martes, 3 de febrero de 2015

- Rememorando XVII: La misión de bombardeo más épica de la 2ª Guerra Mundial -



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Baker, Addison Earl, fue uno de los comandantes más intrépidos y valientes que jamás ha tenido los Estados Unidos de Norteamérica en la joven historia de su aviación militar. Nacido el 1 de enero de 1907, llegó a este mundo en la populosa Chicago.

Una vez más, los historiadores ignoran la vida de este valiente oficial hasta su incorporación a filas, por lo que no sabemos nada de él hasta que se une al Air Corps.


Se alistó como soldado raso en el ejército de tierra en Fort Hayes, en el estado de Ohio, el 17 de enero de 1929 a la edad de 22 años. Le podemos encontrar un año más tarde en las Escuelas Técnicas de vuelo militares de Brooks Field y Kelly Field, dos bases militares de Texas donde muy seguramente recibió sus primeras lecciones de vuelo.

Tras conseguir su licencia de vuelo y convertirse en oficial, estuvo sirviendo en la base militar de Selfridge Field, en Michigan, donde permaneció un año hasta que decidió volver al sector privado y montar su propio negocio, una estación de servicio en Detroit, en el estado de Michigan. A pesar de volver a ser civil de nuevo, continuó sirviendo en el Air Corps como miembro de la Guardia Nacional de Ohio.

Ya en 1943, Baker fue ascendido a Teniente Coronel y fue nombrado comandante de 93º Grupo de Bombarderos Pesados de la 8ª Fuerza Aérea, con base en Benghazi, en el norte de África. Fue en este lugar donde iniciaría su primera y única misión de guerra: el ataque a las refinerías de petróleo nazis de Rumania, en la ciudad de Ploesti.

Ploesti era una ciudad petrolífera en medio de las llanuras de los Alpes transilvanos. El comercio del refinamiento del petróleo comenzó en la ciudad en 185, convirtiéndose en una de las primeras ciudades en enriquecerse por el oro negro extraído de las entrañas de la tierra. En 1942 las refinerías de Ploesti producían cerca de un millón de toneladas de petróleo al mes, lo que suponía el 40% del total de las exportaciones del país rumano. La mayoría del petróleo era consumido por las fuerzas militares el eje.

La misión tendría lugar el 1 de agosto de 1943, en la que intervendrían 177 aviones aliados. Baker pilotaría un B-24 Liberator, liderando su grupo, que formaba parte de la segunda formación (de cinco) de los bombarderos que participarían en la misión. Aviones y cazas enemigos comenzaron a salir de sus bases para tratar de interceptar y destruir la monstruosa formación americana que ocultaba el sol del cielo.

Comenzaba la Operación Tidal-Wave. Al llegar a la zona de ataque, los alemanes ya estaban más que preparados y comenzó un terrible fuego anti-aéreo como jamás habían experimientado los pilotos americanos anteriormente. Cientos de cazas enemigos (algunos hablan de más de 400 unidades, aunque yo rebajaría en al menos 100 cazas esta cantidad) llenaban los cielos.

Comenzó a cundir el caos y la desorganización entre las filas americanos, puesto que no se contaba con esa repentina resistencia. ¡Había que actuar! Una vez que la primera oleada pasó sobre el objetivo, era el momento de Baker y sus hombres.
Baker, que ya lideraba el ataque, decidió dividir el ataque, lo que obligó a la formación a dividirse en dos grupos en direcciones opuestas. Veinte B-24 al mando del coronel Compton continuaron volando hacia el sureste de Bucarest, mientras que 32bombarderos al mando de Baker se dirigieron al noreste para continuar el ataque sobre Ploesti.


Comenzaba el ataque liderado por Baker. Baker a la cabeza, 32 bombarderos B-24 a su espalda, todos en la misma dirección. A su derecha, la formación liderada por el coronel Brown y un poco más a la derecha, la de Ramsay Potts. Los aviones americanos comenzaron a volar a 15 metros por encima del suelo sobrevolando los campos de maíz y trigo rumano. Seguramente más de un campesino rumano tuvo que tirarse al suelo cuando más de 70 aviones de tan grandes dimensiones pasaron sobre su cabeza a tan escasa distancia.

