domingo, 14 de junio de 2015

- Breve historia de las Waffen-SS -



Con motivo de la futura publicación de mi obra "Espadas de las Waffen-SS" (editorial aún no confirmada, ya os avisaré), os muestro un breve fragmento de la Introducción y una breve historia de las Waffen-SS. ¿Cómo un cuerpo de seguridad se convierte en un ejército profesional con más de un millón de hombres en tan solo unos pocos años?

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«Meine Ehre heißt Treue»
«Mi honor es mi lealtad»
Lema de las Waffen-SS

BREVE HISTORIAS DE LAS WAFFEN-SS
SS ARMADAS


«Yo te juro, Adolf Hitler, Führer y Canciller del Reich, fidelidad y valor. Prometo obediencia hasta la muerte a ti y a los superiores por ti designados. Que Dios me ayude». Esta era el juramento que todos los miembros de las SS realizaban cuando pasaban a formar parte de dicha organización. Un juramento que dejaba clara una cosa, que la Waffen-SS era el ejército personal de Hitler,  llegando a ser considerados por los aliados y por los soviéticos como las tropas de élite alemanas. Y méritos hicieron para conseguir este reconocimiento. Jamás retrocedían y luchaban hasta sus últimos efectivos. Los soldados y oficiales de las SS eran unidades duramente entrenadas y fanáticamente instruidas. Una unidad de las Waffen-SS fue la responsable de la seguridad y funcionamiento de los famosos campos de exterminio, el personal de la Totenkopf. Por esto, y por las matanzas realizadas por algunas unidades de las SS durante la guerra, todos los miembros de las Waffen-SS fueron considerados criminales de guerra, a excepción de los soldados rasos que recibieron el perdón general, al considerar que fueron movilizados forzosamente. Por supuesto, criminales de guerra los hubo dentro de las filas de las SS que cumplieron a rajatabla los designios del loco de Hitler, pero en este caso, se puede afirmar que el error de unos pocos lo acabaron pagando muchos. ¿Pero, cómo fue posible que un simple cuerpo de seguridad creado para proteger a Hitler acabara formando parte de los cuerpos armados de Alemania, en la que estuvieron enrolados casi un millón de hombres de 25 nacionalidades distintas?

En los tumultuosos años que siguieron al final de la Primera Guerra Mundial en Alemania, surgieron nuevos líderes políticos y decenas de movimientos sociales. En las calles, los seguidores de dichos partidos se peleaban entre sí, y las bandas callejeras, los asesinatos y las extorsiones eran el pan de cada día. Adolf Hitler y sus seguidores formaban uno de esos grupos. Los miembros de partido necesitaban protección y seguidores para luchar contra otros radicales de otros partidos, y por eso nacieron la Schutz Staffel (brigadas de protección), que fueron creadas para protegerlo a él durante las reuniones políticas.

Por supuesto, el partido Nacionalsocialista luchaba en las calles contra obreros, comunistas y radicales de otras facciones políticas con unas «tropas» propias que se oponían a los otros grupos. Este grupo de «chusma» (tal y como eran llamados por los altos miembros del partido) formaban las Sturmabaeilung (SA), es decir, tropas de asalto. Así, el grupo más elitista nazi (las SS), estuvo subordinado (y a menudo de formas realmente humillantes) a este grupo de «plebeyos». La SA fue considerada por los nazis un mal menor, debido a que el partido Nacionalsocialista necesitaba de una mano ejecutora.

Para comprender como el pequeño grupo de las SS consiguió imponerse a las SA, es necesario que indaguemos en los años precedentes al estallido de la gran guerra y conozcamos los entresijos de la situación política entonces existente.

Hacia 1914, el partido socialdemócrata alemán era uno de los más importantes del país. Aunque Alemania tuviera un parlamento de diputados electos y que el partido mencionado tuviera una mayoría confortable en el Reistag alemán, no tenían poder ni influencia sobre los deseos del Kaiser, que gobernaba el país con mano de hierro gracias al apoyo militar.

