miércoles, 18 de febrero de 2015

- Rememorando XXVI: El héroe de "Tormentas de Acero" -



Hoy recordamos a uno de los héroes alemanes de la Primera Guerra Mundial más famosos de todos, no por su faceta de militar, sino por su actividad profesional como escritor posterior a la guerra, pero sus acciones militares son dignas de elogio y recuerdo, por lo que hoy he decidido postear el texto casi completo de su biografía aparecida en CABALLEROS DE LA POUR LE MÉRITE, como recuerdo a su Memoria.

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Jünger, Ernst. Hay personas que nacen con estrella y se convierten en grandes iconos de su generación y de su país. Ernst Jünger es una de esas personas para el pueblo alemán. Este héroe de guerra nació en la ciudad de Heidelberg el 29 de marzo de 1895. Fue el primero de la extensa prole del matrimonio Jünger, compuesta por Georg Ernst Jünger y Caroline Jünger. Nació en el seno de familia acomodada y con fuertes inclinaciones intelectuales, puesto que su padre era un importante químico. Llegaría a tener seis hermanos, pero desafortunadamente dos de ellos morirían durante su infancia.

Vivió la mayor parte de su infancia en la ciudad de Hanover, donde su padre tenía un laboratorio químico especializado en alimentos. El trabajo de su padre también le llevaría a residir en las ciudades de Schwarzenberg y Rehburg. En 1901 se matricularía en el Liceo de Hanover, lugar donde también permanecería internado durante dos años (de 1905 a 1907) a causa de las constantes mudanzas familiares debido al trabajo de su progenitor. A pesar de lo que pudiéramos llegar a pensar, los cambios de domicilio no causaron gran tristeza en el muchacho, que pareció encontrar en el estudio una forma de escape a su triste vida, tan falta de afecto por culpa de sus padres. A finales de 1907 regresó al hogar paterno en Rehburg. En esa época, cuando comenzó a cursar estudios en el colegio Realschule Scharnhorst de Wunstorf, donde descubrió su amor por las novelas de aventuras y la pasión que se convertiría en su principal afición: la entomología (estudio y observación de los insectos).

En 1911 se unió al club de observación de aves migratorias con su hermano Georg. Aquí fue donde iniciaría sus primeros pasos en su extensa carrera literaria que le convertiría en uno de los autores alemanes de más éxito. Comenzó a publicar sus primeros poemas en una revista de aves, dado que estos estaban dedicados a los pájaros. Dicen que en aquella época tenía una importante reputación de poeta y dandy que pareció cultivar con total satisfacción. Atraído por la aventura y lo desconocido, como todo joven a su edad, se alistó en Verdún en la Legión Extranjera francesa en noviembre de 1913, comprometiéndose a un servicio militar de cinco años. ¡La Legión Extranjera! ¡Cinco años en el desierto y poder recorrer las dunas del  Sáhara! Parecía casi un sueño, y el joven poeta parecía que lo había conseguido. Su entrenamiento lo realizó en Argelia, en la ciudad de Sibi Bel Abbes. Parece que la vida espartana y dura de la Legión, así como la magia de África no convencieron demasiado al joven. Su vida opulenta y sus caprichos pagados con el dinero de su padre habían desaparecido, y ahora estaba en un país extranjero y rodeado de desconocidos, a excepción de un amigo que se había alistado con él. 

Cansado de aquello, huyó hacía Marruecos, pero fue fácilmente capturado y devuelto a la Legión. Seis semanas más tarde, gracias a la intermediación del Ministerio de Asuntos Exteriores Alemán y la de su acomodado padre pudo regresar a casa. El motivo esgrimido por las autoridades alemanas fue la edad. El gobierno francés entregó al muchacho en la Embajada Alemana, quedando así resuelta la aventura africana del joven poeta.

El 1 de agosto de 1914, muy poco después del estallido de la Gran Guerra, se presentó voluntario para servir en el Regimiento nº 73 de Hanover, el llamado "Regimiento de Fusileros del Mariscal de Campo Príncipe Alberto de Prusia". Según sus propias palabras que luego recogería en una de sus primeras obras:

«En  aquel momento tomé la decisión, al igual que cientos de miles,
 de participar (en la guerra) como voluntario.»

Fue aceptado como voluntario, y realizaría el curso de entrenamiento básico en Notabitur desde octubre hasta diciembre, siendo enviado poco después al Frente Occidental, donde lucharía en tierras francesas, más concretamente en el frente de Champagne. Otras de sus frases más famosas sobre aquel período dice lo siguiente:

«Habiendo crecido en una era de seguridad, todos sentimos la nostalgia de lo inusual, 
después del gran peligro. Desde aquello, la guerra que se había 
preparado fue como una carrera

En 1915 su unidad se mantuvo en una posición defensiva alrededor de la ciudad francesa de Bazancourt. En febrero y marzo de ese año realizó un curso de formación y adiestramiento en la ciudad francesa de Recouvrence. En abril, su unidad fue movilizada a la zona de Lorena, donde en un primer enfrentamiento contra tropas francesas, Jünger resultó herido por primera vez en la ciudad francesa de Les Éparges. 

Su padre, preocupado por su vástago primogénito, le aconsejó que realizara un curso para convertirse en oficial, cosa que hizo, instruyéndose en Döberitz durante el verano de aquel año después de su recuperación. Tras su adiestramiento como oficial, regresó a su regimiento como Fähnrich (Álferez). Poco después siguió combatiendo en los alrededores de la ciudad de Douchy Monchy en la región de Artois. A finales de noviembre fue ascendido a teniente.

