jueves, 11 de junio de 2015

- Anécdotas de la 2ª Guerra Mundial: La fe como arma de guerra -



No hay duda que durante la 2ª Guerra Mundial se utilizaron una gran cantidad de armas para desvaratar las ofensivas enemigas, para obtener ventajas sobre el rival y en resumidas cuentas ganar la guerra.

Hay proyectos locos como el Hababuk, el gran portaaviones británico de hielo, o los murciélagos bomba americanos. Hoy hablaremos de como el general más temperamental y famosos de la Historia de los Estados Unidos, George Patton utilizaría la fe para conseguir ventaja  sobre sus enemigos.

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Pues bien, tal y como venía comentando Patton estaba dispuesto a continuar con su avance hacía el Rhin durante los primeros días de diciembre de 1944. Desafortunadamente el principal problema de su retraso y el de sus hombres hacia su objetivo no eran las tropas alemanas, sino el mal tiempo.

Efectivamente, los tanques no podían avanzar debido a las fuertes lluvias, por lo que los caminos de tierra pronto se convertían en barrizales y los Sherman eran incapaces de avanzar, retrasando así día a día el avance americano. 

Por lo tanto Patton decidió gastar su último cartucho y recurrir a la fe para definitivamente destruir al único elemento que no podía controlar: la lluvia que parecía no tener fin. El 8 de diciembre de 1944 llamó por teléfono a James O´Neill , capellán de campaña del III Ejército Americano.

- ¡Soy el general Patton! ¿Tiene una plegaria eficaz para cambiar el tiempo?

El capellán en lugar de quedarse sorprendido ante tal petición le indicó a Patton que llamará más tarde para buscar lo que el general había solicitado. Tras ojear rápidamente los libros de oraciones que tenía disponibles no encontró nada que pudiera servir, por lo que el capellán improvisó la siguiente oración:

<Dios misericordioso y todopoderoso,
Humildemente te rogamos que, con tu infinita bondad,
Detengas esas lluvias constantes a las que tenemos que enfrentarnos.
Concédenos un tiempo apacible para la batalla.
Ten a bien escucharnos como soldados que te exhortan a que,
Armados con tu poder, nos permitas avanzar de victoria en victoria,
Para acabar con la opresión y la perfidia de nuestros enemigos
E instaurar la justicia divina entre los hombres y las naciones. AMEN>.

Pattón escuchó la oración media hora después por teléfono y le dio el visto bueno y ordenó la impresión de doscientas cincuenta mil cuartillas para que todos los hombres del III Ejército recibieran su copia y recitaran la oración, dado que, como Patton dijo:

- Estas lluvias son el margen que contiene la derrota o la victoria.

Y las copias se imprimieron y los soldados americanos rezaron. ¿Os imagináis a todo un cuerpo de ejército americano compuesto por 250.000 hombres rezando casi al mismo tiempo? Desde luego tuvo que ser un momento bastante curioso. Obviamente hubo alguno que tiró la papeleta, pero la gran mayoría parece que siguieron las instrucciones al pie de la letra. Las plegarias fueron oídas y el mal tiempo cesó. Tiempo más tarde el capellán castrense se encontró y Patton agradeció a James O´Neill la oración:

-      Bien, Padre, nuestras plegarias han funcionado. Sabía que lo harían.

Y para recalcar sus palabras golpeó en el casco de acero que el capellán llevaba puesto con su fusta tan característica que siempre llevaba en la mano.

Bibliografía


- La Batalla de las Ardenas, Antony Beevor.

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