Cuando el inicio de la Primera Guerra Mundial parecía inminente en 1914, los socialdemócratas protestaron enérgicamente contra la guerra. El Kaiser, temeroso de que los políticos pudieran iniciar una revuelta general del pueblo, generaron en las masas un gran fervor patriótico con varias medidas, consiguiendo el apoyo al Kaiser y a las fuerzas armadas por parte del pueblo, haciendo que los políticos, dieran su brazo a torcer a regañadientes, mostrando su apoyo al esfuerzo bélico.


Esta situación se mantuvo inalterable durante los primeros compases de la guerra. En el momento en el que la guerra se estancó y las acciones militares del Oeste acabaron por convertir la guerra en una guerra de posiciones (guerra de trincheras), surgieron las primeras disensiones.  Tras los fracasos de las tropas alemanas durante las ofensivas de 1918, esto fue el punto de inflexión que necesitaban los radicales izquierdistas.

En ese momento los políticos hicieron acto de presencia y presionaron para que los militares aceptaran las condiciones de paz que exigían los aliados, además de la dimisión del Kaiser. Tras la huelga general del 8 de noviembre de 1918, los generales alemanes presionaron al Kaiser, consiguiendo su abdicación. Friedrich Ebert, el líder socialdemócrata fue nombrado canciller. Se prometieron grandes reformas, en especial a nivel industrial, pero estás nunca llegaron. Comenzaron a surgir grupos radicales de extrema derecha e izquierda, debido a la pobreza en la que se había sumido Alemania. Además, con la firma del Tratado de Versalles, el ejército alemán quedaba reducido a sólo 100.000 hombres, y miles de soldados endurecidos, armados en muchos casos, regresaban a sus casas. Con su llegada, se extendió la idea general entre la población que el gobierno estaba totalmente corrupto y que había asestado una puñalada por la espalda a las fuerzas armadas que combatían en el frente. Y por esto, comenzaron a producirse complots liderados por militares para derrocar al gobierno que nunca llegaron a nada gracias a las denuncias de soldados con simpatías izquierdistas.

El ejército recién formado paso a llamarse Reichswehr, y sabiendo que no era capaz de mantener el control completo del país debido a sus escasos efectivos, fomentó la creación de grupos de ex-soldados de extrema derecha para que apoyaran al ejército cuando fuera necesario. Estos grupos llamados Freikorps existieron en toda Alemania, y algunos de ellos fueron muy numerosos, llegando incluso a contabilizarse 200 Freikorps en todo el país. Algunos de estos grupos no fueron más que meros mercenarios, cuya fidelidad dependía del dinero. Hubo un levantamiento de tropas de marina, dado que hacía meses que no recibían paga y secuestraron a varios políticos. El ejército pidió permiso al Canciller para arreglar el asunto por las armas. Ebert aceptó y el ejército trató de asaltar el edificio sin resultado, dado que trabajadores de izquierdas apoyaron a los marineros, y esto obligó al ejército a retirarse. Este suceso encolerizó a la opinión pública y a los políticos, y la extrema izquierda comenzó a organizarse. El caos llegó a Alemania.

De 1919 a 1921 Alemania sufrió oleadas de convulsiones políticas y sociales. Los radicales y los comunistas trataron de rebelarse en varias ocasiones, y las Freikorps realizaron matanzas sistemáticas de sus enemigos. Muchos líderes comunistas y de extrema izquierda desaparecieron estos años para no volver a ser vistos nunca más. Otros tuvieron mejor suerte, y fueron asesinados en plena calle, y hoy día descansan en una tumba que lleva su nombre. Este caos fue aprovechado por algunos Freikorps para el saqueo sistemático. Surgieron partidos políticos de extrema derecha e izquierda, tantos como ciudades. El ejército, preocupado por el auge de estos partidos exaltados, creó una red de informadores y espías para vigilar y controlar de cerca a estos grupos. Hitler, fue uno de estos informadores. Vigiló de cerca al NASDAP, y en poco tiempo y gracias a su oratoria se convertía en miembro del partido, y con el tiempo el líder del mismo.

Ante el auge de tanta violencia, Hitler decidió crear un grupo armado para velar por sus intereses y los del su partido, creando la SA con el apoyo de Ersnt Röhm y Johann Ulrich Klintzsch, un brutal oficial del Reichswehr y un antiguo miembro de uno de los Freikorps más importantes del país.
Los miembros de la SA, como antiguos miembros de los Freikorps, estaban acostumbrados a prestar lealtad personal únicamente al comandante de su unidad (práctica habitual), y en este caso, aunque Hitler era el líder del partido nazi, y supuestamente de la SA, no podía esperar una lealtad ciega de sus miembros.

