domingo, 19 de abril de 2015

- Rememorando XLIV: Un prisionero de guerra "perruno" -

Estimados amigos,

     Rememoramos hoy una de las entradas más visitadas de la sección dedicada a los animales que se ganaron el apelativo de Héroes de Guerra. Y es que haberlos, los hubo. Los británicos son un perfecto ejemplo a la hora de reconocer la valía de los animales en combate pues existe una Medalla únicamente para ellos, lo que viene a ser una "Cruz Victoria" para los animales a cuatro patas o alados, la Medalla Dickin.


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Ejemplo de Dickin Medal. For Gallantry, We also serve
Traducción: Al valor, nosotros también servimos


Hoy hablaremos del único animal que es conocido oficialmente por ser un "prisionero de guerra". Sí, has leído bien: un prisionero de guerra "oficial", dado que su nombre apareció en la lista de prisioneros de guerra oficiales. ¿Cómo empieza esta curiosa historia? Con un animal por supuesto. Nuestra amiga respondía al nombre de Judy. 
Judy era un perra de pura raza, un pointer inglés, es decir, un perro de caza. Es oficialmente mascada de un barco de la Royal Navy desde que tiene unos pocos meses, a bordo de HMS Gnat.

Tiene varias anécdotas en ese barco, y la más importante fue la de avisar a la tripulación de que un avión japonés de aproximaba. Sus ladridos de advertencia pudieron prevenir a la tripulación.

Después sería transferia al HMS Grasshoper. En una misión con el HMS Dragonfly, el HMS Dragonfly fue hundido de dos impactos directos y el HMS Grasshoper encallaba. Los supervivientes llegaron a una isla desierta. Dos días aparecía el animal entre los supervivientes, y haciendo un agujero en el suelo para encontrar agua salvó a muchos supervivientes de morir de sed.  Serían rescatados meses después en un barco chino y tras poner tierra en suelo chino fueron capturados: tanto los supervivientes como Judy. A pesar de ser prisioneros de guerra, los británicos se las ingeniaron para esconder a Judy entre sacos vacíos de arroz durante 5 días hasta llegar al campamento de prisioneros. En el campo de prisioneros un soldado británico, Frank Williams se convertiría en su dueño y protector. Judy interrumpió en varias ocasiones el maltrato a soldados británicos, y los japoneses hartos del animal decidieron acabar con él. Frank tuvo la suerte de encontrarse al comandante de campo prisioneros completamente ebrio y le convenció de que la perra sería una perfecta prisionera de guerra, ¿por qué no? Era “británica” al fin y al cabo, por lo que el oficial nipón, contento por el sake y porque, tal vez, le hizo mucha gracia la ocurrencia del británico, firmó los papeles, dando así “protección” temporal al animal como “prisionero de guerra”.


Durante su cautiverio, la perra advertía a los prisioneros de la presencia de nipones cerca o de animales peligrosos como escorpiones o serpientes. Un poco más tarde Judy tendría crías y una fue entregada al oficial japonés como pago por convertirla en “prisionera”.

Los prisioneros serían transportados a Singapur a bordo de un barco. Se prohibió la presencia de animales a bordo, pero Frank le enseñaría a estarse quieta dentro de un saco, además de callada durante horas. El truco funcionó y durante tres largas horas el animal estuvo sin hacer ningún ruido. El barco fue torpedeado y los prisioneros trataron de salvar la vida como pudieron. Williams tuvo que tirar el saco y pudo salvar la vida durante el naufragio un 26 de junio de 1944.

Williams desconoció el destino de su animal, por lo que pensó que se había ahogado. Hecho de nuevo prisionero, en el nuevo campo de prisioneros encontró milagrosamente a Judy sana y salva y, de nuevo, oyó de viva voz de algunos supervivientes como ayudó a encontrar algo que flotará en medio del mar, salvando así la vida de más marineros. En este nuevo destino volvería a salvar la vida de su dueño en algunas ocasiones. Los japoneses, cansados de aquel molesto perro decidieron acabar con él, pero Williams logró dejarlo en la jungla antes de que esto ocurriera.
La guerra terminaría y Judy conseguiría llegar sana a salva a Liverpool. Fue condecorada con la Medalla Dickin por su impresionante labor, y su dueño, Frank Williams también fue ampliamente condecorado. Pasarían el resto de la post-guerra visitando a parientes de soldados caídos en combate. La perra moriría en 1950 pasando así a la Historia. Su collar y su medalla se conversan hoy en día en el Imperial War Museum de Londres.  

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