya murieron, y ya nadie recuerda su sacrificio y heroísmo salvo estas páginas que con orgullo recogen la biografía de Fritz Rümmelein, Caballero de la Pour le Mérite.


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