En mayo de 1923 creó una guardia especial para protegerse. Se seleccionó a los miembros de la SA que estuvieran dispuestos a jurar lealtad a Hitler.  El futuro Fürher tuvo sus más y sus menos con Ehrhardt (uno de los primeros líderes de la SA), tanto que este decidió marcharse de las SA, al cual le siguieron muchos militantes. Para contrarrestar la influencia de los líderes de la SA, nombró a su seguidor Hermann Göring como líder de ala militar del partido. Göring trató de estructurar la SA como una fuerza armada y a pesar de sus esfuerzos, las relaciones entre el partido y las SA continuaban deteriorándose, con claras críticas de algunos miembros de las SA a la cúpula del partido. Röhm, que era el segundo al mando en las SA, y en realidad, por la falta de carisma de Göring, su verdadero jefe, estaba entre los críticos a Hitler.

Este creó un nuevo cuerpo de protección con dos de sus más antiguos colaboradores, Julius Schreck y Joseph Berchtold. La nueva unidad pasaría ser conocida con el nombre de Stosstrupp Adolf Hitler (tropas de asalto de Adolf Hitler). Así continuaron las cosas hasta 1923, cuando la situación pareció estabilizarse en Alemania temporalmente.

Por diversos motivos, Hitler y sus partidarios intentaron dar un golpe de estado, conocido como el Putsch de la Cerveza. El intento acabó en fracaso y Hitler estuvo a punto de morir por una ráfaga de tiros que uno de sus guardaespaldas recibió en su lugar. Pero, gracias a este fracaso, el partido tenía ahora su primera reliquia sagrada: la bandera ensangrentada de aquellos que murieron en ese tiroteo. Bandera que sería desde entonces alabada en la jerga nazi como la Blutfahne (bandera de sangre). Esta bandera fue utilizada a partir de entonces para consagrar las banderas y los estandartes de las unidades de reciente formación de las SA y las SS en una ceremonia en que la que tocaban levemente la reliquia reverenciada.

Hitler acabó en la cárcel y Göring exiliado. De esta forma Röhm se convertía en el líder indiscutible de la SA. En los años siguientes, la SA comenzó a tener más y más miembros, mientras que las SS no superaban el 10%. Varios líderes de las SS intentaron poner remedio a esta situación pero sin éxito, y la lista de dimisiones fue escandalosa. El crack del 29 trajo consigo una ola de parados que se sumaron a las filas de las SA, y este fue el año en el que Himmler se hacía cargo de la organización. Ordenó que los miembros de las SS tuvieran origen ario, y que vistieran también uniformes que se asemejaran a los del ejército (tal y como lo hacía la SA desde sus inicios), equiparando así las SS a las SA. Ese «elitismo» llamó la atención de una gran cantidad de miembros de la SA que quisieron formar parte de las SS sin conseguirlo. Himmler aumentó las filas de las SS muy rápidamente, gracias a su trabajo diligente y a su excelente organización.

El poder de la SA era tremendo, pero poco a poco las SS comenzó a hacerle sombra. Hubo incluso un pequeño motín de los líderes de las SA en Berlín en 1930 para que se cumplieran sus exigencias dentro del partido, un chantaje que Hitler desoyó. Hubo violentos enfrentamientos entre los miembros de la SA y las SS. La propia Policía estatal tuvo que intervenir en la sede del partido, y de esta forma fueron detenidos 25 miembros de las SA.

Ese mismo año, Stennes, el líder «rebelde» de las SA, negoció con Hitler un acuerdo para satisfacer las peticiones de éste. Röhm recibió en 1931 un informe, el cual parecía indicar que Hitler planeaba obligar a todos los miembros de las SA a un juramento a su persona. Estos se negaron a oír hablar de esto, y decidieron rebelarse contra el NSDAP, asaltando sedes del partido. El NSDAP expulsó a las SA del partido. Las SA, sin recursos, retiró parte del apoyo a Stennes.



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