martes, 16 de diciembre de 2014

- Redescubriendo la Historia II: Las últimas horas de Langsdorff, capitán del Admiral Graf Spee.



Muchos conocen la figura de Hans W. Langsdorff, el capitán del Admiral Graf Spee y lo que pasó en la Batalla del Río de la Plata y las consecuencias que acarreó para el acorazado de bolsillo y la tripulación y como el capitán Langsdorff se quitó la vida para limpiar el honor de su tripulación... hoy en redescubriendo la Historia recomponemos lo que fueron sus últimas horas de vida... aunque no obstante recordad que podéis elegir el tener dicha biografía completa (seguramente la más completa jamás escrita en castellano) de este héroe de guerra como recompensa siendo Patrocinador de este blog. ¡y todo desde un dólar! No  te olvides de visitar para más información y descubrir más sorpresas exclusivas: www.patreon.com/heroesdeguerra

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En Buenos Aires, después del hundimiento de su barco, Langsdorff entrega la tripulación al estado argentino, recibiendo alojamiento y alimentación. Langsdorff ya nada más puede hacer, ni por sus hombres, ni por su patria. Con profunda tristeza recuerda a su hijo Johen, a su pequeña Ingrid y a su esposa Ruth, escribiendo una carta de despedida. Escribe otra carta a sus superiores, explicando su resolución final, con la frase: «Para un capitán que tenga sentido del honor, el destino propio no puede ser diferente al de su buque».  En el silencio de la noche pasa desapercibido el seco sonido de un disparo de un arma reglamentaria. El capitán Langsdorff ha terminado con su carrera, con la conciencia tranquila por haber cumplido su deber y limpiando con su muerte cualquier reproche a su honor. Esta es la carta que escribió al embajador alemán antes de suicidarse envuelto en la bandera de la Kriegsmarine, (tal y como si lo atestigua el posterior acta del levantamiento del cadáver):

Excelencia:

Después de haber luchado largo tiempo, he tomado la grave decisión de hundir el acorazado Admiral Graf Spee a fin de que no caiga en manos del enemigo. Estoy convencido de que, en estas circunstancias, no me quedaba otra resolución que tomar después de haber conducido mi buque a la «trampa» de Montevideo. En efecto, toda tentativa para abrir un camino hacia alta mar estaba condenada al fracaso a causa de las pocas municiones que me quedaban. Una vez agotadas esas municiones, sólo en aguas profundas podía hundir el buque a fin de impedir que el enemigo se apoderara de él. Antes de exponer mi navío a caer parcial o totalmente en manos del enemigo, después de haberse batido bravamente, he decidido no combatir, sino destruir su material y hundirlo… Desde un principio he aceptado sufrir las consecuencias que implicaba mi decisión. Para un comandante que tiene sentido del honor, se sobreentiende que su suerte personal no puede separarse de la de su navío… Ya no podré participar activamente en la lucha que libra actualmente mi país. Sólo puedo probar con mi muerte que los marinos del Tercer Reich están dispuestos a sacrificar su vida por el honor de su bandera. A mí solo corresponde la responsabilidad del hundimiento del acorazado Admiral Graf Spee. Soy feliz al pagar con mi vida cualquier reproche que pudiera formularse contra el honor de nuestra Marina. Me enfrento con mi destino conservando mi fe intacta en la causa y el porvenir de mi Patria y de mi Führer.
Capitán de navío Langsdorff, Comandante del Admiral Graf Spee.

Langsdorff fue injustamente tratado por sus compatriotas, y fue considerado una mancha negra sobre la historia de la Kriegsmarine, y a pesar de eso, le fue concedida la Cruz de Caballero a título póstumo. 

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