domingo, 27 de abril de 2014

- Héroes Olvidados XIX: Nugisek, Harald, el D' Artagnan de los 4 mosqueteros de Estonia -



Saludos amigos,

      Con estupor, odio y con la incomprensión de un ciudadano del siglo XXI uno observa las exaltaciones patrioticas y homenajes que reciben los veteranos de las Waffen-SS en las Repúblicas Bálticas. Obviamente, el entendido de este cruel conflicto entiende que estas exaltaciones se deben a que aquellos ciudadanos decidieron luchar junto a los alemanes para defender su patria de las fuerzas soviéticas. Obviamente cada persona es un mundo, y quizás, algunos los hicieran por venganza, otros por ideales, u otros por el simple objetivo de querer su tierra libre  del yugo soviético. ¿Hubiera sido mejor estar bajo el yugo alemán? Ya es dificil decirlo, dado que ambos regimenes fueron igual de totalitarios. 

     Hoy rindo homenaje a Harald Nugisek, el D' Artagnan de los cuatro mosqueteros de Estonia. En esta ocasión incluyo el texto completo de su biografía extraida del libro que publiqué titulado "Extranjeros de la Cruz de Hierro". 

Nugisek, Harald, nació el 22 de octubre 1921, en la ciudad estonia de Särevere, en la provincia de Järvamaa, en pleno corazón de su país. Sus padres eran granjeros, por lo que él también se dedicaría, en principio, a las labores del campo, tal y como era tradición en la familia durante varios siglos. Al menos su familia podía remontarse 9 generaciones en aquellas tierras, en una granja de 70 hectáreas con 40 de terreno cultivable. Pero parece que el muchacho tenía dotes para los estudios y por eso, tras superar la enseñanza secundaría, estudió en la Escuela de Comercio de Turku. En está época es cuando comienza a relacionarse con un grupo de corte nacionalista llamado la Brigada de las Jóvenes Águilas de Järva.
Muchas familias tenían un profundo apego a la tierra, y la familia de Nugisek no fue una excepción. Los soviéticos conquistaron su país de forma completamente cruel y sanguinaria por lo que muchos pensaron en una futura venganza. 

En 1941, con su ciudad natal bajo control del Ejército Rojo, fue llamado a filas en julio, pero atravesó la frontera y se unió al ejército alemán como voluntario. Con el ejército alemán participaría en la liberación de Tallin. Luchó con una unidad letona del gobierno "legal" como soldado, hasta que su obligación con el ejército letón expiró en diciembre de 1942. Hay que decir que ese "ejército letón" no era más que una unidad del ejército alemán controlado por letones.

La verdad es que los alemanes no fueron vistos como invasores cuando arrebataron Estonia a los soviéticos, sino todo lo contrario, eran los libertadores de la patria estonia que había sido pisoteada por los soviéticos. Por eso muchos jóvenes, se alistaron voluntarios para luchar contra el comunismo y contra el enemigo natural de su patria, la URSS: Nugisek fue uno de aquellos miles de voluntarios. Debido a su porte ario (era alto, rubio y de ojos azules) fue enrolado en la recién formada 20ª División de Granaderos de las Waffen-SS, también conocida como la 1ª División Estona en 1943. Posteriormente, en mayo de ese año estudió en la Academia de Lauenburg de las Waffen-SS para suboficiales, donde se graduaría con el rango de SS-Unterscharfürer (Sargento). Tras su adiestramiento fue nombrado líder del Primer Pelotón del 46º Regimiento.

En 1943, junto con sus hombres, participó en varios enfrentamientos en las cercanías de Nevel, donde fue herido el 21 de diciembre de ese año. Sus constantes luchas y desprecio a la muerte le hicieron merecedor de la Cruz de Hierro de 2ª Clase en febrero de 1944. Muy pronto, Nugisek demostraría que era un excelente suboficial, pues siempre combatía en primera línea con sus hombres, sin importarle el grado de peligro al que se enfrentara. 

