miércoles, 8 de enero de 2014

Mitos de la 2ª G.M. I: Günther Nowak, el falso héroe

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     Como agradecimiento, hoy cuelgo INTEGRO* (pero sin las notas al pie de página) un fragmento del libro CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO EN GUERRA. También, aprovecho ese fragmento para crear una nueva sección de entradas tituladas MITOS DE LA 2ª GUERRA MUNDIAL.  Hoy hablamos de uno de los mitos de la 2ª Guerra Mundial descubierto por José A. Márquez y J. C. S. Clemares en el libro CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO EN GUERRA.  Un falso héroe alemán recogido por la Wikipedia y en multitud de websites y libros... un héroe que nunca existió: Günther Nowak.



Nowak, Günther, soldado alemán que a finales de la 2ª Guerra Mundial se convirtió en todo un héroe gracias a su hazaña de destruir 11 tanques rusos en una misma batalla. Además, y esto fue lo que hizo especial su heroica actuación, es que Nowak sólo tenía 16 años cuando fue condecorado, ya que pertenecía a las Juventudes Hitlerianas42,  y de ahí la explicación de  porque estaba en primera línea de combate; eso y la desesperación de los nazis por conseguir tropas con las que hacer frente tanto a los aliados como a los rusos. Nowak se convirtió entonces en el soldado más joven en ser condecorado con la prestigiosa Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. Una historia increíble, pero la auténtica verdad es que Günther Nowak nunca existió y fue un personaje inventado que nació de un acto de cobardía y gracias a las ansiosas demandas de una Alemania nazi desesperada por conseguir actos de enorme valentía con los que animar a un pueblo alemán derrotado y que lo único que deseaba era que acabara la guerra cuanto antes.
Lo más increíble del asunto es que la entrega de la Cruz de Caballero fue realizada en acto oficial con documentos sellados y firmados por el Estado Mayor Alemán, e incluso se llegó a tener la medalla preparada. Por tanto, estamos ante un caso en el que existió el otorgamiento de derecho pero no el de facto. Es por eso que “oficialmente” en muchas listas de condecorados se recoga el nombre de Nowak, pese a que este no exista. Si los que elaboran dichas listas comprueban los documentos oficiales, entonces se encuentran los documentos oficiales alemanes donde se indica el nombre del recipiente de la Cruz de Caballero, la fecha de entrega, los documentos oficiales y las firmas de los oficiales encargados de conceder la medalla, incluso se detalla el porque de la condecoración. Muchos estudiosos y aficionados de la 2ª Guerra Mundial se encuentran así ante un dilema que les plantea no pocas interrogantes, siendo el principal ¿existió realmente Günther Nowak? Desde aquí los autores del libro podemos asegurar con toda certeza que no, pero dado que la entrega fue “oficial” hemos creído conveniente recoger a este "personaje" en estas páginas. Con esto pretendemos narrar una historia curiosa a modo de premio a nuestros lectores, y que Nowak aparezca en la colección de libros de los héroes premiados con la cruz más famosa en la Historia Militar, aunque este sea un caso “especial”. ¿Pero, cómo se llegó a entregar una Cruz de Caballero a un soldado que no existía? Pongámonos en situación.
A principios de 1945 la guerra ya era desesperada para Alemania, rodeada tanto por los ejércitos aliados como por los crueles e implacables ejércitos rusos, sus más despiadados enemigos. Los rusos pretendían además dar cumplida venganza a la carnicería que fue el Frente del Este, librada la guerra en su mayor parte en su territorio con la devastación y los millones de muertos que eso implicaba (aunque muchos de esos millones de muertos fueron producidos por las acciones de los propios militares rusos y de Stalin, un genocida a la altura de Hitler). Hitler y los nazis necesitaban desesperadamente levantar el ánimo tanto de la población alemana como del ejército y para eso necesitaban actos heroicos de sus soldados que demostraran que, a pesar de todo, era posible la victoria si se continuaba luchando con coraje y mostrando capacidad de sacrificio. La propaganda nazi se encargaba de magnificar las victorias conseguidas o de ocultar la información al pueblo alemán. Esto explica que la “hazaña” de Günther Nowak fuera recogida y publicitada por el Ministerio de Propaganda y recompensada.