Al año siguiente continuó en primera línea de combate, aguantando con sus compañeros en las crueles trincheras en torno a Artois. En abril de 1916 asistió a un nuevo curso de formación, regresando al frente en junio, donde participó con su unidad en los preparativos de la gran ofensiva de los alemanes en el Somme. Su unidad luchó tenazmente contra los franceses en Guillemort, donde resultó nuevamente herido. Fue retirado del frente y su unidad fue totalmente exterminada. Recibió un nuevo destino en noviembre, siendo asignado a la unidad de inteligencia de una división en su sección de reconocimiento. Otra vez resultó herido cerca de St. Pierre Vaast, y por esa acción se le condecoró con la Cruz de Hierro de 1ª Clase.

Ya en 1917, Jüngen realizó un nuevo curso dirigido a comandantes de compañía, siendo ahora frecuentemente nombrado comandante de diversas unidades y compañías de su regimiento. En marzo, se le otorgó el mando de una patrulla para cubrir la retirada alemana del Somme. Muy poco tiempo después, lideró un puesto de observación. En mayo de 1917 su nueva unidad tomó posiciones defensivas en la llamada línea Siegfriedstellung1. En junio, una patrulla comandada por él en territorio enemigo sufrió un violento encontronazo con patrullas de combate indio-británicas, donde muchos de sus hombres resultaron muertos o heridos. De nuevo su unidad fue trasladada, siendo dirigida en esta ocasión a Cambrai para la incorporación de nuevo reemplazos y su nueva formación como unidad de combate activa.

En esta época Jünger comenzó un nuevo curso de adiestramiento para convertirse en oficial de Tropas de Asalto. A finales de julio de ese año, su unidad (ya totalmente recompuesta) se trasladó a Flandes, donde el ejército alemán trataba de frenar por todos los medios posibles una poderosa ofensiva británica. Jüngen y su unidad lucharon con tenacidad en la llamada batalla de Langemarck y en la férrea defensa de Steenbach. En septiembre (también de ese mismo año) lideró una nueva patrulla contra las líneas francesas. Encontró una fuerte resistencia en las trincheras enemigas, contra las que sus hombres lucharon con tenacidad, e inspirados por su liderazgo se convirtió en una lucha en la que los franceses salieron bastante mal parados, a pesar de que contaban con las aceradas defensas protectoras de las trincheras. Aún contando con el ardor guerrero del joven teniente, su unidad tuvo que retirarse con graves pérdidas, y encima, resultó de nuevo herido. Por esta increíble acción de valentía y liderazgo fue condecorado con la Cruz de Caballero de la Orden de la Casa Hohenzollern.

Comenzó un nuevo año, y en los tres primeros meses estuvo con su unidad preparando junto con otras unidades la llamada ofensiva de Lundedorff, consistente en tomar la iniciativa sobre el Frente Occidental contra americanos, británicos y franceses. Es herido de nuevo por el impacto de un proyectil, pero de forma leve. Recuperado totalmente, participó en la toma de la ciudad de Écoust, donde resultó herido en dos nuevas ocasiones, pero otra vez fueron heridas de baja importancia y consideración. Se reunió con su regimiento tras pasar una nueva etapa en el hospital en junio, agrupándose con ellos en las ruinas de la ciudad de Puisieux-le-Mont, donde participó en la tenaz defensa de las posiciones alemanas contra los avances británicos a pesar de las escasas posibilidades de éxito. En agosto, su unidad realizó una desesperada contraofensiva en las cercanías de la ciudad de Cambrai. Resultó gravemente herido por el impacto de una bala, pero a pesar de que su unidad estaba totalmente sobrepasada y rodeada, continuó luchando con los escasos hombres de los que disponía. Frente a un enemigo superior, las posibilidades parecían nulas. Los hombres comenzaron a soltar las armas, pero un hombre dijo "¡NO!"; ese era Jünger. Los camaradas, inspirados por el joven oficial herido de gravedad decidieron intentar huir, tratando de romper las férreas filas enemigas. Cargando a la desesperada, liderando él mismo la embestida, consiguieron escapar de aquel cerco mortal de sangre y fuego, aunque desafortunadamente muchos soldados alemanes murieron en la retirada. Por su valor, por su temeridad y liderazgo y total desprecio a la muerte fue condecorado con la Pour le Mérite, la más alta condecoración prusiana al valor. Jünger fue él último oficial alemán en recibir la condecoración más famosa de la Gran Guerra, además de ser el soldado más joven en recibirla. Debido a la gravedad de sus heridas acabó el resto de la guerra en un hospital militar, donde con muchos otros heridos recibió la noticia de que Alemania se había rendido incondicionalmente.

Durante la guerra escribió sus experiencias de trincheras, sangre y muerte en un diario que cargó durante todo el conflicto. También aprovechó los interminables tiempos muertos de la batalla para leer, principalmente obras de Nietzsche, Shopenhauer, Ariosto y Kubin. Las notas que recopiló sirvieron como germen para su primera obra, “Tormenta de Acero”, publicada en 1920 y que supuso un tremendo éxito de ventas. 

Extracto de la obra CABALLEROS DE LA POUR LE MÉRITE.

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1 comentario:

  1. Sr. Periano, tiempo atrás le escribí solicitando una publicación sobre Ernest Jünger. Aunque seguramente no ha tenido nada que ver mi impertinente pedido, me alegra mucho encontrar esta publicación sobre un hombre de incomparable valor y magnanimidad, que supo transformar el horror de dos guerras en un canto a la vida y al amor, un hombre noble en toda la extensión del término y que terminó su recorrido en este mundo pidiendo ingresar plenamente en el seno de la Iglesia Católica. Una digna culminación a una vida riquísima y ejemplar.

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