A partir del 19 de febrero fue enviado al frente de Narva. Multitud de combates y luchas encarnizadas tenían lugar ya en 1943 en tierras soviéticas, cuando poco a poco el ejército alemán cedía terreno al ejército soviético. En el Frente Norte, cerca del río Narva, entre las tierras situadas entre las ciudades de Vaasa-Siivertsi-Vepsküla tendría lugar otra de esas muchas escaramuzas, dado que los alemanes aún mantenían una importante cabeza de puente sobre el importante río, en una región que llevaba 3 años bajo control alemán. Sin lugar a dudas el Frente Norte era la sección del Frente más estable. La infantería rusa había conseguido penetrar en las sólidas defensas de la región. Varios regimientos de holandeses del batallón de la División SS Nordland llegaron para taponar dichas brechas después de furiosos combates. Muy poco después, los rusos lanzaron un inmenso ataque, amenazando claramente las posiciones alemanas al norte del río Narva. El mando alemán envió a todas las unidades disponibles a ese lugar. Allí se produjeron duros combates cuerpo a cuerpo, especialmente en el cementerio de la ciudad de Ssivertsi que cambió de manos en multitud de ocasiones. Los alemanes consiguieron avanzar hacia el pueblo de Ssivertsi, donde los rusos se habían fortificado en sus posiciones. Las unidades de la División Nordland solicitaron refuerzos, y uno de esos grupos era una unidad de voluntarios estonios de las Waffen-SS, liderados por el Sargento Harald Nugisek. De hecho, toda su unidad había perdido a todos sus oficiales, y el único con galones era el estonio. Por ello se erigió como líder del ataque. Los alemanes estaban aterrados ante la superioridad bélica de los soviéticos. Los estonios no, porque luchaban por su tierra. Sabían que si los alemanes perdían la guerra, sería el fin del gobierno libre re-instaurado por los germanos, y las consecuencias de la reconquista soviética de su nación traería más muertes y deportados a Siberia. 

La cabeza de puente sobre el río Narva controlada por los alemanes estaba a punto de ser tomada por los soviéticos, y los rusos amenazaban por controlar el puente que estaba protegido por fuerzas germanas de las Waffen-SS. Si los soviéticos controlaban el puente podrían utilizarlo para realizar un avance rápido entre las líneas germanas y matar a una gran cantidad de soldados. La cabeza de puente medía unos 5 kilómetros del frente, tenía unos 200-300 metros de largo y unos 200.300 metros de ancho. El puente en cuestión medía unos 80 metros de largo y tenía un ancho considerable para hacer pasar incluso carros blindados. Los alemanes habían construido grandes edificaciones de hormigón y acero, y varios búnkers se podían ver en las cercanías del puente, que además estaban rodeados por profundas trincheras. En el vado este del río Narva había dispuestas una serie de baterías y un regimiento de ametralladoras de posición por si fuera necesaria una cortina de fuego. Además, el puente era usado para enviar suministros y hombres al otro lado de la cabeza de puente por la noche, dado que por el día se corría el riesgo de ataques aéreos o de artillería soviética de largo alcance. 

Los estonios sufrieron el último día de febrero un ataque con fuego contra el puente. Los enemigos soviéticos prendieron fuego a las dependencias de varias casas de la ciudad de Vepsküla. Por la mañana se podían ver grandes columnas de fuego que subían a los cielos. Las llamas se pudieron ver a bastantes kilómetros de distancia. Los soviéticos querían así asfixiar con humos a los estonios, pero por los cambios del viento no fue posible, y el tremendo calor despedido por las llamas fue una señal perfecta para realizar un ataque. La confusión entre los soviéticos por la cercanía de las columnas de fuego, y el ataque sorpresa de los estonios hizo que les entrará el pánico, dejando atrás una gran cantidad de armas. Un bosque cercano a la cabeza de puente fue conquistado casi sin luchar. Los estonios también se hicieron con algunas granjas cercanas a la ciudad de Vepsküla. Ahora los germanos y estonios estaban a tan solo unos cientos de metros de los soviéticos. Se mandó cavar a los hombres para asegurar la posición. Se ordenó en este momento a todos los regimientos de la División Nordland avanzar, orden dada por el Teniente General Scholtz, el cual ordenó que a la cabeza del ataque fuera el 46º Regimiento Estonio.