Todo comenzó con una más de las múltiples escaramuzas que las tropas alemanas efectuaban contra las soviéticas, esta vez ya en territorio alemán y a la defensiva, en un intento desesperado de evitar que Berlín se viera rodeada. Los ejércitos alemanes, cada vez más menguados y con menos recursos, se vieron pobremente reforzados con las Juventudes Hitlerianas o con muchachos y ancianos reclutados a toda prisa por los nazis. Durante uno de estos feroces combates, en Hindenburg, en la Alta Silesia, un batallón del Volkssturm43 (en concreto el Volksturmbataillon Hindenburg) intentaba en vano detener el avance de las tropas rusas que atacaban las posiciones alemanas con apoyo de tanques y fuego de artillería. Al mando de este Volkssturm se encontraba un comandante de tanque llamado Sachs, que veía con desesperación como las posiciones no podían ser defendidas ante la avalancha de soldados rusos, tanques y aviones que el enemigo lanzaba contra sus pobres defensas. A su lado, soldados alemanes totalmente desmoralizados, pero dispuestos a dar la vida por el Reich, varios jóvenes y viejos, unos cuantos tanques y baterías de cañones. Aunque se defendieron con valentía, una gran parte de las tropas que componían el Volkssturm no pudieron dejar de huir en cuanto los primeros tiros o cañonazos rusos se cobraron víctimas entre sus compañeros. Hitler dio la orden de defender el territorio patrio hasta las últimas consecuencias, ningún soldado podía retirarse, debiendo permanecer en su posición hasta la muerte.
Por supuesto, tan graves órdenes son muy fáciles de dar, pero difíciles de cumplir. Patrullas de fanáticos nazis, compuestas tanto por tropas de las SS, GESTAPO e incluso milicianos se encargaban de fusilar, ahorcar o asesinar de un tiro en la cabeza a los desertores, cobardes o simplemente a aquellos que dieran muestras de miedo o falta de fe en la victoria final por parte de Hitler. Esto traía mayor locura a los alemanes y aumentaba aún más el horror de la guerra. Pero incluso estos métodos sanguinarios palidecían ante el espanto de observar como miles de rusos y decenas de tanques destrozaban las posiciones alemanas. El comandante Sachs, del que se sabe bien poco, no pudo aguantar más y supo que la causa estaba pérdida y que con jóvenes y ancianos no se podía detener al ejército rojo. Sin tener muy claro como, la cuestión es que Sachs decidió huir, seguramente abandonando la posición en una tregua del combate y con parte del Volkssturm, dejando atrás a los soldados profesionales de la Wehrmacht.
Sachs fue interceptado por una División de la Wehrmacht y detenido, pues las órdenes de Berlín dejaban muy claro que el Volksturmbataillon Hindenburg no había recibido instrucciones de retirarse. Sachs afirmó entonces que a pesar de la lucha desesperada contra los rusos, él mismo había destruido 5 tanques soviéticos  con su tanque, no pudieron mantener la posición debido a que se habían quedado sin munición con la que hacer frente a los tanques rusos.  No estaba desertando de su puesto, sino que había intentado ponerse en comunicación con su oficial superior para esperar instrucciones y que estas, al no llegar, le obligaron a retroceder ante el avance comunista. Los soldados no tuvieron muy claro que hacer, pero les impresionó el relato de Sachs donde se decía que se destruyeron 5 tanques enemigos. Llevaron a Sachs ante el Gauleiter de la zona para que informara de su hazaña que posiblemente le reportaría alguna condecoración. 
Con este nombre, Gauleiter, era como se denominaba al “líder de zona” del Partido Nazi (NSDAP) encargado de organizar y coordinar las acciones del partido a nivel nacional, en el extranjero y en los países que estuvieron bajo dominio nazi. Estos líderes sólo respondían ante Hitler y poseían mucho poder, siendo en ocasiones el terror tanto para los enemigos del Reich como para los propios alemanes. Sachs sabía que si la GESTAPO le interrogaba posiblemente descubrieran que había desertado de su puesto y le fusilarían de inmediato, así que decidió mentir para salvar la vida. Una vez ante el Gauleiter, y para desviar la atención de su persona, Sachs volvió a contar la misma historia que contara a los soldados de la Wehrmacht, pero introduciendo una variante: su hazaña de destruir 5 tanques rusos se quedaba corta ante la proeza de otro tanquista, que en un acto de valor sin igual, solo, al mando de otro tanque, había destruido nada menos que 11 tanques soviéticos. Para añadir más gloria al acto, dicho tanquista era un muchacho de tan solo 16 años que pertenecía a las Juventudes Hitlerianas. Había nacido Günther Nowak.
