miércoles, 12 de noviembre de 2014

- Anécdotas legendarias IV: El samurai que bombardeó Estados Unidos



Estimados amigos,

     Hoy recordamos una de las anécdotas más divertidas y más curiosas de la 2ª Guerra Mundial que tiene como protagonista a un experimentado piloto japonés y una misión de bombardeo que estaba previsto que causara un terrible caos en varios bosques americanos, pero todo, afortunadamente, quedó en un mero susto. Pero antes os quisiera recordar que ya podéis seguirme en Twitter, soy @DelhRoh o a través de Facebook en mi página oficial de "seguidores". Podéis acceder a mis respectivos sitios pinchando aquí:



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     Japón quería llevar la guerra a suelo estadounidenwse en 1942, por lo que uno de sus planes secretos eran los submarinos capaces de llevar aviones que pudieran cargar bombas para ataques a suelo americano, sobre todo tras los terribles bombardeos de abril de 1942 a los que se vio sometido Tokio. Uno de aquellos submarinos consiguió llegar lo suficientemente cerca como para que un aguerrido piloto llamado Nobuo Fujita realizara aquella hazaña. Era una mañana fría del 9 de septiembre de aquel año, el osado piloto nipón sobrevolaba territorio enemigo cargado con varias bombas incendiarias. 

     La misión era sencilla, lanzar aquellas bombas sobre los bosques del parque nacional del monte Emily para crear un terrible incendio en aquellos frondosos bosques. Sobra decir que no se produjo incendio alguno debido a que los bosques y el suelo estaban húmedos a causa de una reciente y abundante lluvia. 

     Realizó un nuevo intento el 29 de dicho mes, pero las bombas incendiarias lanzadas sobre los bosques no consiguieron su objetivo... crearon varios incendios, de eso no hay duda, pero todos se extinguieron por si solos a causa de la humedad reinante. Fujita consideró que la operación había sido todo un éxito y de hecho así lo afirmó a sus superiores, aunque el resultado infructuoso de su arriesgada misión no lo supo hasta años después de acabada la guerra.

     Como el lector supondrá Fujita sobrevivió a la guerra. En 1962, ya como un notable comerciante de metales, recibió una invitación por parte del pueblo de Brookings para recibirle. Aquella localidad era una de las localidades cercanas donde su primera bomba explosionó. Temiendo que iba a ser acusado de crímenes de guerra, se llevó consigo su espada samurai, su katana, dispuesto a cometer el ritual de suicidio samurai en caso de que así fuera. Cual fue su sorpresa que el pueblo le recibió con los brazos abiertos, como si de un héroe de guerra se tratará. Tal recepción hizo que el samurai entregará su Katana a las autoridades locales como gesto de buena voluntad y de paz, y de hecho, hoy en día puede verse dicha arma en las dependencias del ayuntamiento. 

     Finalmente Fujita plantó una sequoya en uno de los lugares donde cayó una de sus bombas y tras su muerte, en 1997, parte de sus cenizas fueron dispersas en los bosques que una vez intentó destruir.

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