Los soviéticos estaban escondidos, ¿pero donde? Desde luego era una peligrosa tarea, y pocos soldados estaban dispuestos para actuar, pero si muchos para discutir las órdenes… por lo que apenas se avanzó. Pero el grito del joven suboficial parece que fue bastante motivador:

«¡Maldita sea! ¡El enemigo debe ser derrotado!»

Al principio parecía que el ataque iba a tener éxito. Al fin y al cabo era solamente avanzar unos pocos cientos de metros hacia las trincheras enemigas. Pero pronto se equivocaron, pues entre las posiciones alemanas y ellos había un peligroso campo de minas. De pronto sonó una explosión matando a varios hombres, y luego otra, y luego otra. Parecía como si la tierra subiera al cielo cargada de trozos de carne quemados de soldados muertos. Aquella sí que fue una buena recepción para el joven Harald en aquel infierno. Las tropas estonas, se retiraron. El propio Harald recuerda aquel momento:

«Aparecieron varios rusos de la nada en el bosque y nos comenzaron a disparar duro. Explosiones por todos los lados hacían que las ramas de los árboles directamente desaparecieran, dejando tras de sí montones de madera en el suelo que parecían verrugas ennegrecidas por las explosiones que parecían verrugas en la cara de un anciano. Los soviéticos trataron de cortar nuestros suministros y huida con granadas y morteros directamente sobre nuestras trincheras, haciendo que la arena de los bordes de las trincheras cayera sobre mi. Fue un infierno en la tierra que llegaba entre el humo y el polvo, y después el silencio… y el evitar fragmentos de proyectiles mortales que caían por todas partes

Aunque Harald ya tenía experiencia en combates, como las batallas de Volosso, Gat y Nevel, aquellas explosiones y deflagraciones eran algo totalmente nuevo para él. Aquellos huracanes de fuego, humo y hierro, los hombres tirados en el suelo, incapaz de moverse por el terror causado por las explosiones de la artillería enemiga… a pesar de que estando allí no ganaban ningún tipo de protección.
Harald continuaría luchando con sus hombres en esa misma batalla hasta el 9 de marzo, consiguiendo tomar la cabeza de puente. Harald fue herido en el pie en los instantes finales de la lucha, por lo que fue retirado a un hospital de campaña. Escribió a un compañero lo ocurrido:

«La cabeza de puente de Laningust se ha conquistado con un buen golpe, pero a un alto precio...»

Nugiseks recibió permiso para volver a casa durante un corto espacio de tiempo. Cuando estaba en casa, luciendo su Cruz de Hierro de Segunda y Primera Clase, cogió un resfriado que se complicó en gripe y luego en una complicada fiebre tifoidea que atacó directamente a sus pulmones. Perdió más de 12 kilos, llegando a pesar solamente 49. Cayó presa de la fiebre y estuvo inconsciente durante más de 8 días en el hospital militar de Turku. El 9 de abril, con un Harald aún convaleciente, se le hizo entrega de la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro de manos del máximo responsable de las fuerzas alemanas en Estonia, Karl-Siegmund Litzmann. La entrega de la condecoración fue filmada y además, la acción de Nugiseks saldría mencionada en el Wehrmachtbericht (el periódico del ejército alemán donde aparecían todas las acciones destacables de guerra).

Los médicos ya consideraron que el joven no tenía salvación ninguna, por lo que se le iba a dejar morir. Un médico recién llegado de Berlín por orden del gobierno alemán, que tras examinar su caso, le sometió a un tratamiento diferente y fue el que finalmente salvaría la vida del joven héroe. A fecha de hoy, se desconoce el nombre de su salvador.

Una vez recuperado Harald fue recibido como un héroe en varias localidades estonias, entre ellas su ciudad natal. Una vez repuesto, luchó con gran tenacidad para impedir la conquista de Estonia por parte de las tropas soviéticas en septiembre de 1944, pero sus esfuerzos fueron en vano.  