El Gauleiter quedó impresionado ante el hecho de que un joven como Nowak lograra destruir tantos blindados enemigos y procedió de inmediato a elaborar un informe para poner al tanto a sus superiores, ansiosos de recibir buenas noticias, sobre lo ocurrido. El comandante Sachs, por su parte, había conseguido su propósito, el desviar la atención y salir ileso de la situación, aunque no tardaría en arrepentirse. El informe sobre Nowak llegó nada menos que a manos de Martín Bormann44, quien en cuanto lo leyó, cursó las debidas instrucciones para que se encontrara a Günther Nowak y se le llevara de inmediato a Berlín. Bormann pasó el informe a Hitler y este a su vez ordenó que se hicieran copias y se llevaran a todos los frentes de batalla como muestra de que el pueblo alemán era invencible y que el enemigo podía ser destruido con esfuerzo, valor y sacrificio. La Propaganda nazi comenzó entonces a sacar provecho de la hazaña del muchacho de 16 años y la historia circuló por todas partes. ¿Pero, donde estaba el héroe, donde se encontraba Günther Nowak?
Aquí de nuevo tenemos que volver a especular, pues las fuentes son escasas al respecto y algunas difieren entre si. La cuestión es que se intentó localizar a Nowak al que, lógicamente, no se encontró. El comandante Sachs, por su parte, había sido premiado en febrero de 1945 con la Cruz de Oro Alemana por su “hazaña” y cuando se le interrogó sobre el paradero de Nowak no se supo que contestó. Hay varias hipótesis sobre la historia que contó Sachs, siendo la más fiable que Nowak posiblemente estuviera en el Frente del Este combatiendo en otro Volkssturm, ya que durante la confusión de la retirada el batallón se desperdigó y sus miembros se fueron agrupando en otras Divisiones y Volkssturms. Debido al caos que sufría Alemania por la guerra, siendo desbordados en todos los frentes, encontrar a un soldado era bastante difícil, pero se impuso como meta encontrar a Nowak para premiarlo con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro en reconocimiento a su extraordinario valor y hazaña conseguida.
Esto supone otro punto de inflexión en la increíble historia, pues como los lectores de esta obra saben, para conceder a un soldado la Cruz de Caballero previamente dicho soldado tendría que haber sido distinguido con la Cruz de Hierro de Segunda y Primera Clase. Otra vez nos encontramos en la tesitura de tener que especular acerca del porque premiar con la Cruz de Caballero a Nowak. ¿Quiso el régimen nazi premiar la hazaña de Nowak con la Cruz de Caballero creando una excepción a la regla sobre la entrega de las Cruces; o al igual que pasó con otros soldados, se quiso premiar a Nowak en un mismo día con las Cruces de Hierro y a continuación con la Cruz de Caballero? ¿O quizás Sachs, cuando contara su historia, ya dijera que Nowak era un recipiente de la Cruz de Hierro de Segunda y Primera Clase? La cuestión es que Bormann tomó como meta personal encontrar a Günther Nowak y dar cara al héroe que tanto patriotismo levantaba entre el pueblo alemán y sobre todo en el partido nazi. A instancias de Hitler, que quería premiar en persona al joven héroe, incluso se llegaron a realizar bocetos aproximativos sobre como sería Nowak en persona al no poder encontrar ninguna fotografía suya o tan siquiera un pequeño informe. Por supuesto, dichos bocetos mostraban a un Nowak excesivamente cercano a los parámetros nazis sobre como debía ser un joven alemán, valiente y patriota. Pero a pesar de los esfuerzos del Departamento de Propaganda Nazi e incluso a las investigaciones de la GESTAPO, Nowak no aparecía.
Tras la catástrofe de todos los frentes, el asedio de Berlín por los rusos y en mayo la finalización de la 2ª Guerra Mundial, la asombrosa historia de Nowak llegaría a su fin. Aunque todavía queden cabos sueltos por atar, la conclusión es que Hitler, así como Bormann y otros muchos nazis llegaron a creer en la existencia de Nowak. Un Standartenführer de un Gauleiter de nombre Vogel, en 1945, poco antes de que se terminara el conflicto, redactó un informe un poco confuso donde hizo constar que tras un interrogatorio exhaustivo a un oficial acerca del paradero de Günther Nowak, se llegó a la conclusión de que dicho joven soldado no existía, por tanto, la concesión de la Cruz de Caballero con sus insignias no podía ser efectuada. ¿Era, quizás, Sachs, ese oficial nervioso al que se interrogó? ¿Y qué fue del comandante Sachs?  No se sabe. Si realmente fue Sachs el oficial interrogado, sería fusilado sumariamente en el momento por su deserción y la invención de Nowak. O tal vez Sachs lograra sobrevivir a la guerra y retomar su vida civil sin problemas.

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