Volando a una velocidad reducida de 200-210 kilómetros por hora, la formación de Baker tenía cinco minutos antes de llegar a su destino. Cinco minutos que resultaron terriblemente largos. Debajo de las fuerzas americanas, había zonas perfectamente camufladas que ocultaban posiciones de artillería antiaérea alemana. Comenzaron a abrir fuego con sus cañones de 50 milímetros impactando a placer sobre los bombarderos, cosa que resultaba terriblemente fácil debido a la escasa altitud a la que volaban los americanos. Los pilotos estadounidenses jamás se habían visto sometidos a un ataque de tal intensidad.

El fuego antiaéreo llenó el aire y el paisaje, y decenas de globos barrera comenzaron a aparecer en el cielo, enganchándose en las alas de los aviones aliados e incluso en la hélices.

Baker, herido por la explosión, seguía a los mandos del timón, sangrando y jadeando, pero vivo y continuando con su misión. Inmediamente su avión, la Chica del Infierno, recibió otros tres impactos directos, uno de ellos en el ala derecha, otro en el fuselaje y un tercero en uno de los tanques adicionales de gasolina que comenzó a arder... y acto seguido el fuego comenzó a extenderse por todo el avión. Uno de los miembros de la tripulación consiguió saltar en paracaídas, pero este no se abrió y se precipitó al vacío puesto que a tan poca altitud era imposible que el paracaídas se abriera a tiempo. Mientras todo esto ocurría, el avión continuaba renqueante su camino hacia su objetivo, las chimeneas gemelas de la refinería que Baker había memorizado gracias a las fotos aéreas y a los mapas de la misión.

Baker tenía aún dos minutos antes de llegar a su destino y ese era el estado en el que se encontraba su avión. Sin embargo, pronto vio la salvación, un poco más adelante había un campo extenso que podría servir perfectamente como pista de aterrizaje. Era una gran oportunidad para controlar el aterrizaje y sobrevivir. Delante… y siguiendo la misma trayectoría, el objetivo. Baker no vaciló: soltó sus bombas para nivelar el avión, permitiendo así mantener su curso y al avión más tiempo volando. Era el líder y tenía que actuar como tal. Antes de partir había dicho a sus hombres:

Os llevaré hasta allí aunque mi avión se caiga a pedazos.

Y eso era precisamente lo que iba a hacer. A pesar del chorro de fuego que salía de su tanque de combustible, a pesar del impacto directo sobre su cabina, continuaría hacia su objetivo. El avión se estremeció de nuevo por la parte de abajo… ¡otro impacto directo! A escasa distancia, el teniente Carl Barthel iba en su bomberdero Qeenie, el cual recordaría años después con estas palabras aquel momento:
«El avión de Baker ya llevaba ardiendo más de 3 minutos. El ala derecha del avión comenzaba a desprenderse. No entiendo como podía haberse mantenido alguien con vida dentro de aquella cabina, pero alguien mantenía el avión, el liderazgo de la unidad y el rumbo hacía aquellas dos chimeneas. Baker era un hombre poderoso, pero cualquiera no hubiera podido mantener la aeronave mucho más allá de aquellas chimeneas».

Baker trató de elevarse solamente después de que dirigiera a sus hombres hacia el objetivo. Su avión comenzó a ganar altitud, intentado conseguir alcanzar los 300 pies, donde los miembros de la quemada tripulación podrían intentar lanzarse en paracaídas para sobrevivir a aquel infierno de fuego. Mientras tanto, las bombas comenzaban a caer de forma masiva sobre la refinería.

Antes de alcanzar los 300 pies las llamas envolvieron toda la cabina y las llamas se tragaron a Baker y el avión irremediablemente se estrelló contra el suelo.

Por su gesta, Baker era condecorado con el Corazón Púrpura, con la Estrella de Plata al Valor, con la Cruz de Servicios Distinguidos y con la Medalla del Honor a título póstumo el 11 de marzo de 1944 por sus extraordinarias capacidades de vuelo, su valiente liderazgo e intrepidez. El Teniente Coronel Baker […] se distinguió con un gran valor al servir a su nación.

- Evocación pictórica de la misión de bombardeo de Baker y sus hombres .



El sacrificio de Baker es un reflejo del valiente e intrépido valor de todos los pilotos y oficiales de bombardeos que realizaron miles de misiones de este tipo durante la Segunda Guerra Mundial, que con su necesario sacrificio devolvieron la cordura y la paz al mundo.

Todas las condecoraciones de Baker pueden verse hoy día en el Museo de Historia de Ohio.


Biografía recogida en el libro CABALLEROS DE LA MEDALLA DEL HONOR.

Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

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