Finalmente, la propia casa del héroe fue quemada hasta los cimientos, y su familia lo perdió todo. Continuó luchando contra los soviéticos en su continua retirada hacia el oeste, hasta que finalmente fue capturado por partisanos checos en torno a mayo de 1945. Fue enviado a un campo de prisioneros del que intentó escaparse en tres ocasiones. Quizás porque era un preso bastante conflictivo fue tomado por los soviéticos y enviado a Polonia, al campamento de prisioneros de Vorkuta. Fue llevado a Estonia, donde fue liberado en noviembre de 1946. Pero su libertad duraría poco, pues las autoridades alemanes confirmaron que aquel era un héroe de guerra, por lo que fue de nuevo arrestado en febrero de 1947 y condenado a 10 años de trabajos forzados y otros 5 años de exilio. Fue liberado del Gulag en el que estuvo prisionero durante todo ese tiempo en 1953, y se le ordenó permanecer en Siberia durante 5 años. Se casó con una estonia que murió solamente dos  años después. Contrajo segundas nupcias, con otra compatriota, y finalmente pudieron regresar a Estonia en 1958. Trabajó como capataz y de cualquier otra profesión que le pudiera llevar un plato de comida caliente a la mesa hasta su jubilación. Con la caída del comunismo y la independencia de Estonia, Nugiseks, al que siempre se la había considerado un héroe nacional, fue ascendido a Capitán de la Reserva del nuevo ejército estonio en 1992. A pesar de las malas condiciones de vida que llevó, siempre fue un trabajador infatigable con una naturaleza amistosa. Hoy en día, vive retirado en una pequeña casa que él mismo se construyó en la década de los años 70. Acude a eventos militares, aunque su mermada salud ya le impide acudir a menos eventos públicos.

     Hoy en día es considerado como todo un héroe, e incluso fue condecorado en varias ocasiones por el gobierno estonio, como cuando recibió la Medalla de Gratitud del pueblo estonio.   Los 4 héroes estonios que ganaron la Cruz de Caballero son considerados, por parte de la población de Estonia, héroes, e incluso se les llegó a componer una poesía:

«Los rusos sufrieron en Nevel.
¿Qué significa la resistencia de Estonia? Nadie se escapa fácilmente.
Incluso si hay unos pocos estonios.
Detrás de las antiguas murallas de Narva 
Una lucha terrible a muerte  comenzó.
 Ellos sabían lo que estaba en juego,
 Fue la lucha por la liberación de los estonios.
Desde el Este llegó la destrucción a Estonia 
 Y los comisarios políticos de ojos extraños. 
 La muerte, el hambre, la humillación, 
 Y las deportaciones en los campos de Siberia.
El soldado estonio Harald Nugiseks 
viajo a través de tres infiernos diferentes 
 Pero el destino decidió cruelmente. 
 No pudó escapar de la red del Gulag.
Fue el último de los cuatro mosqueteros 
¿De quién habla la Cruz de Caballero colgada al cuello? 
Así que escucha sus nombres, ¿de acuerdo? 
¡Maitla, Riipalu, Rebane y Nugiseks!»

¿Y qué fue de aquellos 4 héroes? El destino de Harald no es ya conocido. Riipalu vivió en Inglaterra, después de huir de las garras comunistas, hasta que murió en Heckmondike, Inglaterra, a la edad de 49 años. Alfons Rebane vivió en Augsburgo, Alemania, hasta el 8 de marzo de 1976. Sobre el ataúd de aquel héroe alguien se acordó de extender la bandera con los colores azules, negro y blanco, los colores de la bandera estona. Rebane, al igual que sus compañeros, era todo un patriota, que incluso después de muerto, dicen, algunos periódicos de izquierdas se burlaron de su persona, así como de la bandera que su féretro lució orgulloso en su primer y único viaje al sueño de los justos. Hoy aquellos que lucharon por defender su patria contra el invasor comunista son recordados como héroes por parte de la población, pues únicamente pelearon, sangraron y murieron por la independencia de su país. ¿Qué hubiera pasado si los americanos no hubieran desembarcado de Europa y los soviéticos hubieran conquistado Francia y España y hubiéramos vivido bajo la dictadura soviética hasta los años noventa como toda Europa Oriental? ¿España miraría a los héroes de la División Azul que lucharon contra el "mal del comunismo" con otros ojos? Seguramente no...



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